
¿Unos tragos? Estas son algunas de las cantinas más antiguas de Guadalajara
En Guadalajara abundan las cantinas, pero hay algunas de ellas que trascienden y destacan por seguir en pie y haber crecido a la par de la ciudad

Conoce algunas de las cantinas más emblemáticas de Guadalajara. EL INFORMADOR / ARCHIVO
Las cantinas forman parte de la esencia de Guadalajara, de sus calles y su construcción histórica, de su ayer. Las cantinas permiten a sus asiduos y recurrentes treguas en lo cotidiano, desmanes inesperados, conversaciones profundas y chismes irresistibles.
Dan pie a reuniones inverosímiles: al encuentro de los señores que llevan bebiendo ahí desde hace años, al estudiante que no tiene más que 50 pesos en el bolsillo, a la llegada del caminante que se detuvo para saciar su sed con una cerveza, a los amantes pasajeros y extranjeros desorientados. Las cantinas hacen amigos a los extraños, y viceversa.
No por nada son recintos que siguen abiertos un siglo más tarde. Hay algo en las cantinas que atrapa, que invita, con su atmósfera que, de manera natural, remonta a lo "antiguo", con sus fotografías de antaño, sus periódicos carcomidos, sus rocolas que siguen reproduciendo los éxitos del ayer: los espacios donde los tapatíos de ayer y de hoy han sufrido y conversado de las mismas cosas: el amor y las tristezas, los recuerdos, el paso del tiempo y la vida.
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En Guadalajara abundan las cantinas. En el Centro Histórico, tugurios felices en la Calzada Independencia, espacios más modernos en la Americana, y que nada tienen que ver con una cantina tradicional. Pero hay algunas de ellas que trascienden y destacan por seguir en pie y haber crecido a la par de la ciudad, manteniendo dentro de sus muros algo de lo que entonces había en aquella metrópoli de mulas, bicicletas y tranvías, dividida por el río, cruzada por puentes de piedra, que daba la bienvenida por arcos y garitas. Estas son algunas de esas cantinas de Guadalajara:
La Sin Rival

Sobre la Calzada Independencia y esquina con la calle Gante, "La sin Rival" ostenta el título de ser la cantina más antigua de Guadalajara, o, al menos, la primera en obtener el permiso oficial para vender alcohol en sus recintos. Desde 1898, ha tenido sus puertas abiertas, y sus 127 años de existencia le debieron un reconocimiento otorgado por el expresidente Felipe Calderón, que cuelga entre las paredes del recinto.
En los años de gloria de la Sin rival, al construirse la Central Camionera en la década de los 50, en su barra llegaron a sentarse personalidades de la época de Oro del cine mexicano, actores y cantantes tales como Pedro Infante, Javier Solís y Agustín Lara, que tomaron los tragos legendarios por los cuales la cantina sigue siendo visitada hoy en día.
El Barrilito

Abierta en algún momento impreciso de 1904, y localizada a tan solo unas cuadras de la Basílica de Zapopan, El Barrilito es, por tanto, la cantina más vieja de este municipio, y la segunda cantina más antigua de la ciudad. El Barrilito ya existía cuando a Zapopan se llegaba por medio de tranvías arrastrados por mulas, cuando en lugar de la avenida Patria transitaba el cauce del Río Atemajac, alimentado por los entonces abundantes manantiales de Los Colomos.
En sus 105 años, El Barrilito ha cambiado de dueño en tres ocasiones, aunque su esencia barrial sigue siendo la misma, y muchos de sus asistentes recurrentes se conocen desde siempre. El nombre, según la tradición, proviene de un barril de madera que solía estar a las afueras del establecimiento, y por el que los vecinos le daban identidad. Sus puertas se cerraron verdaderamente en la crisis del coronavirus, en aquellas extrañas primaveras vividas desde el encierro, y cuando las calles del mundo entero quedaron a merced del temor y del viento.
La Iberia

