Domingo, 05 de Julio 2026

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Barrios, cuarteles y sectores

Por: Abel Campirano

Barrios, cuarteles y sectores

Barrios, cuarteles y sectores

Recorrer a través del recuerdo el centro de la ciudad es volver a caminar por sus calles pero con la mirada de antes.

La ciudad fue ordenando su territorio en barrios y cuarteles, después por manzanas y sectores, y luego por zonas territoriales, pero sigue siendo la misma, aunque con dimensiones diferentes y con muy lamentables pérdidas arquitectónicas como el Palacio de Cañedo, las Casas Consistoriales, el Palacio Arzobispal, el antiguo Templo de La Soledad, la antigua Escuela de Música y Trabajo Social, la inolvidable Plaza de Toros El Progreso, el edificio donde estaba el Cine Lux, entre muchos otros tesoros, como las viejas casonas del West End, la Moderna, la Americana y muchas otras colonias.

En 1782, Martín de Mayorga, cuadragésimo séptimo virrey, dividió la Ciudad de México en ocho cuarteles, partiendo siempre del concepto hispano de tener en el centro los poderes civil y eclesiástico.

Nuestra Guadalajara siguió el ejemplo y en 1790, don Antonio de Villaurrutia y Salcedo, propuso la división en 14 cuarteles; las familias de aquél entonces se distribuían en el Centro de la ciudad en tanto que los núcleos indígenas como Mexicaltzingo y Analco por un lado y Mezquitán por otro se constituyeron en barrios, en las orillas de la urbe. Como en el Centro se seguía el trazado cuadriculado, así se fue extendiendo poco a poco, con base en cuarteles y manzanas hasta los tiempos del Porfiriato en que se decidió dividirla en 4 sectores.

Dentro de las manzanas más antiguas de las que se tiene memoria, se encuentran las llamadas “cuadritas”, obra del benemérito Fray Antonio Alcalde y Barriga, dominico originario de Cigales, España, que desarrolló un proyecto social que dio como consecuencia 16 manzanas con muchas viviendas multifamiliares y por supuesto su enorme legado como el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, el Hospital Civil y la Universidad de Guadalajara principalmente.

Bueno, pues sigo con el relato. Poco a poco se fueron formando los barrios, casi todos en torno a un templo y así vieron la luz los barrios de Mexicaltzingo, Mezquitán, Analco, San Juan de Dios, el Santuario, Barrio del Carmen, Del Pilar, Capilla de Jesús, El Retiro, Santa Mónica y otros más que aún se identifican con ese nombre: el barrio.

En la Guadalajara antigua, la división en cuarteles ayudaba a organizar la vida cotidiana, la vigilancia, los padrones y los servicios públicos. Aquella forma de repartir el espacio respondía a una ciudad más pequeña, donde las referencias principales eran los barrios, las parroquias, las plazas y las calles cercanas al centro.

Con el paso del tiempo, las manzanas dieron precisión al crecimiento urbano: cada cuadra quedó integrada a una trama que permitía localizar casas, comercios y vecindades con mayor orden.

Como decía en párrafos atrás, durante el Porfiriato, se dividió la ciudad en sectores. Fueron cuatro: Hidalgo, Juárez, Libertad y Reforma; si ustedes se fijan, son concordantes unos con otros: Hidalgo: Libertad; Juárez: Reforma.

Estos nombres quedaron grabados en placas, direcciones antiguas y recuerdos familiares. Para muchas personas mayores, decir “sector Hidalgo” o “sector Libertad” no era una simple referencia, sino una manera de ubicarse en la ciudad y de reconocer rumbos, oficios, colonias y costumbres.

Una de las curiosidades de ese trazo fue que algunas calles cambiaban de nombre al cruzar ciertos límites. La misma vía podía recibir una denominación en un sector y otra al entrar en el siguiente. Así, los nombres antiguos y modernos de las calles forman una especie de mapa de la memoria: unos aparecen en documentos, recibos, escrituras o relatos de familia; otros pertenecen a la nomenclatura actual y al uso diario de la ciudad contemporánea.

