A finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado, casi cada ocho días iba al Ayuntamiento. Más adelante les diré cuál era la razón de mis visitas regulares al Palacio Municipal que tenía pocos años de haberse terminado la construcción (1952) y prácticamente olía a nuevo; un edificio de estilo neocolonial español, recubierto de cantera, en ese tiempo con pisos brillosos de color rojo, con enormes macetones y lleno de macetas que desafortunadamente en esa época sirvieron además como ceniceros. La gente decía que el tabaco servía de abono a las plantas. ¡Mmmm!Bueno, pues resulta que en el año de 1949 se iniciaron los trabajos para edificar lo que sería desde la década de los cincuenta del siglo veinte, el Palacio Municipal o edificio del Ayuntamiento, ubicado a un costado del Templo de La Merced, en la manzana de Hidalgo, Independencia, Pedro Loza y 16 de septiembre, hoy Paseo Alcalde y se puso en servicio el 31 de diciembre de 1952, siendo entonces el presidente municipal el doctor Juan I. Menchaca y el gobernador del Estado de Jalisco, el licenciado Jesús González Gallo y apenas empezaba la presidencia de la República a cargo del Licenciado Adolfo Ruiz Cortines.El edificio del Ayuntamiento ocupa el lugar donde estuvo alguna vez la residencia de los marqueses del Pánuco, don Francisco Javier Blas de Vizcarra y Moreno y su hijo don José Apolinario Vizcarra y del Castillo; después el lugar lo ocupó la antigua casa de Moneda y luego el Palacio del Arzobispado y las Cuartas Casas Consistoriales y durante el proyecto para la creación de la cruz de plazas, toda la manzana se derrumbó para edificarlo.La cruz de plazas rodea la Catedral: al Norte, la Rotonda, al Sur la Plaza de Armas, al Oriente la Plaza de la Liberación que el imaginario popular le llama la plaza de las dos copas y al Poniente la Plaza de los Laureles, que justamente está situada frente a la entrada del Ayuntamiento y sobre el estacionamiento que fue el primero en su tipo en América Latina, un estacionamiento subterráneo una construcción, bella sin duda.Un sitio con mucha historia; allí despacha Vero Delgadillo, nuestra alcaldesa y seguramente se recrea la vista cada mañana al subir a su despacho admirando los murales de Gabriel Flores, que fueron pintados entre 1962 y 1964, aunque hay quien dice que al autor no le acabaron de gustar y no quedó conforme con su obra.Gabriel Flores García fue un reconocido muralista mexicano, originario de nuestra ciudad de Guadalajara, autor de otros murales para el Teatro Experimental de Jalisco y de la Casa de la Cultura Jalisciense, pintor que se codeó con personajes como David Alfaro Siqueiros y Juan O’Gorman (hermano del historiador Edmundo) y José Clemente Orozco, entre otros.Párrafos atrás les decía que cada ocho días iba al Ayuntamiento; yo acompañaba a mi papá ocasionalmente entre semana a realizar trámites administrativos, pero invariablemente cada sábado pasaba en compañía de mi mamá a saludar a dos de mis tías que allí trabajaban: mi tía María Campirano Palencia y mi tía Eva Campirano Palencia.Cada sábado mi mamá acostumbraba ir a visitar el Santísimo Sacramento que siempre estaba expuesto en el Templo de Nuestra Señora de la Merced, en Alcalde y Pedro Loza; de allí cruzaba la calle para ir a la Mueblería Hernán para su pago semanal, porque debo decir y con mucho orgullo que mi mamá siempre fue muy cuidadosa de sus créditos y era muy formal en sus pagos porque decía que lo peor era traicionar la confianza que depositaban en ella las personas, en este caso los de la mueblería que le habían fiado lo mismo la sala que la recámara, y sabían que cada semana les iba a pagar los abonos pactados.Una vez cumplidos con los deberes piadosos y las obligaciones civiles, pasábamos a saludar —de pasadita, decía mi Mamá— a sus cuñadas Mary y Evita; me gustaba pasar a saludarlas principalmente a mi tía María porque invariablemente me tenía una paletita Mimí, ¿se acuerdan de esas paletas? Y platicaba más conmigo y en el caso de mi tía Eva, su favorito era mi hermano Francisco a quien le daba un puñito de dulces, marca Bocatti, pero bueno ambos las queríamos mucho y recibíamos igualmente su cariño y sus consejos; Dios las tenga en el cielo.Mis tías eran muy queridas por sus compañeros. A veces mi Tía María me invitaba a que la acompañara a llevar un documento a una dependencia y en el trayecto, en los corredores, se encontraba con sus compañeros de trabajo que la saludaban siempre efusivamente y ella les presumía a su sobrino o sea al suscrito, y a mí me daba mucho orgullo ir de su mano entre corredores, escritorios y oficinas saludando personas y admirando la limpieza y el orden y el brillo de sus mosaicos rojizos, ¡Que belleza!Con mi tía María, conocí el estacionamiento del Ayuntamiento, cuyo ingreso estaba por la calle Independencia, en el sótano del edificio, a la altura de la antigua Casa Anguiano, de artículos religiosos. En los sótanos del Ayuntamiento estaban las comisiones de Seguridad y el Servicio Secreto. También conocí la oficina del presidente municipal, el Salón de Sesiones del Cabildo y las distintas Direcciones y Jefaturas que en aquél entonces estaban todas concentradas en un solo lugar. Que tiempos.El ingreso principal estaba por la calle Hidalgo, y había bancas de madera por los cuatro costados; las ventanas de alrededor siempre abiertas, al menos sus postigos, podía uno desde la calle saludar a algún conocido que trabajara en la oficina municipal era un lugar que olía a fresco, a limpio, bien ventilado.El proyecto del edificio estuvo a cargo del arquitecto Vicente Mendiola, quien también es autor del proyecto de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, la conclusión de la Catedral de Toluca, la Fuente de Petróleos en la Ciudad de México y muchas obras más, un hombre muy reconocido.Mendiola también fue muy amigo de Juan O’Gorman, un excelente pintor quien es el autor de un mural que condensa la historia de México y que se encontraba en el restaurante Prendes, ubicado en la calle 16 de Septiembre, casi esquina con San Juan de Letrán en la Ciudad de México, que se fundó en 1862 y estuvo al principio en lo que hoy es el Palacio de Bellas Artes en la Alameda Central de donde lo removió don Porfirio Díaz y se trasladó a la calle 16 de septiembre y fue cerrado hace muchos años.Allí en el Prendes, fueron famosos los murales del mencionado Juan O’Gorman, y era frecuentado por artistas, políticos y periodistas como Manuel Buendía, restaurante famoso también por su delicioso Filete Chemita.Les propongo que un día de estos se den tiempo de ir al edificio del Ayuntamiento, y admiren su construcción que, aunque data de hace 74 años, encierra todo un tesoro histórico de muchos siglos atrás y se imaginen como era nuestra noble y leal Guadalajara en el siglo XIX y en los albores del siglo XX.Solo me resta agradecerles su lectura e invitarlos a reencontrarnos el próximo domingo aquí en EL INFORMADOR, ya saben, los espero con aromático café, bísquets crocantes con mantequilla y mermelada. Dios los cuide. Hasta entonces.lcampirano@yahoo.com