Domingo, 05 de Julio 2026

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No es para tanto, pero no es poco

Por: Augusto Chacón

No es para tanto, 
pero no es poco

No es para tanto, 
pero no es poco

A propósito del futbol, el arte de lo efímero: la jugada hermosa que aparece casi de la nada y a la nada va a dar; no importa si terminó en gol, si merced a ella se impidió alguno o si ocurrió a mitad de la cancha sin más efecto que la sensación inconsciente del arte súbito que segundos después se agota; la suma de esos instantes que se esfuman no bien los celebramos es la que realiza la magia comunal del futbol, esa que expresamos con la emoción que se vuelve gritos, brincos e interjecciones colectivos; magia también efímera, pero residual: pervive en las pláticas posteriores que provoca el juego para dejarnos la promesa de la efervescencia que traerá el próximo partido.

El pintor José Luis Cuevas en su versión de escritor cuenta, en el libro “Gato macho”, la anécdota de sus murales efímeros en espectaculares callejeros en el extinto Distrito Federal, con los que, según él, “daba el tiro de gracia al muralismo mexicano al que venía combatiendo diez años atrás”, y continúa: “mi obra no tenía pretensión de lo eterno”.

Los jugadores de futbol, y el arte que de repente hacen brotar, no sólo no pretenden fijar para la eternidad lo que ejecutan, de repente esplendoroso, la mayoría de las veces eso que hacen de artístico no pasa por decisiones conscientes (como el grito de gol que se manda solo), a pesar de que gracias al registro en video algunas jugadas puedan verse una y otra vez en internet; me atrevo a afirmar que lo que buscan los espectadores posteriores ya no queda en el ámbito del arte, es nomás atestiguar la habilidad y el talento del jugador, una jugada extraordinaria extraída del paisaje entero del partido específico y de su contexto es una curiosidad.

A propósito del futbol, la demagogia: sin recurrir a la ciencia política, basta lo que dice la Real Academia sobre el término: “Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.”

Atenidos a la definición de “degenerar”, estamos, supongo que no hay duda, ante una democracia decaída, desdiciéndose, en declinación, que no corresponde a las expectativas que respecto a ella teníamos hace unos años, tampoco es de dudarse que la clase política y sus partidos no la quieren regenerar, prefieren apelar a la demagogia en cualquiera de sus versiones; por estos días, la que el futbol pone al alcance. Solo que, y quizá sea prematura la evaluación, por más que lo han intentado por ninguna parte aparece que se hayan podido apropiar del fenómeno, en el imaginario (no para cuentas mercantiles) la Selección mexicana es propiedad de la gente, también el futbol; ha quedado claro en las multitudes convocadas por el resultado de los partidos, se adueñan del espacio público.

Como un trasatlántico que en su avance hace naufragar las embarcaciones menores que se le acercan, el público del futbol ha hecho a un lado a los políticos que se atreven a mostrarse en el territorio en posesión de las y los aficionados, en él no existen los elementos necesarios para la supervivencia de aquéllos. A lo lejos pueden clamar —aunque nadie les haga caso—, que gracias a ellas, a ellos, etc., pero no se atreven a mostrarse abiertamente en un estadio, menos en las calles en las que el pueblo (aquí sí cabe el sustantivo) festeja. No pertenecen. A propósito del futbol: ¿a qué sí pertenecen? El Mundial empequeñeció su ámbito y como consecuencia, luego de que el torneo termine, tal vez se haga más evidente la cantidad de males propiciados por los gobernantes que no cumplen los compromisos que contrajeron por estar concentrados en la demagogia.

A propósito del futbol, la imposibilidad de que la esperanza sea suficiente para predecir el futuro, y a propósito de lo efímero, este artículo periodístico, escribo: en unas horas México juega contra Inglaterra, en poco más de veinticuatro mientras tecleo, apenas en algunas para quien lee el domingo 5 de julio de 2026 por la mañana. La esperanza vence al criterio histórico, a las ganas de parecer objetivo o al menos a la prudencia: México ganará, cómo no. (Hablamos del México futbolero, cualquier extrapolación a otras esferas es responsabilidad de esperanzas diversas). No bien lo expreso, y peor, no bien lo dejo impreso en la hoja en blanco, quiero volver a la sensatez: sí, es posible ganar, pero todo puede ocurrir, etc. Pero no me arredro, ganaremos, al fin ¿qué pasa si me coloco del lado optimista soñador y fallo? Nada, es parte del juego; en todo caso si el equipo pierde dando una lucha digna, nada que objetar, nada por arrepentirse: el rival también juega.

Y a propósito del futbol y de lo anterior ¿cuánta esperanza, por tenue que sea, renace a cada elección popular? Salvo que la política y sus perpetradores, a diferencia del futbol y la Selección, no están en el ánimo de la gente como si les fueran propios; por la política, salir a la calle a manifestarse únicamente ocurre con incentivos monetarios o en especie y casi nadie espera con fervor la siguiente elección: entre el germen de esperanza que se resiste a morir y la resignación como refugio último, media el mal gobierno de las y los elegidos (de arte, ni hablar), y del lado de la tribuna no hemos sido capaces de cerrar el círculo con coraje, con enojo; consuetudinariamente perdemos sin dar la lucha y la dignidad no es una categoría útil en la relación entre la política y las ciudadanas y los ciudadanos, porque en este caso los que juegan son ellos, sus rivales son ellos mismos y nosotros no contamos, ni siquiera como los espectadores en el futbol.

agustino20@gmail.com

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