“¿De dónde charcos si no llueve?”, dice la sabiduría popular. Y sí, para que haya charcos primero tiene que llover o, dicho de otra manera, alguien tiene que poner el agua.El Sistema Universal de Salud en México es un anhelo largamente acariciado. No es una brillante idea de López Obrador. Él únicamente le aportó algo de descaro y muchas falacias a una idea que se venía discutiendo desde hace dos décadas.Ayer, la Presidenta Claudia Sheinbaum, en un salto tan valiente como riesgoso, anunció que publicará hoy un decreto para la creación de este sistema universal que unifica a los tres grandes, ISSSTE, IMSS e IMSS-Bienestar en uno solo. La lógica es impecable: si sumamos las capacidades instaladas de todos, los promedios de atención van a subir.Lo dicho, en el Excel nadie pierde y todo se mejora. El problema es que la vida real no se maneja con programas estadísticos sino con personas concretas con padecimientos concretos.El riesgo a corto plazo es que la de por sí comprometida capacidad de atención a los derechohabientes que sí pagan empeore. Y hay que destacar “los que sí pagan”, porque una de las grandes falsedades es que el IMSS es gratuito, tanto los trabajadores como los empleadores pagan una cuota mensual que juntos, en un salario promedio de 18 mil pesos, cuesta cerca de 5 mil pesos mensuales (500 los aporta el trabajador y 4 mil 500 el empleador). Hace 15 años, Santiago Levy, economista, ex funcionario e investigador, hizo una propuesta fiscal para que la salud y la educación fueran realmente servicios universales y gratuitos: aumentar la tasa del IVA lo que fuera necesario (el cálculo oscilaba entre tres y cuatro puntos) para cubrir el gasto de ambos. La propuesta tenía un beneficio secundario, pero no menos importante: bajar el costo de la creación de empleo formal en México. Ningún partido, ni de izquierda ni de derecha, hizo suya la propuesta.Si la política de salud de la Presidenta Sheinbaum no viene acompañada con una reforma fiscal (y por ahora no hay visos de que así sea), lo único que se va a universalizar son las carencias. El gasto actual del gobierno mexicano en salud es alrededor de 2.5% del PIB. Los organismos internacionales señalan que un país como México requiere al menos un gasto de 6 por ciento de su PIB en salud. Para entendernos, nos faltan más o menos 1.2 billones de pesos anuales para llegar a las cifras mínimas recomendadas, no digamos a Dinamarca, que gasta 14 veces más que nosotros en salud por habitante. Hoy por hoy, entre los Estados, las familias y el sector privado aportan más de la mitad de este déficit, así que supongamos que con medio billón al año sería suficiente para que el Sistema Universal de Salud funcione. Volvemos a la pregunta inicial: ¿de dónde van a salir charcos en tiempo de secas?