El segundo mandato de Donald Trump ha generado terribles repercusiones para la diplomacia mundial al ejercer la presidencia de Estados Unidos de un modo imperialista que no se veía en el mundo tal vez desde el Imperio británico o el expansionismo alemán nazi con su proclamado “espacio vital”. De hecho, el Gobierno de Trump ha proclamado como su “espacio vital” para la preservación de su seguridad nacional un territorio que abarca desde Panamá al Sur hasta Canadá y Groenlandia al Norte, sin importar que legalmente no ejerce soberanía sobre ningún otro país.En el resto de América Latina, el segundo mandato de Trump ha trabajado para buscar una reconfiguración del mapa político, interviniendo directamente como ocurrió con la invasión de Venezuela, el secuestro de Nicolás Maduro y la creación de un protectorado de facto en ese país que formalmente es presidido por Delcy Rodríguez y en la práctica por Marco Rubio que ejerce como virrey, desde Washington. Y ha intervenido política y económicamente en otros países de la región para inclinar la balanza hacia candidatos que coinciden con su agenda política de derecha y que busca erradicar derechos ganados por sectores de la sociedad en las décadas pasadas. Eso ha ocurrido en Argentina, Ecuador, El Salvador, Costa Rica, Colombia, entre otros países.Y en Medio Oriente, aunque no comenzó en su segundo mandato, Trump ha respaldado abiertamente el genocidio de Israel sobre el pueblo palestino, particularmente en la franja de Gaza, y se subordinó a este país para entrar en guerra contra Irán con la promesa del Gobierno judío de que el ataque del pasado 28 de febrero sería fulminante y terminal, lo que claramente no ha sido así y ha terminado por fortalecer el régimen de los ayatolas en Irán y crear un clima de inseguridad e inestabilidad para todos los Gobiernos del Golfo Pérsico.Con su pretendido imperialismo Trump ha trastocado las relaciones comerciales y económicas prácticamente en todo el mundo con la amenaza de imponer aranceles a aquellos países que no se subordinen a sus exigencias. Pocos países han resistido, como China y Brasil. México no escapa al emperador Trump, como se puede ver con una agenda totalmente marcada por las políticas estadounidenses para nuestro país tanto en seguridad, como comercio y migración.Pero la vida interior estadounidense no ha escapado a la turbulencia y el desastre que han acarreado las políticas de Trump. Como un personaje inseguro que es, siente la necesidad de provocar la atención y dejar su impronta personal, por ejemplo remodelando el Salón Oval con estatuillas o marcos de pinturas con laminillas de oro; ordenó construir un Salón de Baile que costará mil millones de dólares y para lo cual destruyó el Ala Este de la Casa Blanca que tenía valor patrimonial. Apenas en esta semana se dio a conocer que ordenó la construcción de un helipuerto de granito negro en el jardín sur de la Casa Blanca, para la cual no ha solicitado la aprobación del proyecto al Congreso ni a ningún organismo de revisión, como la Comisión de Bellas Artes, según reportó el jueves el diario New York Times. Otro ejemplo de su deseo de vivir rodeado de opulencia es la remodelación de un nuevo avión presidencial que le regaló el año pasado el emirato de Qatar, un capricho que le costará millones de dólares a los contribuyentes de Estados Unidos.Y en su deseo de ejercer el poder como emperador romano, Donald Trump ha tratado de renombrar espacios culturales como el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas al cual quería imponerle su nombre, decisión que fue echada para atrás por un juez federal. Lo que sí logró es que el aeropuerto de Palm Beach, Florida fuera renombrado con su apellido.Otro ejemplo de su megalomanía imperial es que ha ordenado construir un Arco del Triunfo en Washington a un costo de 250 millones de dólares, que ha sido criticado por el exceso de adornos de oro que contempla. Y otra remodelación que ha causado la mordaz crítica de los comentaristas políticos es el fracaso para repintar el Estanque Reflectante frente al Monumento a Lincoln, una obra que ha costado más de 14 millones de dólares y ha sufrido problemas de mantenimiento. Y por si todo esto no fuera suficiente para inflar su ego, Trump ordenó al secretario del Tesoro que su firma quede estampada en los billetes de dólar y que se imprimiera una moneda de oro de un dólar con su rostro impreso. Además, ordenó que su rostro pintado quede impreso en los nuevos pasaportes que emita el Departamento de Estado.Más allá de estas extravagancias que pintan un personaje megalómano e inseguro, las políticas de Trump siguen polarizando y dividiendo Estados Unidos. Trump sigue impulsando una guerra contra los migrantes, la izquierda, la prensa independiente (la semana pasada citó a proceso judicial a reporteros del Times de Nueva York), a las feministas y el movimiento por el derecho a decidir y a la diversidad sexual. Aunque es una decisión estatal, pero bajo el influjo de sus políticas, Texas ordenó que pasajes de la biblia sean de lectura obligatoria en las escuelas del estado. Desde su presidencia, ordenó permitir actividades extractivistas en tierras y áreas que antes estaban protegidas ambientalmente. Trump está destruyendo todo aquello que alguna vez hizo que se considerara a este país como el faro de la democracia y la libertad. Todo indica que pasará a la historia como emperador romano. Wikipedia dice que “El reinado de Nerón se asocia comúnmente con la tiranía y la extravagancia”. Lo mismo puede decirse del segundo mandato de Donald Trump. Los historiadores de las próximas décadas se preguntarán cómo un político tan vulgar y megalómano pudo llegar al poder en el país más poderoso de la época.rubenmartinmartin@gmail.com