A partir del 3 de noviembre, ningún pasajero que haya estado en el Congo durante los últimos 21 días podrá ingresar en territorio estadounidense. Más de 5 mil personas han muerto a consecuencia de una variante del ébola para la que no existen vacunas, y que hoy se ha extendido por Kenia, Uganda y Nigeria, y ya ha sido detectada en Francia, los Países Bajos y Alemania.Esto ocurre en un momento en el que el vórtice polar ártico da señales de estarse rompiendo: masas de aire helado se podrían desplazar hacia el sur del planeta, generando uno de los inviernos más crudos de que hay registro.Para mediados de noviembre varios países podrían presentar serias fallas en los servicios de electricidad y de agua. Bajo cruentas tormentas de nieve y de hielo, que podrían prolongarse a lo largo de varias semanas, los cultivos quedarían destrozados, habría daños brutales en cosas como la ganadería.Más de 40 países han pedido a sus habitantes asegurar mochilas de emergencia y tomar previsiones: almacenar comida y agua que les permitan asegurar tener autosuficiencia durante un periodo que va de 72 horas a varias semanas.En un efecto de contagio, en poco tiempo se han sumado a esos llamados Reino Unido, Irlanda, Francia, Alemania, Países Bajos, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Suecia, Estonia, Austria, Suiza y Croacia.Así como Canadá, Estados Unidos, Japón, Taiwán, Israel, India, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda.Estados Unidos se prepara para la guerra abierta en Medio Oriente para una guerra “breve pero intensa”, según “The Wall Street Journal”. Irán amenaza con responder de inmediato en una guerra “sin límites geográficos”. En Rusia y Ucrania la guerra sigue sin salida. La tensión crece en Taiwán y China.Expertos sostienen que en este momento hay más conflictos activos que en cualquier momento desde la Segunda Guerra Mundial.Las redes se han contagiado de un clima de locura, que amplifica en todo el mundo la sensación de amenaza. Se habla de apagones, ciberataques, inundaciones, afectaciones a la infraestructura de todo el mundo, misiles que no han sido lanzados, y ciudades destruidas que en realidad siguen en pie.“The New York Times” ha identificado más de 100 videos generados con IA que avisan sobre supuestos ataques y destrucciones.Se habla de que los ricos del mundo han construido búnkeres en islas apartadas para esperar el fin.La idea de que viene “algo que no nos están diciendo” ha llegado a niveles delirantes. El “apagón mundial” dejará las cuentas bancarias en ceros. El planeta perderá su información. En las tinieblas, y sin que los gobiernos puedan dar respuesta a la emergencia, comenzarán los saqueos: primero, contra las tiendas y los almacenes. Cuando no quede nada en ellos, turbas enardecidas se lanzarán sobre las casas en los barrios acomodados, y luego saldrán en masa hacia el campo.“Habrá apagones de luz y en las telecomunicaciones. Después de estar desconectados comenzará el caos. Yo me voy para la sierra. Cuídense mucho y quédense cerca de los suyos. El fin de los tiempos llegó”, se repite en X y otras redes sociales. La recomendación: almacenar garrafones de agua, latas de atún, frijoles y verduras, pilas, linternas y radios portátiles, así como dinero en efectivo.En el café al que de vez en cuando me gusta meterme a leer, hablan en la mesa de junto de “las señales de los últimos días”. Ya todo estaba, desde luego, escrito en la Biblia: guerra de nación contra nación y reino contra reino, terremotos, desastres naturales y enfermedades terribles. Multiplicación de la maldad, lunas rojas, aparición de falsos maestros. La gran tribulación de la que habla el apóstol Mateo.Recuerdo que todo iba terminar el 21 de diciembre de 2012, “según el calendario maya”. Llevamos siglos escribiendo libros sobre el final de los tiempos. Hay historiadores que afirman que ese momento ha llegado más de 160 veces.Bernardo de Turingia aseguró que todo iba a terminar el 25 de marzo del año 992, porque ese mismo día se juntaba el día de la concepción de Jesús, con el viernes santo de su muerte. Hay crónicas que afirman que ese día se registró un éxodo masivo a las montañas.El 31 de diciembre de 999, miles de personas se juntaron en Roma.La Biblia aseguraba que Satanás se liberaría después de mil años, y el Beato de Liébana auguraba el arribo a la tierra el ejército infernal de Gog y Magog. Simultáneamente llegarían el Anticristo y el Hijo del Hombre, para llevar a cabo el Juicio Final.El astrónomo alemán Johannes Stoeffer, de la Universidad de Tubinga, desató el pánico en Europa al predecir que el 20 de febrero de 1524 habría de producirse, cuando los planetas se alinearan con el signo de Piscis, un diluvio semejante al de los tiempos de Noé: un diluvio que acabaría con la vida en la tierra.Cientos de panfletos -las redes sociales de entonces- reprodujeron su profecía: más de 20 mil personas salieron huyendo de Londres, y un conde alemán se hizo construir un arca de tres pisos.Aquel día el cielo se nubló, pero solo cayó una llovizna.500 años más tarde yo pido otro café, e intento adivinar cuánto atún hay que comprar para sobrevivir al Apocalipsis inminente de estos días.