En otra página de mis recuerdos comentaré con ustedes sobre los distintos nombres que tenían las calles como, por ejemplo: la de Madero que se llamaba de Los Placeres, la del Carmen después Juárez, la de San Francisco hoy 16 de septiembre, Los Naranjitos hoy Cruz Verde así como la forma como se les asignaban números a las calles y a las casas.

Seguimos con el relato. Viene la modernidad, el enorme y desordenado crecimiento urbano y la división tradicional cambió; las nuevas colonias y centros de distribución de mercancías y fuentes de trabajo dieron origen a la adopción de nuevas denominaciones de zonas, como la Centro, Minerva, Huentitán, Oblatos, Tetlán, Tecnológico e Industrial.

Sin embargo, por fortuna y para beneficio de la historia urbana y la tradición tapatía, los sectores antiguos no desaparecieron del todo: sobreviven en algunas placas en las esquinas, en los mapas históricos, en la memoria de los vecinos y en la forma en que algunas familias todavía recuerdan dónde vivieron sus abuelos, por ejemplo recuerdan dónde estaba una tienda, la carnicería, el mercado, la escuela o el centro de salud.

Cada cuadra, cada manzana, cada cuartel, cada sector, conserva su esencia y nos brinda una pista del pasado y conserva la historia de quienes caminaron esas calles antes que nosotros.

La división de Guadalajara en cuatro sectores constituyó una forma práctica de ordenar la ciudad cuando ésta todavía podía entenderse desde su centro y sus rumbos principales. Aquellos nombres no sólo aparecían en documentos oficiales, también permitían ubicar la casa, la escuela, el taller, la oficina, el mercado, la botica y cuando hacíamos una solicitud de crédito en alguna de las casas comerciales de antes como Mueblería Hernán, Muebles Mayco o Las Fábricas de Francia por ejemplo, siempre pedían que uno ubicara su domicilio con referencia a los sectores Hidalgo, Juárez, Libertad o Reforma.

El sector Hidalgo se extendía por el noroeste de la ciudad, una Guadalajara que comenzaba a extenderse hacia espacios más abiertos, calles más amplias, con casas nuevas, jardines, comercios elegantes y una vida urbana distinta a la del Centro antiguo.

El sector Juárez conservaba una relación más estrecha con el corazón histórico de Guadalajara. En sus calles se sentía el peso de la ciudad antigua: templos, portales, plazas, oficinas, comercios tradicionales y edificios que parecían contar la historia de varias generaciones. Para muchos tapatíos, este sector era el punto de referencia desde el cual se medía la distancia hacia los demás rumbos.

El sector Libertad hacia el noreste se relacionó siempre con los barrios populares, con gran actividad comercial y una vida de calle muy intensa. En ese rumbo aparecían mercados, talleres, viviendas sencillas, pequeñas industrias y espacios de reunión vecinal.

El sector Reforma se extendía hacia el sureste y también fue identificado con zonas industriales, obreras, talleres y salidas hacia otros municipios cercanos. En la memoria urbana, este sector representaba la Guadalajara que crecía más allá de sus límites tradicionales, acercándose a Tlaquepaque, Tonalá y otros rumbos que con el tiempo formarían parte de la vida metropolitana y abandonarían el esquema de las Garitas como la de Tlaquepaque.

La división entre sectores también explica por qué ciertas calles cambiaban de nombre al cruzar una avenida o una calzada.

Hoy, los cuatro sectores siguen vivos en la memoria; por sus calles anduvieron nuestros abuelos, nuestros padres y vivimos nuestra infancia. Son la reminiscencia de viejos tiempos de andar cansino, de ciudad silenciosa y segura, de gente amable y clima privilegiado.

Nombrar las calles antiguas, los viejos barrios, los sectores y mirar las placas que aún se ven indicando el cuartel, es abrir una puerta al pasado del cual les seguiré relatando en este mismo espacio, en EL INFORMADOR, donde los espero la próxima semana si Dios quiere, con mi cafecito, mis infaltables bisquets con mantequilla y mermelada de fresa. Feliz domingo y que gane México.

lcampirano@yahoo.com

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