La inteligencia artificial ya forma parte de las actividades cotidianas de millones de personas, que las usan en el ámbito profesional como herramientas capaces de redactar, resumir documentos, organizar información, generar ideas o analizar grandes cantidades de datos. Pueden ahorrar tiempo, pero también introducen nuevos riesgos cuando sus respuestas se aceptan sin cuestionarlas.Para Jorge Manrique, rector del Colegio Jurista, el uso profesional de los agentes de inteligencia artificial requiere algo más que aprender a escribir buenos prompts. El usuario debe conservar el criterio, verificar la información y asumir la responsabilidad sobre aquello que produce con ayuda de estas tecnologías.Los modelos de IA pueden generar respuestas convincentes que contienen errores, información fuera de contexto o datos que nunca existieron. Estas conocidas “alucinaciones” hacen especialmente importante revisar sus resultados antes de utilizarlos en ámbitos donde una equivocación puede tener consecuencias.Bajo esta perspectiva, Manrique plantea diez reglas para utilizar la inteligencia artificial como una herramienta de apoyo sin convertirla en una autoridad.Una inteligencia artificial puede ayudar a investigar, ordenar información, resumir textos o explorar alternativas, pero sus respuestas no deben considerarse automáticamente correctas. La experiencia y el juicio de la persona que utiliza la herramienta siguen siendo indispensables.Los errores más fáciles de detectar son aquellos que parecen absurdos. El verdadero riesgo aparece cuando una respuesta incorrecta resulta completamente plausible. Por eso, mientras más convincente sea un dato generado por IA, mayor puede ser la necesidad de comprobarlo.Automatizar una tarea no significa delegar la capacidad de razonar. La tecnología puede acelerar un proceso y ofrecer nuevas posibilidades, pero las decisiones deben permanecer en manos del usuario.Una IA puede proporcionar una enorme cantidad de información en cuestión de segundos, pero comprender un tema requiere algo más: contexto, evidencia, experiencia y análisis. Tener muchas respuestas disponibles no necesariamente significa entender el problema.Los sistemas de IA pueden utilizarse para reforzar una opinión que el usuario ya tenía. Para evitar este sesgo de confirmación, una estrategia útil consiste en pedir argumentos contrarios, identificar puntos débiles y preguntar qué elementos podrían haberse pasado por alto.Un resumen generado por inteligencia artificial no reemplaza al documento del que procede. Esta regla adquiere especial importancia en campos como el periodismo, el derecho, la medicina o la investigación, donde una interpretación incorrecta puede modificar el sentido de la información original.Utilizar una herramienta de IA para elaborar un texto no elimina la responsabilidad de quien lo publica. La autoría profesional implica revisar, corregir y hacerse responsable del resultado final, aunque parte del proceso haya sido asistido por tecnología.Una de las funciones más útiles de estos sistemas puede ser presentar perspectivas diferentes. En lugar de utilizarlos únicamente para determinar quién tiene razón, pueden servir para descubrir nuevos argumentos, preguntas o elementos que permitan comprender mejor un problema.La interacción con los agentes inteligentes puede ser cordial, pero la cortesía no debe confundirse con credulidad. Una respuesta puede estar bien redactada y, al mismo tiempo, ser incorrecta. Cuestionar, comprobar y corregir forman parte del uso responsable de la tecnología.Incluso una respuesta bien fundamentada tiene límites. La IA puede encontrar información, relacionar conceptos y detectar patrones, pero sus resultados deben entenderse como parte de un proceso más amplio de investigación y reflexión.La propuesta de Manrique termina con una regla adicional que resume el espíritu de las diez anteriores: no enamorarse de las respuestas, sino de las preguntas.En un entorno donde la inteligencia artificial puede producir proyectos en cuestión de segundos, mantener la curiosidad puede ser una forma de conservar el pensamiento crítico. La herramienta puede acelerar la búsqueda, pero corresponde al ser humano decidir qué información necesita, cómo comprobarla y qué hacer con ella.Así, el uso profesional de la IA no depende únicamente de conocer sus capacidades técnicas, exige que se reconozcan sus límites. La tecnología puede convertirse en un poderoso asistente, siempre que la persona que la utiliza conserve la última palabra sobre aquello que considera verdadero, relevante y digno de ser utilizado.Con información de SUN.TG