Hay una emoción particular en las ciudades mundialistas. Se siente días antes del partido, cuando los aeropuertos se llenan de camisetas, los restaurantes cambian de idioma y las conversaciones giran alrededor de alineaciones, pronósticos y goles improbables. Durante un Mundial, el tiempo parece ordenarse según un calendario distinto: el de los silbatazos.Pero todo fanático del futbol descubre tarde o temprano una verdad elemental: un viaje mundialista no se reduce al estadio.A veces la mejor memoria de un torneo no está en el marcador, sino en aquello que ocurre entre partidos: un plato inesperado, un paisaje que obliga a detener el paso, un pueblo pequeño donde el reloj parece ir más lento o una conversación improvisada frente al mar. Ahí es donde Nayarit entra en escena.Con Guadalajara convertida en una de las sedes mexicanas del Mundial 2026, el Estado vecino emerge como una escapada natural para quienes quieran extender la experiencia futbolera hacia algo más íntimo: naturaleza, gastronomía, tradición, pueblos detenidos en el tiempo y rutas que mezclan aventura con contemplación.A pocas horas de la capital jalisciense, Nayarit ofrece algo cada vez más difícil de encontrar durante un megaevento internacional: espacio para respirar.La travesía puede comenzar en la laguna de Santa María del Oro, ubicada a menos de dos horas y media desde la capital tapatía y del aeropuerto de Puerto Vallarta. Esta laguna es ideal para relajarse. Localizada dentro de un cráter volcánico extinto, este cuerpo de agua fascina a todos los visitantes por su enigmático cambio de tonalidad, el cual, dependiendo el clima y a los microorganismos únicos que habitan en ella, puede ser verde esmeralda, azul cobalto, profundo o un precioso turquesa brillante.Este destino también es perfecto para descansar y comer delicioso. El Hotel Chi’l Jaj ofrece habitaciones cálidas con vistas a la laguna, además de amenidades extra como piscina y restaurante. Hablando de comida, el chicharrón de pescado dorado del restaurante El Desagüe, así como la birria y la carne tatemada de cerdo cocida con leña que sirven en la Hacienda del Borrego, son un manjar obligado durante esta visita.A menos de cuatro horas en auto desde Guadalajara existe un destino ideal para quienes desean desconectarse de la rutina y vivir una auténtica experiencia de turismo rural. Se trata del municipio de Ruiz, hogar de la Ruta de la Piña, una travesía única que se desarrolla en la comunidad de Real Mineral del Zopilote, donde historia, naturaleza y tradición se entrelazan para ofrecer una experiencia inolvidable. El recorrido incluye paseos guiados por calles llenas de historia, visitas a antiguas minas que evocan el pasado minero de la región y caminatas por extensos campos de piña criolla cultivada de manera orgánica, donde es posible conocer de cerca el proceso de siembra y cosecha de este emblemático fruto.Los partidos del Mundial 2026 que se disputarán en México representan una oportunidad inmejorable para descubrir una de las culturas originarias más enigmáticas, profundas y fascinantes del país: el pueblo Wixárika. Más allá de los estadios y la emoción futbolística, los visitantes podrán adentrarse en una experiencia cultural única a través de la Ruta Wixárika, un extraordinario corredor biocultural de más de 500 kilómetros, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial. Esta red ancestral conecta diversos sitios sagrados que se extienden desde la costa de Nayarit hasta el desierto de Wirikuta, en San Luis Potosí, siguiendo caminos cargados de simbolismo espiritual, memoria colectiva y tradición viva.En territorio nayarita, uno de los puntos más emblemáticos de esta ruta es Tatei Haramara, ubicado en la comunidad de Las Varas, en el municipio de San Blas. Este sitio sagrado es considerado la morada de Haramara, la Diosa del Mar, figura central dentro de la cosmovisión wixárika y origen espiritual vinculado al mar. El lugar posee un profundo valor ceremonial, ya que representa el inicio de peregrinaciones y rituales fundamentales para esta cultura ancestral.¿Te imaginas comerte un elote de más de 40 centímetros a las faldas de un volcán? Pues en Nayarit puedes hacerlo si visitas el Pueblo Mágico de Jala, un destino que brilla por su belleza arquitectónica, su atmósfera tradicional y en especial, por una gastronomía que destaca por sus dimensiones y sabor.En este pueblo ubicado a solo dos horas de la capital tapatía, se siembra y cosecha una variedad endémica de maíz muy especial que alcanza tamaños sorprendentes que van de los 35 a más de 50 centímetros. Esto es posible gracias al suelo rico en minerales de las faldas del Volcán Ceboruco, una caldera de lava activa que ha hecho anteriormente varias erupciones dotando a la tierra de una fertilidad única.Gracias a estas condiciones, las mazorcas del llamado maíz tipo Jala son enormes con un sabor dulce y granos generosos, ideales para preparar muchos platillos como elotes hervidos o asados, esquites, gorditas, panqués y la tradicional cuala -un postre espeso y dulce elaborado con la leche del elote tierno-.Después de un buen partido mundialista, nada mejor que divertirte con tu amigo de cuatro patas. A solo algunas horas en auto desde Guadalajara, existe una gran lista de sitios pet friendly en Nayarit que incluye hoteles, alojamientos y Pueblos Mágicos; como los resorts Delta Hotels Riviera Nayarit, W Punta de Mita y The St. Regis Punta Mita Resort, donde aceptan mascotas haciendo un pago extra por noche, además ofrecen servicio especial a la habitación y menús diseñados para consentir su estómago.Otras opciones son Viajero Sayulita Hostel y Hotel Garza Canela en San Blas, donde aceptan mascotas en determinadas habitaciones (solo perros y gatos) con un cargo de 300 pesos por noche por cada una de ellas. En ambos sitios admiten animales de servicio sin cargo. A solo hora y media del Estadio Akron se encuentra Ixtlán del Río, un Pueblo Mágico ideal para los amantes de la historia, la arquitectura y el legado prehispánico. Muy cerca de su centro histórico se localiza la zona arqueológica de Los Toriles, considerada una de las más importantes de la región. Su principal atractivo es un templo circular único en Mesoamérica, dedicado a Ehécatl-Quetzalcóatl, dios del viento, cuya estructura refleja el notable desarrollo arquitectónico y cultural de las antiguas civilizaciones que habitaron esta zona. La experiencia se complementa con otros sitios de petrograbados, como El Terreno, Sayulapa y El Veladero, que permiten conocer más sobre el pasado ancestral de la región.Ixtlán del Río también resguarda atractivos históricos y naturales, como la Parroquia de Santo Santiago Apóstol, una joya arquitectónica de estilo barroco novohispano con influencias rococó, así como el Museo Casa de la Cultura, donde se preserva parte de la memoria local. Para quienes buscan relajación y actividades al aire libre, destacan los balnearios La Sidra y La Vertiente, espacios ideales para disfrutar en familia o en contacto con la naturaleza.Otro de sus imperdibles es el Cerro de Santa Catarina, conocido también como el Cerrito del Cristo Rey, donde un mirador inaugurado en 1949 ofrece espectaculares vistas panorámicas del paisaje circundante. En cuanto al hospedaje, este Pueblo Mágico cuenta con opciones para todos los gustos: desde acogedores hoteles boutique en el centro hasta cómodos resorts y cabañas rodeadas de naturaleza en las afueras de la ciudad.