Jueves, 24 de Septiembre 2026

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Quién nos define

Por: Salvador Camarena

Quién nos define

Quién nos define

Hay una nueva andanada de Donald Trump en contra de México, qué importa que en esta ocasión -en su discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas- se haya permitido una cortesía hacia el gobierno de Claudia Sheinbaum. Y aunque las expresiones del presidente de Estados Unidos podrían ser más de lo mismo, artificio electoral, deberían activar una pregunta crucial: quién nos define.

Washington tiene idea de lo que quiere en el continente americano, así sea muy caótico su proceder en otras regiones. La Doctrina Monroe volvió recargada. Muchas naciones de AL se han plegado a la Casa Blanca. México no está entre los gobiernos que corren a tomarse la foto con Trump; sin embargo, eso no nos libra de perturbaciones provenientes del norte.

Desde la primera campaña electoral de Trump, hace más de diez años, el neoyorquino quiso definir a México como un país que amenaza a la Unión Americana. Con imperturbable simplismo, dijo que enviábamos a lo peor de nosotros, a violadores y criminales que llevan drogas. Y en su retorno a la presidencia en 2025, premió en cercanía a colaboradores que idearon un plan antiinmigrante y antimexicano.

Desde enero del año pasado, la Casa Blanca retrata a México como un país donde los cárteles gobiernan, a su presidenta como una política tan bien intencionada como medrosa.

Con enorme pragmatismo, la mandataria mexicana ha construido un espacio de respuesta a Trump. Solo al principio se enganchó en tiempo real con el magnate; hoy elabora respuestas lo mismo en las mañaneras que en mítines de fin de semana o de ocasión especial, y compartimentaliza: aísla la real colaboración en temas bilaterales y deja descortesías y ataques en el plano mediático.

Falta ver qué va a pasar en las elecciones de noviembre, o dicho de otra manera, qué no va a suceder: ¿es aventurado decir que una derrota legislativa de Trump, lejos de amilanarlo, le incentive a ser más beligerante y, por ende, más agresivo en forma y fondo en agendas que le ayudan con su electorado, como es el caso de culpar a México de robar empleos a los estadounidenses o de inundarlos de drogas?

Para lo que no hay que esperar a las elecciones estadounidenses es para advertir que hay algo que nos toca hacer de este lado del río Bravo. Trump intenta definirnos, y vale la pena preguntarse en qué medida lo está logrando y quiénes son los coautores (por no decir cómplices) de que él se vuelva un factor de nuestra identidad. Va una pista: no es solo la oposición la que colabora en eso, eh.

En frente de esas andanadas, la presidenta Sheinbaum enarbola discursos de hondo espíritu nacionalista. Se equipara, sin mencionarlo incluso, a Trump y sus expresiones con el injerencismo de otros siglos, con las intervenciones que han costado sangre, territorio y división. ¿Sirve lo que hace Claudia? La pregunta incluye pensar si ese paralelismo histórico es la mejor forma de defender a México.

No somos un narcoestado. No tenemos un narcogobierno. Sí tenemos cárteles poderosísimos y sí tenemos un estado muy disfuncional. Y sí tenemos políticos ligados a criminales y criminales decidiendo en gobiernos.

Trump quiere definirnos. Si lo logra, nos tendrá en el puño. Y habrá entre nosotros quién le aplauda. Y quién no. Conviene no dejar sola a la presidenta al rechazar la agresión del Tío Sam, y también es preciso no dejar solo a ella la definición sobre qué nos define. A partir de ahí evitaríamos que alguien indeseable quiera ser parte de nuestra definición, de nuestra identidad. Sea criminal local o gobernante foráneo.

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