Tapatíos volvieron a salir a las calles para exigir agua limpia, pero la protesta terminó con más humo que soluciones. La Plaza de Armas quedó convertida en escenario de barrenos, piedras, pintas, huevos y tomates. Hasta parte de las puertas del Palacio de Gobierno acabaron en cenizas.Pero mientras familias y colectivos reclamaban que el agua deje de llegar contaminada, encapuchados rompían cristales y lanzaban proyectiles. Los manifestantes se deslindaron de la violencia, aunque el espectáculo terminó por opacar la demanda principal.La consigna final fue para el gobernador Pablo Lemus: “¡Da la cara!”. “Si el agua no aparece limpia, al menos que aparezca el gobernador”.Pero no se registró represión. *** Por cierto, la marcha por agua limpia en Guadalajara tuvo su propio operativo ciudadano: manifestantes persiguieron y acorralaron a dos hombres señalados por detonar barrenos y, al encontrar policías en el camino, se los entregaron para que hicieran su trabajo. Porque una cosa es exigir agua sin porquerías y otra, terminar bañados en pólvora.Los sospechosos fueron seguidos desde Plaza de la Liberación por las calles Liceo e Hidalgo hasta Paseo Alcalde. Los inconformes pidieron que quedaran retenidos y amenazaron con revisarles las pertenencias si los agentes no intervenían. La Policía finalmente se hizo cargo.Mientras tanto, frente al Palacio de Gobierno, otros manifestantes cambiaron los argumentos por jitomates, huevos y globos con pintura contra la fachada. Al cierre, no se reportaron nuevos enfrentamientos y la protesta terminó con el Himno Nacional. *** En la Universidad de Guadalajara debieron respirar tranquilos al aclarar que portar una camiseta de los Leones Negros no convierte a nadie en representante, vocero ni embajador de la casa de estudios. Mucho menos si el aficionado en cuestión cambia el balón por un bate, los cánticos por los golpes y la protesta por el vandalismo.Ante las imágenes de encapuchados armados ayer con palos y pirotecnia durante la movilización por el agua limpia, la UdeG salió a deslindarse de quienes confundieron el derecho a manifestarse con una audición para película de pandilleros.La Universidad condenó la violencia, exigió investigar las agresiones y respaldó las demandas ciudadanas por agua limpia. Faltaba más: una cosa es defender a los jaliscienses y otra, muy distinta, convertir la protesta en un partido de contacto.