Su ubicación se encuentra en una cuchilla entre las calles Alameda y Herrera y Cairo, en el Centro Histórico de Guadalajara, y dentro del perímetro de San Juan de Dios. Cuenta su historia que, cuando la cantina fue abierta en 1877, se llamaba "El Bosque" porque entonces abundaban los árboles en aquella zona de Guadalajara, cuando la Calzada Independencia era el río San Juan de Dios y al hoy Parque Morelos se lo conocía como La Alameda.
En una mala noche de 1904, los dueños originales de la cantina perdieron el recinto en una apuesta de póquer con unos españoles, que pasaron a ser los dueños del establecimiento, y la renombraron con el mote que hoy persiste: La Iberia. Con sus paredes tapizadas de imágenes alusivas a corridas de toros, hazañas deportivas del pasado y fotografías de algunos ayeres más felices de Guadalajara, La Iberia también tiene sus propios mitos, como aquel que dice que el fantasma de una mujer que fue asesinada en la cantina ronda por el establecimiento, y aquel otro que afirma que en cierto momento de su historia, el chef se lucía con su platillo de la casa: estofado de gatos callejeros.
En todo caso, sigue siendo una de las cantinas icónicas de Guadalajara para pasar una tarde de tragos, cervezas y conversaciones.
Los Famosos Equipales

Fundada en 1920 por la visión certera de Carmen Mancilla de Partida, en su momento no era más que un pequeño establecimiento localizado en Angulo y González Ortega con una mesa y cuatro equipales que le dieron el nombre desde entonces y hasta hoy.
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Para 1945, ya con cierto renombre, los Famosos Equipales se mudó a la esquina donde hoy sigue, en Juan Álvarez y Mariano de la Bárcena, y es la casa indiscutible del trago legendario y letal que los tapatíos conocemos como "Nalgas alegres", conformado por los venenos irresistibles de ginebra, ron, vino tinto, jerez, limón y refresco. Los Famosos Equipales destaca entre las cantinas de Guadalajara por pertenecer a una tradición liderada por mujeres, en una ciudad, un rubro y una época en la que las mujeres ni siquiera tenían permitido el acceso a las cantinas.
Es, por tanto, un espacio donde la visión femenina, a lo largo de 105 años, ha marcado la resistencia.
La Fuente

Desde 1921, la Fuente ha sido por muchos años uno de los lugares más icónicos del Centro Histórico de Guadalajara, con sus noches largas donde pululan los mariachis que estremecen los corazones de los comensales como un viento de paso, con la voz de estrépito del pianista solemne cuya voz retumba por todos los recintos sin la necesidad de un micrófono, y con la imagen de la bicicleta polvorienta aguardando sin éxito el regreso de su dueño.
Ya centenaria, la Fuente ha estado presente en el imaginario tapatío incluso desde antes que se construyera, en la misma manzana, el Congreso del Estado de Jalisco. El nombre proviene del establecimiento original, ubicado sobre la calle Hidalgo, pero a raíz de las remodelaciones llevadas a cabo por el gobernador González Gallo a mediados del siglo pasado, en las que reestructuró de raíz la lógica del Centro Histórico, la Fuente pasó a la calle Pino Súarez #78, donde sigue al sol de hoy.
Por muchas décadas el único acceso permitido era para los hombres y esto no cambió sino hasta la década de los 80. A través de los pasillos largos de la Fuente han desfilado todo tipo de personalidades: actores, deportistas, cantantes, gobernadores del estado, diputados y escritores.
El Mascusia

Otra de las cantinas icónicas de Guadalajara es el "Mascusia", fundada en 1928 en las postrimerías de la Guerra Cristera, y cuyo nombre original era la "Oriental", localizada en las calles Dionisio Rodríguez y Alfareros. El nombre “Mascusia” es el resultado de un juego de palabras entre los comensales más asiduos en torno a la palabra “mascullar”. La Oriental estaba muy cerca de la ya extinta plaza de toros el Progreso, la cual era una de las construcciones más icónicas de la ciudad hasta que fue demolida en 1979 para dar paso al recorrido de la Plaza Tapatía.

Uno de los distintivos de la "Oriental" era que el propietario original, además de la diversidad de tragos y cócteles, ofrecía a sus comensales botanas para degustar junto con sus bebidas. Y no cualquier clase de botanas, sino platillos específicos que le daban un sabor adicional y único a la experiencia de cantina. Ante la reestructuración que conllevó la creación de la Plaza Tapatía, El "Mascusia" se trasladó sobre la avenida Javier Mina, donde permanece al día de hoy con su cualidad de botanero, y el negocio creció al grado en el que hay varias sucursales desperdigadas a lo largo de la ciudad, cada una con su atmósfera única.
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MV
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