Martha fue notificada de que su esposo inició un juicio de divorcio incausado, el llamado “divorcio exprés”: que se ejecuta con que uno de los cónyuges así lo quiera, sin acreditar motivos, causas ni justificaciones. El nombre de ella es ficticio, pero su historia y la trascendencia no.Primero, el vínculo matrimonial se disolvió (nadie puede ser obligado a mantener un proyecto de vida con el que ya no está de acuerdo), pero en el proceso de divorcio hay derechos que deben garantizarse para quienes se dedicaron, durante el matrimonio, al cuidado de los hijos y administrar el hogar.La Suprema Corte de Justicia de la Nación publicó el pasado 8 de mayo una tesis que obliga a los jueces a considerar el desequilibrio económico que enfrentan miles de mujeres durante la separación, por haber asumido las cargas domésticas y familiares sin una remuneración. Es decir, juzgar con perspectiva de género.“En los casos de disolución del vínculo matrimonial celebrado bajo el régimen de separación de bienes, el juzgador deberá considerar las circunstancias particulares del caso concreto, en especial, la situación económica del o la cónyuge que se dedicó al trabajo del hogar y al cuidado y educación de los hijos”, según la tesis del amparo directo 282/2024.“Así como evaluar si los roles perpetuados por el transcurrir del tiempo derivaron en un desequilibrio patrimonial entre los miembros de la pareja, para que pueda resolver válidamente el pago de alimentos compensatorios y condenar a una compensación de bienes”.Martha explicó durante el juicio que aunque ella tenía título de ingeniera mecánica electricista nunca ejerció y durante los siete años de matrimonio se dedicó a sus hijos; además, estaban casados por bienes separados y, como comúnmente sucede, nada estaba su nombre.Con base en esta tesis, a la persona que asumió las cargas domésticas y el cuidado y educación de los hijos deberá garantizársele durante el divorcio dos prestaciones: una pensión compensatoria y una indemnización por bienes adquiridos durante el matrimonio. Con ello, se busca resarcir y compensar que quien se encargó de los cuidados tiene menos posibilidades de reintegrarse al mercado laboral.El trabajo en el hogar ha sido invisibilizado durante siglos, asumiendo erróneamente que los cuidados son una “obligación natural” de las mujeres o las madres, por lo tanto, sin una retribución económica. Y en los divorcios se vuelve evidente una grave asimetría: quien asumió las cargas domésticas es la parte menos favorecida de la pareja. Y el dedicarse al hogar también es sostener la casa.