Domingo, 16 de Agosto 2026

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¿Motivo de su no visita?

Por: Augusto Chacón

¿Motivo de su no visita?

¿Motivo de su no visita?

El Gobierno de Estados Unidos decidió, en uso legítimo de su soberanía -en México defender la soberanía goza de gran prestigio en el despacho de la Presidenta de la República-, que un señor ciudadano mexicano ya no será bienvenido y le informó que el documento migratorio llamado visa que alguna vez le concedió ya no es válido.

Entre líneas el malquerido debe leer: absténganse de apersonarse por acá. Qué feo que te avisen de semejante determinación, no porque se trate de Estados Unidos, sino porque es feo que no te admitan en algún lugar, en un país, porque, aunque el Departamento de Estado no explica por qué invalida las visas, es inevitable que el señor ese, y cualquiera, sospeche que se debe a que es quien es, o a causa de lo que hace o porque se junta con quienes se junta. O todo lo anterior junto fue el origen de la decisión de la oficina responsable de la metafórica cadena a la entrada del vecino del Norte. 

El señor ciudadano ahora excluido de la lista de quienes pueden visitar Estados Unidos es el hijo de ya sabemos quién, es nimio pero me abstendré de usar su nombre, que es, al cabo, lo que él, su papá, sus hermanos, la Presidenta y Morena quieren: que su nombre se repita para que el prestigio que nunca ha tenido, de todos modos vilipendiado al quedarse sin visa (es la sección filosófica de este texto: vilipendiar la nada), sirva para los fines que mejor acomodan al régimen: contentamiento de sus parroquianos, porque para el lópezobradorismo ser víctima es una aspiración, condición propicia para todo género de desmesuras, incluida la del mal gusto.

Una de esas desmesuras: al tal señor le advierten que ya no puede dejar su huella de carbono en la tierra en la que en el dinero inscriben que confían en Dios, y el poder público, encarnado en la Presidenta, que a las mexicanas y a los mexicanos nos cuesta un dineral, sale a defenderlo, porque la cosa le viene “como anillo al dedo”. Asegura la mandataria que la medida del Departamento de Estado “tiene un sentido político, esencialmente”. Por lo que debemos suponer dos cosas, desmesuradas, que el señor amputado de visa es un político esencial para el morenismo urgido de borregos sacrificiales, con lo que de paso nos hacemos una idea de lo que la política esencial es para el partido gobernante: las andanzas de un inútil enriquecido a la sombra del primer papá de la Nación y del poder, al que no se le conoce obra alguna más allá del tráfico de influencias. La otra desmesura, muy socorrida: la ignorancia de la realidad ¿Sabe la que dice amar al pueblo a cuántas personas honestas, con familiares y con sueños en Estados Unidos, les niegan la visa?

Cualquiera que haya hecho el trámite ha visto sus expresiones al dejar la ventanilla cargando un no contundente ¿En verdad para el Estado mexicano el caso del señor inútil rebosante de apellidos es paradigmático? La paradoja de estas desmesuras: revelan lo mínimas que son las convicciones políticas y sociales del régimen.

Y ya en la vertiente paradojal, la del señor considerado no grato por Estados Unidos: respinga con una carta atravesada por la idea de un comediante intelectual estadounidense, Groucho Marx, de su autobiografía, “Groucho and Me”: “Please accept my resignation. I don't want to belong to any club that will accept me as a member.” Parafraseando a Groucho para entender la cartita que el señor defenestrado mandó -según él- al presidente de Estados Unidos: no puedo pertenecer a un club que acepte gente como yo, y describe al “club” United States of America: “no me causa ningún problema el no visitar Estados Unidos en estos tiempos decadentes y lamentables de odio, racismo, drogadicción, desintegración familiar, inconformidad social y tristeza.” No debería enojarse porque no lo quieran en semejante valle de lágrimas, y si de veras es el político de esencia que insinúa la presidenta, quienes en su partido tengan visa deberían rendirla y no convalidar los “tiempos decadentes” que están pasando los vecinos. Pero al cabo, siguen las paradojas, ni tan esencial el señor huérfano de visa, para la presidenta lo que éste escriba al habitante de la Casa Blanca no mella las relaciones con Estados Unidos; aunque, en una de esas triples maromas mortales que suele dar la presidenta en sus discursos, elevó al señor al altar patrio en el bloque de la respuesta que dio cuando le preguntaron por el contenido y el tono de la carta del invisivili-visado, sin mencionarlo a él; empero, el plural es elocuente: “¿Por qué vamos a bajar la cabeza? ¿Por qué nos vamos a arrodillar? ¿Por qué vamos a tener miedo?”. Para eso, para bajar la cabeza, para arrodillarse y tener miedo, contamos con las y los migrantes, en la frontera o en territorio estadounidense, o a quienes en el México lindo y querido están a merced del crimen organizado y de la justicia que es una pura incertidumbre. Para el Gobierno mexicano, todas esas, todos estos no son algo porque no son políticos esenciales y no son vástagos de quien ya sabemos. 

Pero, sin ingenuidad, tal vez el régimen está tirando granadas de humo al enlazar el caso del inútil señor junior con la política, con la actitud del Estado mexicano hacia Estados Unidos; detrás, en donde se libra la batalla por la supervivencia de la corrupción, del Estado asociado a los criminales, en donde germina la autocracia, la quita de la visa es una señal de alarma que en las novelas se frasea: ya nos cacharon, si se atrevieron con el hijo de mejor-ni-lo-mencionemos, la plaza está perdida, todas y todos al búnker de la mañanera a disparar cañonazos de saliva y que santa Mentira Desorbitada nos guarde.

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