Lunes, 03 de Agosto 2026

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El legado que deja un Mundial: cuando el fútbol inspira a los empresarios

Por: Núria Vilanova

El legado que deja un Mundial: cuando el fútbol inspira a los empresarios

El legado que deja un Mundial: cuando el fútbol inspira a los empresarios

El Mundial de Fútbol de 2026 ya forma parte de la historia. Una cita global que comenzó en México y acabó con España levantando la copa gracias al gol decisivo de Ferrán Torres. Pero, una vez apagados los focos y terminadas las celebraciones, llega el momento de preguntarnos qué permanece cuando el balón deja de rodar.

Los grandes acontecimientos deportivos no deberían medirse únicamente por el campeón que levantó el trofeo, porque su verdadero éxito reside en la huella que son capaces de dejar. Resultado de una visión compartida entre instituciones, empresas y sociedad.

Un Mundial moviliza inversiones, impulsa infraestructuras, acelera la innovación, dinamiza sectores económicos y abre nuevas oportunidades de negocio. Pero, sobre todo, demuestra algo que en el ámbito empresarial conocemos bien: Cuando existe colaboración entre el sector público y el privado, las iniciativas alcanzan una dimensión que ninguno de los dos podría lograr por separado.

En Iberoamérica tenemos numerosos ejemplos de cómo esa cooperación multiplica el alcance de las inversiones. Las administraciones crean el marco adecuado, pero son las empresas las que aportan conocimiento, capacidad de ejecución, talento, empleo y una visión de largo plazo que transforma una inversión puntual en crecimiento sostenible.

Ese es, probablemente, uno de los principales aprendizajes que nos deja este Mundial.

En el IX Congreso Iberoamericano de CEAPI, celebrado también este año en México, escuchamos una reflexión que resume perfectamente el poder transformador del deporte. Alejandra de la Vega, presidenta del FC Juárez y primera mujer en dirigir un equipo en el país, explicaba que el fútbol tiene un triple impacto: económico, social y humano.

El primero resulta evidente. Alrededor del fútbol se genera una enorme cadena de valor que moviliza inversión, turismo, servicios, comercio, tecnología y desarrollo. Es una industria capaz de activar numerosos sectores y de convertirse en un motor de progreso para un territorio. México ha demostrado su capacidad para organizar encuentros.

Pero quizá sean las otras dos dimensiones las que más nos invitan a reflexionar.

La presidenta nos contó cómo el equipo de los Bravos y las Bravas nació también con el propósito de ofrecer nuevos referentes a una comunidad profundamente marcada por la violencia. Un futbolista puede convertirse en un modelo aspiracional para miles de jóvenes. La estructura de un club permite formar personas, además de deportistas, transmitiendo valores como la disciplina, el esfuerzo, el trabajo en equipo o la capacidad de levantarse después de una derrota. Aunque solo unos pocos lleguen al fútbol profesional, todos pueden llevarse ese aprendizaje para construir un mejor futuro.

Existe, además, una tercera dimensión igualmente valiosa: la cohesión. Pocas cosas generan un sentimiento de pertenencia tan poderoso como un equipo. Durante noventa minutos desaparecen muchas diferencias y una comunidad entera comparte un mismo objetivo. El deporte conecta con aquello que nos une.

Las empresas también tienen esa capacidad de transformar la realidad más allá de su actividad económica. No solo crean riqueza. Generan oportunidades, incorporan tecnología, desarrollan talento y refuerzan el tejido social de los territorios donde operan. Por eso resulta tan natural que cada vez encontremos más compañías que entienden el deporte como una inversión con retorno económico, pero también social.

Desde CEAPI defendemos precisamente esa visión del empresariado: líderes comprometidos con el desarrollo de sus sociedades, capaces de tender puentes entre países y de promover alianzas que generen prosperidad compartida. La colaboración público-privada no es un concepto teórico; es una herramienta imprescindible para afrontar los grandes desafíos de nuestro tiempo.

No deja de ser una hermosa coincidencia que el Mundial y el Congreso de CEAPI hayan compartido escenario este año en México. Ambos han reunido a miles de personas convencidas de que las grandes iniciativas solo prosperan cuando existe cooperación. Y también resulta simbólico que el gol que dio el título a España llevara la firma de un valenciano, Ferrán Torres, precisamente la ciudad que acogerá el Congreso de CEAPI en 2027.

Las coincidencias son eso, coincidencias. Pero también nos recuerdan que Iberoamérica está unida por mucho más que una lengua o una historia compartida. Está unida por personas, empresas, cultura, valores y proyectos que creen en la cooperación como la mejor forma de construir futuro.

Cuando dentro de unos años recordemos este Mundial, seguramente hablaremos de la final y de ese gol en el minuto 106. Pero la verdadera huella serán las alianzas que hayan contribuido a fortalecer, en las oportunidades que haya abierto para las empresas, en las inversiones que haya propiciado y en las personas cuya vida habrá cambiado gracias a un esfuerzo colectivo.

Porque, igual que ocurre en el fútbol, las grandes victorias nunca son obra de un solo jugador.

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