Lunes, 16 de Septiembre 2024

FCE cumple 90 años débil y polarizado

Escritores y editores coinciden en la crisis y fragilidad que enfrenta el Fondo de Cultura Económica dirigido por Paco Ignacio Taibo II

Por: El Informador

Centro Cultural Elena Garro, es una de las principales sedes del Fondo de Cultura Económica en Ciudad de México, en el barrio de Coyoacán. EL UNIVERSAL

Centro Cultural Elena Garro, es una de las principales sedes del Fondo de Cultura Económica en Ciudad de México, en el barrio de Coyoacán. EL UNIVERSAL

No siempre cumplir años da para hacer fiesta. El mejor ejemplo lo tiene ahora el Fondo de Cultura Económica (FCE), que llega a 90 años de vida con una gestión sin brillo y cada vez más pequeña, con un “debilitamiento autoinfligido” y “entregado a un soliloquio autocelebratorio”.

Aunque mantiene presencia en el orbe hispanoamericano, con filiales en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, Perú, España y Estados Unidos, y una cadena de librerías en México, la institución editorial del Estado mexicano que a lo largo de su historia ha sido reconocida por editar, producir, comercializar y promover obras de alta calidad sobre la cultura nacional, iberoamericana y universal para la población de educación básica, media superior y superior, se ha conformado con reducir su gestión a producir publicaciones de autores cercanos, ediciones a precios bajos y con poca calidad.

A lo anterior se suma la pobre comercialización, en su mayor parte de saldos a través de tendidos de libros y librobuses, dónde asegura promover la lectura y llegar a lectores potenciales, pero sin recursos.

“En los últimos 30 años, el FCE ha cumplido con un destacado desempeño editorial, y cada titular, desde Miguel de la Madrid, le ha dado un sello propio. La excepción son los seis años de Taibo II, a quien ha ratificado la presidenta electa, por afinidad ideológica y amistad, ignorancia y ocurrencia. Lo que fue el más triste episodio en la historia del sello puede convertirse en un tumor quizá incurable”, afirma Gerardo Ochoa Sandy, analista cultural y autor del libro digital “80 años: las batallas culturales del Fondo” (México, Nieve de Chamoy, 2014).

Altamente debilitado

Tomás Granados, editor y periodista, y quien fuera gerente editorial del Fondo de Cultura Económica entre 2013 y 2016, asegura que, a lo largo de sus 90 años, el Fondo ha albergado a autores y alimentado a lectores de perfil muy distinto, casi siempre manteniendo vivas unas cuantas vocaciones que le han dado identidad, y asegura que “es pronto para evaluar, en términos comerciales e intelectuales, el viraje que ha experimentado en el último lustro, pero hay un signo claro: el debilitamiento autoinfligido”.

Granados, agrega que, si algo caracterizó a los mejores momentos del Fondo, “fue su creciente amplitud de miras en múltiples direcciones; hoy lamentablemente parece conforme con su dimensión cada vez más pequeña”.

Desde finales de 2018, con la llegada de la llamada Cuarta Transformación y bajo la dirección general del escritor Paco Ignacio Taibo II —tras la polémica que obligó a reformar la Ley Federal de Entidades Paraestatales para que el escritor nacido en España pudiera ser director, en lo que se llamó la “Ley Taibo” y se acompañó de sus célebres declaraciones de “se las metimos dob…”— el Fondo de Cultura Económica (FCE) dio un giro en su política editorial.

Tal como lo apuntan en su página oficial, donde asegura que esa modificación de rumbo ha sido con el objetivo fundamental “de incentivar el acercamiento a nuestros lectores a partir de una significativa reducción de precios y de la ampliación de nuestra oferta editorial”. Celebra el lanzamiento de su colección “muy popular”, titulada Vientos del Pueblo, con tirajes de 40 mil ejemplares y precios que oscilan entre los nueve y los 20 pesos.

Colecciones pulverizadas

La política editorial comandada por Taibo II llevó a desdibujar colecciones completas. La colección Popular ha incorporado géneros y temáticas como ciencia ficción, novela policiaca, historia, fantasía, nuevo periodismo y poesía, “con el objetivo de acercar sobre todo a los jóvenes que buscan qué leer y a los cuales las políticas de precios y editoriales de la industria no toman en consideración”.

