Miércoles, 08 de Julio 2026

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El día después

Por: Ricardo Villanueva

El día después

El día después

Hay algo extraño en el día después de que México queda eliminado de un Mundial. Y no me refiero a esa nostalgia inevitable que deja toda ilusión cuando termina.

La normalidad empieza a regresar a las calles. Las oficinas recuperan su ritmo habitual. Los grupos de WhatsApp dejan de hablar de futbol y vuelven a los pendientes de siempre. Las playeras verdes van regresando al clóset y las conversaciones cambian de tema casi con la misma velocidad con la que el árbitro marcó el final del partido.

Todo vuelve a la normalidad. Y, sin embargo, esa normalidad deja una sensación difícil de explicar.

Durante unas semanas ocurrió algo poco frecuente. Millones de mexicanos organizamos nuestros horarios alrededor de un mismo acontecimiento. Desconocidos conversaron en la fila del café. Familias completas hicieron espacio en la agenda para reunirse a ver un partido. En las oficinas hubo pausas que nadie cuestionó. En las plazas y restaurantes, un gol provocaba abrazos entre personas que jamás se habían visto.

Qué bonito fue volver a escuchar un grito colectivo cada vez que Gil Mora se atrevía a encarar rivales con la naturalidad de quien todavía juega en la calle. Qué bonito fue levantarnos del asiento con los golazos de Julián Quiñones, celebrar las atajadas del Tala Rangel, discutir los cambios del entrenador y sufrir juntos cada minuto del partido. Durante unos días volvimos a compartir una misma emoción. Y, aunque el resultado no fue el que quisiéramos, quizá lo más valioso fue recordar que todavía existen historias capaces de hacernos latir al mismo tiempo.

México quedó eliminado. Así es el deporte. Pero el marcador rara vez cuenta toda la historia. Reducir estas semanas al resultado del marcador sería perder de vista lo más importante que ocurrió. Lo verdaderamente extraordinario no fue el futbol. Fue descubrir que somos capaces de construir comunidad.

Hace unas semanas escribía que el Mundial nos devolvía esa antigua plaza pública donde una sociedad podía reunirse alrededor de una misma conversación. Hoy esa plaza comienza a vaciarse. La pregunta es si de verdad tiene que desaparecer.

Quizá parte del problema es que, sin darnos cuenta, hemos ido renunciando al espacio público. Durante generaciones, la plaza, el parque, la cancha del barrio o simplemente la banqueta fueron lugares donde las personas se encontraban sin necesidad de planear demasiado. No hacía falta comprar un boleto, pagar una entrada o consumir para permanecer ahí. Bastaba con llegar. Eran espacios donde convivían niños y adultos, vecinos y desconocidos; donde las conversaciones surgían de manera espontánea y una comunidad aprendía a reconocerse como tal.

Hoy muchos de esos encuentros han sido sustituidos por espacios privados. Nos vemos en centros comerciales, cafeterías o restaurantes; lugares valiosos, sin duda, pero donde el encuentro suele estar acompañado de una condición silenciosa: consumir. Pareciera que para convivir primero hay que comprar algo.

Quizá por eso el Mundial resulta tan valioso. Durante unas semanas nos recuerda que todavía existe otra forma de encontrarnos.

Tal vez uno de los grandes desafíos de nuestras ciudades sea recuperar esa vocación del espacio público. Volver a llenar de vida las plazas, los parques, las canchas, las bibliotecas, los campus universitarios y tantos lugares donde la convivencia no dependa del consumo, sino únicamente del deseo de estar juntos.

Las universidades, los gobiernos y las propias comunidades tienen una enorme responsabilidad en esa tarea. No basta con diseñar mejores ciudades; necesitamos volver a habitarlas.

El Mundial va terminando, pero la necesidad de encontrarnos no.

Quizá ese sea el verdadero aprendizaje que deja el día después. Lo importante nunca fue solamente el futbol. Lo importante fue descubrir que seguimos buscando cualquier pretexto para sentir que pertenecemos a algo más grande que nosotros mismos.

Ojalá no esperemos otros cuatro años para volver a encontrarnos.

X: @rvillanueval

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