Miércoles, 29 de Julio 2026

Cuando la mente pide auxilio

Sebastián Dezma retoma “El diario de un loco”,  de Nikolái Gógol, para explorar la soledad, la presión emocional y la necesidad de ser escuchado en una sociedad donde la salud mental sigue siendo un tema urgente

Por: El Informador

El actor Sebastián Dezma regresará a Guadalajara el próximo 7 de agosto con su adaptación del clásico de Nikolái Gógol. ESPECIAL

El actor Sebastián Dezma regresará a Guadalajara el próximo 7 de agosto con su adaptación del clásico de Nikolái Gógol. ESPECIAL

Casi dos siglos separan la publicación de “El diario de un loco” de la realidad que hoy atraviesan millones de personas. Sin embargo, para Sebastián Dezma, el paso del tiempo no ha debilitado el texto de Nikolái Gógol. Al contrario, considera que los conflictos que impulsan la historia permanecen presentes en una sociedad donde la presión cotidiana, la soledad y la salud mental ocupan un lugar cada vez más visible. 

Esa convicción ha acompañado al actor desde 2017, año en que estrenó su adaptación del clásico ruso. Desde entonces ha recorrido distintos escenarios con el monólogo y el próximo 7 de agosto regresará a Guadalajara para presentarlo en el Teatro José Pablo Moncayo de PALCCO.

La obra sigue a “Leonardo Ivanovich”, un hombre común cuya vida comienza a fracturarse hasta perder contacto con la realidad. A través de un diario personal, el personaje comparte pensamientos, deseos, frustraciones y emociones que poco a poco revelan el deterioro de su mente. Para Dezma, el verdadero interés de la historia nunca ha sido representar la locura como espectáculo, sino acercarse a la persona que existe detrás del diagnóstico.

“Yo lo comparo mucho con la música. Cuando una pieza está bien compuesta, cuando está bien hecha, permanece. Creo que con este texto sucede algo parecido. El ser humano sigue siendo el mismo, pero la mente continúa enfrentándose a problemas que no ha logrado resolver. La esquizofrenia, la depresión y muchos otros padecimientos no han desaparecido; al contrario, los problemas sociales y las presiones emocionales van en aumento”, explica el actor, en entrevista con EL INFORMADOR.

“Gógol escribió sobre esa presión que puede ir acumulándose dentro de una persona hasta hacerla estallar. Esa realidad no pertenece a una época específica. Puede ocurrir en cualquier momento, en cualquier país y en cualquier sociedad”, asegura Dezma. “Lo único que hice fue traer ese texto a nuestro tiempo, tropicalizarlo un poco para que el público sintiera que sigue viviendo exactamente esa presión. Cuando termina la función, mucha gente sale diciendo: ‘Esto le puede estar pasando a alguien de mi familia, a un amigo o incluso a mí mismo. Eso convierte la obra en una especie de foco rojo para preguntarnos qué estamos haciendo con nuestras emociones y con nuestros sentimientos”.

La salud mental ocupa un lugar central dentro del montaje. Durante la preparación del personaje, Dezma buscó alejarse de las representaciones estereotipadas que con frecuencia acompañan a la esquizofrenia. Prefirió acercarse a personas que viven en situación de calle para escuchar sus historias y comprender qué acontecimientos habían marcado sus vidas.

“Me acerqué mucho a personas que viven en situación de calle. Platicaba con ellas, las escuchaba y trataba de entender qué había ocurrido en sus vidas. Descubrí que casi siempre existía una historia muy dolorosa detrás: la pérdida de un gran amor, de una pareja, de la familia, de un trabajo o de algo que para ellos representaba toda su vida”, cuenta el actor. “Llega un momento en que la mente simplemente dice: ‘Hasta aquí’. No es que quieran vivir así. Hay un dolor tan profundo que termina desconectándolos de la realidad. Por eso siempre digo que existen millones de historias, tantas como seres humanos”.

El actor insiste en que el público suele concentrarse en la enfermedad cuando, desde su perspectiva, el verdadero centro de la obra es la humanidad del protagonista. “Leonardo Ivanovich” aparece primero como un hombre que desea vivir una existencia sencilla, encontrar afecto y sentirse parte del mundo.

“Nos hemos olvidado de algo muy importante: no somos buenos ni malos; somos seres humanos. ‘Leonardo Ivanovich’ representa precisamente eso. En mi adaptación hay una frase con la que inicia la obra: ‘Yo solamente quiero ser feliz. Yo solamente quiero vivir’. Ahí está resumido todo el personaje. Es un hombre que quiere amar, ser amado, tener un trabajo, construir una vida, perseguir un sueño y encontrar un lugar en el mundo. Parece algo muy sencillo, pero muchas veces resulta profundamente complejo”.

Un hombre que solo busca ser escuchado

En ese recorrido emocional también aparece otro elemento que Dezma considera determinante: la necesidad de ser escuchado. A su juicio, buena parte del sufrimiento de su personaje nace del silencio y de la incapacidad para compartir aquello que lleva dentro.

“Todos, en algún momento, tenemos ganas de gritarle al mundo: ‘Aquí estoy. Escúchenme’. Vivimos una época donde vemos constantemente noticias sobre personas que terminan quitándose la vida porque dejaron de sentirse parte del mundo y no encontraron la manera de pedir ayuda. Eso también le ocurre a Leonardo. Gran parte de la obra consiste en un hombre que está pidiendo, literalmente a gritos, que alguien lo escuche”, asegura.

Sostener un monólogo de noventa minutos representa otro de los desafíos del montaje. Después de casi una década interpretando a “Leonardo”, Dezma asegura que ninguna función se parece a la anterior. Cambian el teatro, el público, el estado emocional con el que llega al escenario y las circunstancias personales que acompañan cada presentación. “No me gusta conformarme. El público paga un boleto y merece recibir una función de calidad, sin importar si ese día me duele la cabeza, dormí poco o tuve un día extraordinario. Cada espectador merece el mismo respeto, desde quien ocupa la primera fila hasta quien está en la última butaca. Sé perfectamente dónde piso con este personaje, pero nunca deja de ser un reto”.

Para el actor, esa relación directa con los espectadores explica también la permanencia del teatro frente a otras formas de entretenimiento. Cada función ocurre una sola vez y depende de la presencia compartida entre quien actúa y quien observa. “El arte siempre tiene que ser profundamente humano porque somos nosotros quienes lo creamos. Hoy muchas cosas se las estamos dejando a la inteligencia artificial o a las máquinas, pero el teatro sigue necesitando personas frente a otras personas”, finaliza.

El próximo 7 de agosto, el escenario de PALCCO volverá a abrir el diario de “Leonardo Ivanovich”. Durante noventa minutos, el público acompañará a un hombre que intenta sostenerse mientras su mundo se desmorona. La función deja una pregunta suspendida cuando cae el telón: cuántas historias semejantes permanecen ocultas detrás de personas que, todos los días, aparentan que todo está bien.

CT

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