Cuatro años después de sobrevivir a uno de los ataques más impactantes contra un escritor en tiempos recientes, Salman Rushdie volvió a mirar de frente al hombre que intentó matarlo. La escena ya no ocurrió sobre un escenario, sino en una sala del tribunal federal de Buffalo, Nueva York, donde el novelista británico-estadounidense testificó en el juicio por terrorismo contra Hadi Matar, el joven que en agosto de 2022 lo atacó con un cuchillo cuando estaba a punto de ofrecer una conferencia sobre la protección de escritores y artistas amenazados.La comparecencia del autor de “Los versos satánicos” volvió a recordar que el atentado no fue únicamente un acto de violencia contra una persona, sino un episodio que reabrió un conflicto de casi cuatro décadas entre la libertad de creación y el extremismo religioso.Durante poco más de una hora, Rushdie relató con serenidad los minutos que cambiaron su vida para siempre.Recordó haber sentido primero lo que creyó era un golpe bajo la barbilla. En cuestión de segundos comprendió que estaba siendo apuñalado.“Estaba en el escenario, acostado, con un enorme charco de sangre a mi alrededor. Era un lago de sangre enorme y extendido”, declaró ante el jurado.En un momento especialmente impactante, el escritor se retiró los lentes para mostrar su ojo derecho, hoy completamente ciego como consecuencia de las heridas. Rushdie explicó que recibió 15 cuchilladas distribuidas en distintas partes del cuerpo. Una de ellas estuvo a punto de alcanzarle el cerebro. “El cuchillo estuvo a un milímetro de mi cerebro”, afirmó.Las lesiones también le dañaron el hígado, afectaron varios nervios, paralizaron temporalmente una de sus manos y obligaron a mantenerlo conectado a un respirador durante parte de su recuperación.Aunque hoy ha retomado gran parte de su vida pública, las secuelas físicas permanecen. “No puedo decir cuáles eran sus ambiciones o su objetivo, pero las heridas estaban dispersas por mi cuerpo”, declaró.Mientras Rushdie hablaba, Matar permaneció casi todo el tiempo con la mirada baja, conversando ocasionalmente con su abogado y evitando observar directamente al escritor. Para la fiscalía, el atentado no puede entenderse sin regresar a 1989, cuando el entonces líder supremo iraní, el ayatolá Ruhollah Jomeini, emitió una fetua llamando a matar al escritor tras la publicación de “Los versos satánicos”.La novela, que mezcla realismo mágico, sátira y episodios inspirados en la tradición islámica, fue considerada blasfema por diversos sectores musulmanes y desencadenó protestas violentas en varios países.Rushdie, nacido en India en una familia musulmana y formado en Gran Bretaña, pasó años viviendo bajo estrictas medidas de seguridad y cambiando constantemente de residencia.Sin duda, la condena religiosa marcó para siempre su carrera. Aunque en 1998 el gobierno iraní anunció que dejaría de promover el cumplimiento de la fetua, ésta nunca fue retirada oficialmente.Durante el juicio, Rushdie recordó que, con el paso del tiempo, comenzó a recuperar cierta normalidad. “Durante dos décadas o más llevé una vida pública sin el menor indicio de problemas”, declaró.El ataque de 2022 demostró que aquella amenaza seguía viva.Con información de AP Uno de los momentos más significativos del interrogatorio llegó cuando el abogado defensor preguntó repetidamente si Rushdie había previsto que “Los versos satánicos” generaría una reacción tan violenta.El escritor respondió con una frase que el juez ordenó retirar del registro oficial, pero que resume el trasfondo del caso. “No creo que el libro esté siendo juzgado aquí. Creo que alguien más está siendo juzgado”.La defensa intenta convencer al jurado de que no existen pruebas suficientes para demostrar que Matar actuó obedeciendo una motivación terrorista o siguiendo instrucciones del gobierno iraní o de Hezbollah, organización respaldada por Teherán y considerada terrorista por Estados Unidos.Los fiscales, en cambio, sostienen que el acusado admiraba a Hezbollah, investigó durante años la vida de Rushdie y llegó incluso a escribir en sus notas personales: “Tenemos que matarlo lo antes posible”. Rushdie ya había reconstruido el ataque durante el juicio estatal que concluyó con la condena de Matar por intento de asesinato. También narró minuciosamente aquellos hechos en “Knife: Meditations After an Attempted Murder” (“Cuchillo: Reflexiones tras un intento de asesinato”), publicado en 2024, donde transformó la experiencia en una reflexión sobre el miedo, la violencia, el perdón y la capacidad de reconstruirse.Sin embargo, el proceso actual tiene una dimensión diferente. El acusado enfrenta cargos federales por terrorismo transnacional, un delito que podría significarle cadena perpetua.La diferencia es fundamental: mientras el juicio estatal buscó demostrar quién atacó a Rushdie, el federal intenta probar por qué lo hizo. La figura de Salman Rushdie trasciende desde hace décadas el ámbito literario. Ganador del Premio Booker en 1981 por “Los hijos de la medianoche”, considerado uno de los grandes clásicos de la literatura contemporánea, el autor también ha firmado novelas como “Vergüenza”, “Harún y el Mar de las Historias”, “El último suspiro del moro”, “La tierra bajo sus pies”, “Shalimar el payaso”, “La encantadora de Florencia”, “Dos años, ocho meses y veintiocho noches”, “La casa Golden”, “Quijote” y la reciente colección de relatos “La undécima hora”.A lo largo de su trayectoria, su obra ha explorado temas como la identidad, la migración, la religión, el colonialismo y el poder de la imaginación, convirtiéndolo en uno de los escritores más influyentes de las últimas décadas.Pero su nombre también quedó asociado a la defensa de la libertad de expresión. El atentado de 2022 recordó que las amenazas contra escritores no pertenecen únicamente al pasado y que la violencia contra las ideas sigue siendo una realidad.Por ello, el juicio contra Hadi Matar rebasa la responsabilidad penal de un acusado. También pone nuevamente sobre la mesa una pregunta que ha acompañado a Rushdie durante casi cuarenta años: ¿Puede una obra de ficción justificar una condena de muerte?Mientras el jurado analiza las pruebas y decide si el ataque constituyó además un acto de terrorismo, el escritor volvió a hacer lo que ha hecho durante gran parte de su vida: defender, con su sola presencia, el derecho de contar historias sin que el precio sea la propia vida. CT