Jueves, 15 de Octubre 2026

Shanidar A: la historia del neandertal que sobrevivió a una grave lesión y murió por una lanza

La historia de este individuo fue reconstruida a partir de los fragmentos de huesos encontrados en una cueva que funcionaba como centro funerario neandertal

Por: Tomás Iván García Enciso

El lugar estaba situado dentro de la cueva, justo detrás de un gran bloque de piedra vertical que los neandertales probablemente usaban como referencia. EFE / G. Barker

El lugar estaba situado dentro de la cueva, justo detrás de un gran bloque de piedra vertical que los neandertales probablemente usaban como referencia. EFE / G. Barker

Un golpe capaz de partir un diente, una larga recuperación gracias al cuidado de otros miembros de su grupo y, finalmente, una herida mortal provocada por un objeto de madera. La historia de Shanidar A, un neandertal que vivió hace unos 75 mil años en el actual Kurdistán iraquí, ha podido reconstruirse a partir de unos pocos huesos conservados en una cueva.

El estudio, publicado en Scientific Reports y liderado por investigadores de la Universidad de Cambridge junto con científicos del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), revela que este individuo adulto no solo sobrevivió durante al menos un año después de sufrir un grave traumatismo facial: también recibió cuidados de sus congéneres y, después de morir, habría sido colocado deliberadamente en un espacio utilizado como zona funeraria.

El hallazgo aporta nuevas evidencias sobre la capacidad de los neandertales para cuidar a integrantes vulnerables de su comunidad y desarrollar comportamientos funerarios complejos.

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Un superviviente de hace 75 mil años

Shanidar es uno de los yacimientos neandertales más importantes conocidos hasta ahora. Las excavaciones comenzaron en 1957 y han permitido recuperar restos de al menos una decena de individuos que vivieron en la región entre hace aproximadamente 50 mil y 75 mil años.

Entre ellos se encuentra Shanidar A, un hombre adulto de alrededor de 45 años cuyos restos fueron descubiertos en 2020. Los investigadores recuperaron una mano derecha casi completa, fragmentos y piezas completas de las costillas, parte del omóplato izquierdo y siete dientes.

Shanidar es uno de los yacimientos paleolíticos más importantes del mundo.  EFE / E. Pomeroy
Shanidar es uno de los yacimientos paleolíticos más importantes del mundo. EFE / E. Pomeroy

Precisamente los dientes ayudaron a reconstruir uno de los capítulos más sorprendentes de su vida. Los restos muestran que, en algún momento anterior a su muerte, recibió un fuerte golpe en el rostro que fracturó un incisivo y desplazó los dientes próximos.

Una lesión de esa gravedad pudo haber dificultado considerablemente su alimentación. Sin embargo, el análisis del sarro dental permitió determinar que Shanidar A continuó comiendo durante al menos un año después del traumatismo, lo que indica que sobrevivió bastante tiempo a la lesión.

Para Emma Pomeroy, investigadora de la Universidad de Cambridge y autora principal del estudio, sobrevivir a un golpe de esa magnitud y continuar alimentándose durante tanto tiempo habría requerido apoyo de otros miembros del grupo.

La evidencia resulta especialmente importante porque permite pasar de una interpretación abstracta sobre el comportamiento neandertal a una historia individual: alguien sufrió una lesión grave, sobrevivió a ella y pudo hacerlo porque otras personas probablemente contribuyeron a su recuperación y alimentación.

Una muerte causada por una lanza

La recuperación de Shanidar A, sin embargo, terminó de manera violenta. El análisis de sus restos identificó una lesión en el tórax producida alrededor del momento de su muerte. La herida dejó un orificio circular de aproximadamente 15 milímetros de diámetro, con bordes lisos, fracturas que se extendían desde el punto de impacto y fragmentos de hueso desplazados.

Los investigadores interpretan que el daño fue provocado por una lanza de madera afilada que atravesó el cuerpo.

La posición de la herida y la fuerza necesaria para producirla hacen posible que se tratara de un ataque deliberado. No obstante, los investigadores advierten que todavía no es posible determinar quién utilizó el arma ni las circunstancias exactas.

Una posibilidad es que se tratara de un episodio de violencia entre individuos. Otra es que la herida estuviera relacionada con la caza. También permanece abierta la posibilidad de que hubiera participado otro grupo humano, incluido Homo sapiens.

Por ello, el descubrimiento puede representar tanto una de las primeras evidencias conocidas de una lesión mortal provocada por una lanza de madera como un episodio accidental relacionado con actividades de caza. La evidencia disponible no permite resolver definitivamente esa cuestión.

Lo que sí puede determinarse es que la lesión fue perimortem, término utilizado por los investigadores para indicar que ocurrió alrededor del momento de la muerte y no como consecuencia de procesos que afectaron los huesos miles de años después.

El entierro que sobrevivió 75 mil años

La historia de Shanidar A no termina con su muerte. Sus restos aparecieron en una zona de la cueva que parece haber sido utilizada repetidamente para depositar a individuos fallecidos.

Los investigadores identificaron un espacio de aproximadamente un metro de profundidad, 1.5 metros de largo y un metro de ancho. Allí fueron encontrados varios neandertales, lo que sugiere que el lugar pudo funcionar durante generaciones como un espacio funerario compartido.

El sitio estaba situado detrás de un gran bloque vertical de piedra que pudo haber servido como una referencia visible dentro de la cueva. Los cuerpos, según las evidencias recuperadas, fueron colocados en posiciones similares, generalmente reclinados sobre la espalda y orientados hacia el este.

Shanidar A probablemente sea uno de los individuos más antiguos depositados en esta zona. Sus restos se encontraban debajo del torso de Shanidar Z, una mujer neandertal cuyos restos también han sido estudiados por los investigadores.

El resultado es una especie de investigación forense trasladada decenas de miles de años al pasado.

Shanidar A permite así observar algo más que la anatomía de un neandertal. Sus huesos cuentan la historia de una persona que sufrió, recibió ayuda, sobrevivió durante años y finalmente murió en circunstancias violentas antes de ser depositada en un espacio que otros miembros de su comunidad también utilizaron para despedir a sus muertos.

Más que una imagen de seres humanos primitivos aislados y dominados únicamente por la supervivencia, el hallazgo presenta a los neandertales como integrantes de comunidades en las que la cooperación, el cuidado y los rituales alrededor de la muerte pudieron formar parte de la vida social.

La cueva de Shanidar se convierte así en una cápsula arqueológica excepcional: un lugar donde la tecnología científica moderna permite reconstruir fragmentos de una vida que terminó hace unos 75 mil años y, al mismo tiempo, acercarse a una pregunta que continúa siendo profundamente humana: qué hacemos por los nuestros cuando están heridos y cómo decidimos despedirnos de ellos cuando mueren.

TG

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