
LO ÚLTIMO DE Ideas
La mezquindad con las víctimas de la 4T

La mezquindad con las víctimas de la 4T
Los gobiernos de la llamada 4T, primero López Obrador y ahora Claudia Sheinbaum, comparten muchas cosas en términos ideológicos, algunas virtudes y no pocos defectos. Uno de estos últimos es la mezquindad con la que tratan a las víctimas.
La primera muestra de esta distancia de los gobiernos morenistas la dio López Obrador cuando se negó a recibir a las víctimas de la violencia tras una marcha encabezada por LeBaron y Sicilia, argumentando que “debía cuidar la investidura presidencial”. El contraste se hizo más evidente cuando el presidente fue a saludar a la madre del “Chapo” Guzmán, quien esperaba en una camioneta, una pleitesía no mostrada con nadie más. El argumento fue que se trataba de una señora mayor que merecía sus respetos. Ahí, la investidura presidencial no tuvo empacho en confundirse con el interés personal del político. El desprecio y la distancia con las víctimas se mantuvieron durante todo el sexenio. Nunca recibió a las madres buscadoras ni a otras víctimas de la violencia.
Claudia Sheinbaum ha seguido exactamente el mismo patrón de su antecesor. La distancia con las victimas es bestial. No tiene tiempo para recibir y escuchar personalmente a las madres buscadoras, no así a los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). No digo que no deba recibir a los maestros, todo lo contrario, qué bueno que los escuche y sea capaz de poner freno a una ley que les afecta. En contraste, a las madres buscadoras las recibe una funcionaria de segundo nivel de la Secretaría de Gobernación y si están en desacuerdo con el paquete de leyes tienen el derecho, dice la Presidenta, a expresarlo como cualquier ciudadano; es decir, no les van a hacer ningún caso. Quizá la explicación esté en que la CNTE ofreció dos millones y medios de afiliaciones para Morena.
Así como los gobiernos del PAN desconfiaban de todo movimiento corporativizado —los llamaban y los siguen llamando acarreados o borregos— los gobiernos de la llamada 4T desconfían de todo aquel movimiento social que venga de la sociedad civil y ellos no controlen. Pueblo, lo que se llama pueblo, sólo es el que aplaude y agradece; los demás son adversarios, conservadores y, en el mejor de los casos, personas manipuladas.
La paradoja política es que esa mezquindad con las víctimas no le resta un ápice a la popularidad de la Presidenta. Por el contrario, entre más controla la agenda y a los aplaudidores, mejores números reporta. La preocupación de la Presidenta y sus asesores no son las víctimas, no es el dolor que representan las madres, sino el control de la narrativa. Si las víctimas sirvieran para hablar mal de los gobiernos pasados no habría empacho en recibirlas, pero si sólo van a reclamar los malos tratos, las incapacidades y la complicidad de las autoridades; si recibirlas no abona a la popularidad y la imagen plenipotenciaria de la investidura presidencial, que se queden detrás de las vallas del Palacio.
De ese tamaño es la mezquindad del poder con las víctimas.
Lee También
Recibe las últimas noticias en tu e-mail
Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día
Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones