Solo los seres humanos convivimos, creamos cultura; esto exige la conciencia de cooperación, hacer cosas juntos y con un propósito explícito. Convivir entraña la necesidad de relacionarnos cotidianamente, compartiendo espacio, tiempo, objetivos, experiencia, valores e, incluso, un destino común. Convivir implica el respeto del otro y hacia el otro, tolerancia, capacidad de diálogo, humildad, aceptación de las diferencias, disposición para dar y para darse, sujeción a las normas que ordenan a la sociedad y amor. Parte de los problemas actuales son consecuencia de los cambios tecnológicos, culturales y políticos, y de la obsolescencia e ineficacia de las instituciones creadas después de la Segunda Guerra Mundial. Es verdad sabida que la rueda sobre la que gira el mundo es el poder y la expresión más acabada del poder es el capital. La apropiación de la riqueza, originalmente las materias primas, y su transferencia a los Estados dominantes, es la lógica en la que se inspiran, tanto el capitalismo liberal (Estados Unidos) como el capitalismo de Estado (Rusia o China). Desde principios del siglo XIX, el propósito expansionista de los Gobiernos norteamericanos hizo de México un país en gestación durante aquellos años, objeto de sus apetitos. Desde la lucha por la Independencia hasta nuestros días, agentes del Gobierno vecino han intervenido en nuestra vida política; llámense Joel Roberts Poinsett, Henry Lane Wilson -cuya gestión desembocó en el golpe de Estado contra el presidente Madero- o Josephus Daniels, embajador durante el largo periodo de 1933 a 1941, siendo presidentes los generales Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho -recuérdese la expropiación petrolera y la Segunda Guerra Mundial-.Esta larga introducción tiene como propósito tomar conciencia de la difícil vecindad de nuestro país con los Estados Unidos. Más de tres mil kilómetros de frontera y aproximadamente once mil kilómetros de litorales, considerados estratégicos para la seguridad interior del imperio, son un argumento que dificulta nuestra relación. A lo anterior hay que agregar la importancia de los vínculos comerciales bilaterales y el fenómeno migratorio que compartimos, para tener una idea de su complejidad. Lo que estamos viviendo es solo un capítulo más de los principios de política exterior de James Monroe (presidente de Estados Unidos en 1823) en voz de Donald Trump. No hay nada nuevo bajo el Sol. El “Escudo de las Américas” -nos dicen- es una estrategia cuyo objetivo central es el combate al narcotráfico y, explícitamente, el compromiso de los países latinoamericanos alineados con el gobierno de USA para integrar sus fuerzas y actuar bajo un mando militar de ya saben quién.El problema es que la alianza está dirigida directamente contra las estructuras delincuenciales que han penetrado al gobierno mexicano y la exigencia de que aquellos a quienes señalan como narco-políticos y los líderes de los cárteles sean entregados a la justicia norteamericana. Vaya dilema que enfrenta la Presidenta: su lealtad a López Obrador o la conveniencia de subordinarse a los intereses imperiales en un mundo en el que desaparecieron las ideologías.