El movimiento comienza mucho antes de que se levante el telón. Durante seis meses, los salones de la Academia de Danza Doris Topete se llenaron de ensayos donde la precisión de cada paso compartió espacio con un trabajo menos visible: aprender a desaparecer dentro del personaje. Esa preparación llegará al Foro de Arte y Cultura el próximo 30 de julio con una gala de ballet clásico y contemporáneo encabezada por una selección de “Las sílfides”, una de las obras emblemáticas del repertorio romántico.La presentación tiene lugar en un año especialmente significativo para la institución, cuyos alumnos obtuvieron medallas en la competencia internacional en línea Anna Pavlova, donde se midieron con representantes de países de amplia tradición dancística, como Rusia, China, Estados Unidos y los Países Bajos.“Es un concurso muy difícil. Nos sentimos muy orgullosas, no solamente por la academia, sino por México. Participaron países con una tradición muy fuerte en ballet; de América únicamente asistimos Estados Unidos y México. Nuestros estudiantes obtuvieron medallas de oro, primeros, segundos y terceros lugares. Es una posición muy importante para nuestro país”, señala la directora Doris Topete, conversando con EL INFORMADOR.Para la maestra, esos resultados reflejan el trabajo cotidiano de una escuela orientada a la formación profesional, donde la disciplina comienza desde edades tempranas. “Trabajamos bajo la metodología Vaganova y los alumnos están completamente entregados a la danza. Entrenan todos los días y la preparación es muy exigente. Su futuro está en este arte y trabajan con esa convicción”.Después del reconocimiento internacional, la academia vuelve la mirada al escenario donde se desarrolla su trabajo cotidiano. La gala del 30 de julio reunirá coreografías originales y obras del repertorio clásico y contemporáneo, con una selección de “Las sílfides” como pieza principal. La gala reunirá alrededor de veinte bailarines en escena e incluirá, durante la primera parte del programa, diversas piezas de ballet clásico, danza de carácter y coreografías inspiradas en distintas tradiciones. El montaje, concebido sobre la música de Frédéric Chopin y la coreografía de Michel Fokine, acompaña desde hace años la historia artística de Doris Topete.“Es un ballet que tiene un significado muy especial para mí. Incluso en el cartel de esta función aparece una fotografía donde estoy interpretando ‘Las sílfides’ cuando tenía catorce años. Además de ese valor personal, creo que es uno de los ballets románticos más hermosos que existen”, asegura la maestra. La preparación del montaje exigió medio año de trabajo. Aunque la técnica ocupa un lugar central en la formación de los bailarines, la maestra Judith Martín, también de la academia, explica que ese aspecto representa apenas una parte del proceso creativo. “‘Las sílfides’ representan espíritus, seres etéreos. El bailarín necesita transmitir esa sensación al público. Si únicamente pensamos en la técnica, el resultado puede sentirse frío. Lo que realmente conmueve es la interpretación”, explica.Esa idea guía el trabajo cotidiano con los estudiantes, quienes aprenden que cada función implica abandonar momentáneamente su propia identidad. Así es como los educa Doris Topete. “Les enseñamos que, cuando entran al escenario, dejan de ser ellos mismos. Si una alumna entra siendo quien es todos los días, la historia nunca va a convencer. Primero tiene que creer ella que es ese personaje y después lograr que el público también lo crea”, dice.La maestra Judith Martín comparte esa visión desde el trabajo diario con los grupos de formación. Después de años dedicados a la enseñanza, considera que el crecimiento artístico de los alumnos constituye la mayor recompensa.“Es una satisfacción enorme. Ver cómo crecen y cómo alcanzan sus metas significa que estamos cumpliendo con nuestro trabajo. Para una maestra no hay una recompensa más grande que esa”.El esfuerzo que exige el ballet suele pasar inadvertido para quien observa la función desde la butaca. Detrás de cada elevación, giro o cargada existe un entrenamiento físico comparable al de un deportista de alto rendimiento. Doris Topete asegura que la experiencia escénica acumulada por los estudiantes fortalece esa preparación. “Los alumnos han trabajado muchísimo y ya cuentan con bastante experiencia sobre el escenario. Nuestra academia participa de forma constante en distintas funciones y eso les da seguridad cada vez que se presentan frente al público”, dice.“Siempre les digo que un bailarín necesita tres cosas: decisión, disciplina y devoción. Ellos entienden muy bien esos principios y confiamos plenamente en el trabajo que han realizado”, finalizó. La función se realizará el jueves 30 de julio, a las 19:00 horas, en el Foro de Arte y Cultura. Los boletos tienen un costo de 350 pesos y la gala tendrá una duración aproximada de hora y media, con un intermedio de diez minutos. Además de compartir el trabajo desarrollado por la academia durante el último semestre, la presentación tendrá un carácter benéfico, al destinar parte de sus esfuerzos a una causa humanitaria. CT