Atribuyen al presidente español Adolfo Suárez una frase. En días turbios de la transición, de repente en La Moncloa comenzaron a pasar ruidosas tanquetas. Alguien sugirió al gobernante que ordenara cesar esos traslados en los alrededores de la residencia oficial.Palabras más, palabras menos, el mandatario habría replicado que hay que cuidarse mucho de dar una orden si uno no está seguro de que ésta ha de cumplirse.La Presidenta Claudia Sheinbaum tendría que haber recibido este mes de parte de los suyos un triunfo constitucional. El 5 de febrero decidió formalizar su deseo de prohibir ya el nepotismo en los puestos de elección popular: su movimiento respondió con un “no”.El martes, en el Senado, dos de quienes disputaron a la Presidenta la candidatura del obradorismo trasquilaron la iniciativa de Sheinbaum que fijaba en 2027 el plazo para que ya nadie gane un puesto de elección popular en hombros de un pariente, aupado por su clan.Sheinbaum intentó, sin éxito, acotar a los barones de los partidos que la llevaron al poder. Adán Augusto López y Manuel Velasco, ex aspirantes a la candidatura que terminó arrebatándoles la hoy Presidenta, demostraron que en Palacio manda ella, pero en el Congreso nanai.Estamos, por principio, ante una falta de oficio político de la Presidenta. Se arriesgó a que los apellidos dentro de la tribu, incluido el apelativo Monreal, ooootro adversario de Claudia en el proceso de las “corcholatas”, le enmendaran la plana.¿No midió la resistencia de esos mercaderes de poder que son los del Verde? ¿No conocía de la obvia veleidad de Adán Augusto, tan presto a jugar a favor de otros y no necesariamente de la Presidenta y, menos, de Rosa Icela Rodríguez, quien hoy despacha en la Segob?Mencionar a Rosa Icela no es casual. Es, junto con la titular del Ejecutivo, una damnificada del control de los adversarios de Claudia (no sumo a Fernández Noroña, otra “corcholata”, pero evidentemente tampoco se atravesó para evitar el revés a Sheinbaum).En el caso de la titular de Gobernación se sabe de las aspiraciones de ella y -claro, también hay que decirlo- de su hermana por hacerse de la gubernatura de San Luis Potosí, donde habrá elecciones en 2027 y donde la esposa del gobernador, del Verde, podría lanzarse.La lucha del clan Rodríguez contra el clan Gallardo estaría siendo ganada, al menos parcialmente, por éste último dado que, como es previsible, desde el poder el hoy gobernador potosino puede construir una candidatura que arranque con ventaja frente a propios y extraños.De eso precisamente se trataba la iniciativa de Claudia Sheinbaum: de que Morena sería una mejor fuerza política si la cancha es pareja, y si quien con toda legitimidad dentro del movimiento aspira a un cargo público no tiene la sombra de sospecha de haber sido ayudado por su parentela política.Velasco, Adán Augusto y Monreal se dieron cinco años para repartirse el poder de forma que les convenga a ellos, y a quienes como ellos no creen que a Morena le urge ser un mejor partido antes que uno donde los que hoy están prioricen el medrar al máximo de su privilegio.En 1991, San Luis Potosí vivió el clímax de la lucha cívica del doctor Salvador Nava por la democracia. López Obrador presume la foto de ambos en una caravana contra los fraudes electorales.Tres décadas después, el obradorismo quiere, en San Luis Potosí y en México, ventajas para esa lacra (AMLO dixit) que es el nepotismo morenista/pevemista. No importa si ello derive en que la autoridad de la Presidenta Sheinbaum quede en entredicho.