Tomás Granados reconoce que, por su naturaleza, la actividad editorial es personalista. “Las sensatas ambiciones de un director como Arnaldo Orfila Reynal contrastan con las de su sucesor, el paranoico y torpe Salvador Azuela. El reducido protagonismo de Miguel de la Madrid, que permitió el despliegue de algunas estupendas iniciativas de sus subordinados, es muy distinto del afán edificador de Consuelo Sáizar”.

Agrega que “quizás el mayor reto de quien encabeza el Fondo sea encontrar una forma de equilibrar las exigencias de la actividad estrictamente editorial con las demandas políticas que el gobernante de turno le plantee; está claro que, en el sexenio que termina, al Presidente López Obrador no le interesó la actividad cultural y por eso se desentendió de lo que hizo o dejó de hacer el Fondo de Cultura”.

La transformación editorial

El Fondo de Cultura Económica llega a sus 90 años con un rostro distinto. En esta administración absorbió a dos instituciones que dependía de la Secretaría de Cultura: la Dirección General de Publicaciones y la cadena de librerías Educal S.A. de C.V., sin que se concrete aún de manera oficial tal fusión; atrajo el presupuesto de cada institución y sus tareas.

De tal forma que hoy parece una institución más robusta, pero en realidad tiene menor impacto nacional e internacional.

¿Y habrá fiesta? Pues el FCE celebrará 90 años con dos conferencias sobre dos pilares de su historia Arnaldo Orfila Reynal y Daniel Cosío Villegas. Nada más.

El Universal

Positivo y negativo, sobre la balanza

Dice Tomás Granados que a lo largo del tiempo ha tenido hitos con elementos positivos y negativos, por ejemplo, la consolidación del Fondo como red de librerías “fue un impulso para la industria nacional en su conjunto, hasta que se volvió un galimatías presupuestal (la administración pública no entiende las exigencias del comercio al menudeo) o se privilegió sólo a un gran grupo extranjero, en menoscabo de la oferta nacional, particularmente la que aportan los editores independientes”.

En realidad, agrega Ochoa Sandy, en el último lustro se ha dedicado a lo que sabe hacer Taibo II, los remates en ferias y tendidos de libros, y círculos de lectura.

Paco Ignacio Taibo II, su gestión ha estado marcada por abundantes críticas por parte de un sector de creativos culturales. EL INFORMADOR/ A. Navarro

Momentos clave

  • La editorial fue fundada en 1934 por el historiador, sociólogo, ensayista y economista Daniel Cosío Villegas.
  • La primera filial fue establecida el 2 de enero de 1945, en Buenos Aires, Argentina, bajo la dirección de Arnaldo Orfila.
  • La filial en Madrid, España, se inauguró en 1963.
  • En 1989, el Fondo de Cultura Económica fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias.
  • En 1991 incorporaron al público infantil con la colección “A la orilla del viento”.

Retroceso en el último lustro

Fundada el 3 de septiembre de 1934 por el historiador, sociólogo, ensayista y economista Daniel Cosío Villegas, la vocación primera de esa casa editorial se centró en publicar exclusivamente textos de economía destinados a los estudiantes de educación superior, pero pronto su interés se desplegó en varios otros rubros: Política, Derecho, Filosofía, Sociología, Pensamiento, Literatura, Ciencia, Literatura infantil, a través de colecciones que a finales de 2018 superaban las 100 colecciones y contaban con un catálogo de más de 10 mil obras, 5 mil de ellas vigentes. Sin embargo, en estos últimos seis años la historia ha cambiado.

“Taibo modificó la vocación del Fondo, que era publicar libros para la formación media superior y superior, para publicar libros dirigidos a los sectores desprotegidos de la población, incluso gratuitos, asuntos que competen a la SEP. También se apropió durante seis años del presupuesto de la Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, que usó a su antojo y nunca publicó un libro, hasta que la desapareció. La red de librerías Educal, otro de sus botines, no salió de la quiebra técnica”, dice Ochoa Sandy.

El Fondo ha sido un imán potentísimo, dice, Tomás Granados, de autores, de proyectos sensatos y enloquecidos, de instituciones deseosas de sumar fuerzas para publicar y vender libros, de editoriales en busca de puntos de venta, sin embargo, “hoy el Fondo parece entregado a un soliloquio autocelebratorio”.

CT

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