Cuauhtémoc, Cuauhtemotzin, como era el nombre que indicaba su pertenencia a la realeza mexica, es uno de los personajes más interesantes y queridos de la historia nacional. Representa la resistencia, el orgullo y, al final, como la mayoría de nuestros héroes, la derrota digna. Es también uno de los personajes más manoseados por la historia oficial.El último Huey tlatoani de Tenochtitlán llegó a los altares de la patria de la mano de Porfirio Díaz. Fue el dictador oaxaqueño, promotor del entonces llamado nuevo indigenismo mexicano, quien encargó la primera gran estatua monumental de Cuauhtémoc, la que ahora está en el cruce de las avenidas Insurgentes y Reforma en la Ciudad de México. Fue también en el siglo XIX, durante la época romántica, que el yucateco Eligio Ancona, en una licencia poética, cambió la narración de Bernal Diaz del Castillo, quien cuenta que durante la tortura que le infringieron los españoles, el tlatoani habría dicho “¿acaso estoy yo en un baño o delicia?”. El escritor romántico lo cambió por un tan falso como cursi “¿acaso estoy yo en un lecho de rosas?”. Como la historia oficial es por naturaleza reductiva y cursi, todos los mexicanos crecimos sabiendo, y creyendo, que estas habían sido las palabras del valiente Cuauhtémoc.Es un misterio la fecha exacta de la muerte del último tlatoani. Sabemos que murió en Honduras durante una expedición en la que Cortés perseguía a Cristóbal de Olid y que en algún momento al conquistador le pegó la paranoia y se convenció de que Cuauhtémoc estaba organizando una rebelión en todo el país. Sin mediar juicio, lo hizo ahorcar. De ahí para acá todo han sido especulaciones y no pocas mentiras. El mito de que la fecha de su muerte es el 28 de febrero y que sus restos descansan en Ixcateopan, el mismo lugar donde nació y fue enterrado su ombligo, ha sido parte de un debate que renace cada vez que alguien necesita la imagen del héroe azteca para reafirmar el nacionalismo.Hoy, la Presidenta realizará en el Zócalo un gran homenaje a Cuauhtémoc. No sólo ondeará la bandera a media asta, como cada 28 de febrero, sino que seguramente veremos decenas de grupos de danza portando vistosos trajes de plumas pretendidamente indígenas. La estética de los trajes “aztecas” de los danzantes que honrarán la memoria del héroe es producto, en un primer momento, de la imaginación y la mano de Jesús Helguera, el pintor post revolucionario que hizo de los indígenas unos seres mestizos, con cuerpos de gimnasio, vestidos solo con taparrabos y coronados de vistosas plumas, esas imágenes que tanto hemos visto en los calendarios de carnicería y en las cajas de los cerrillos Clásicos. La segunda vuelta de tuerca es mucho más reciente. Algunos grupos de danza, sobre todo en Ciudad de México y en el parque de diversiones de Xcaret, han adoptado la rebuscada y falsa estética de la película Apocalipsis de Mel Gibson, donde los penachos, además de exagerados, tienen atemorizantes figuras de calaveras.Quién dijo que ser héroe es fácil: además de aguantar las manipulaciones políticas hay que resistir la cursilería nacionalista del catecismo de la patria y la falsa estética de la mexicanidad.