El pasado prehistórico todavía guarda secretos que pueden permanecer ocultos durante miles de años bajo tierra. En una cueva del macizo de Arno, en el País Vasco, un grupo de espeleólogos encontró los restos de un joven león de las cavernas que, después de un complejo proceso de recuperación y restauración, comienza a revelar detalles sobre la anatomía y las características de una especie que dominó buena parte de Eurasia.Conocido como Arno, el ejemplar murió hace aproximadamente 31 mil 500 años, cuando tenía entre dos y tres años. Su esqueleto constituye el único registro completo conocido de un león de las cavernas subadulto encontrado hasta ahora en la península ibérica, una condición que lo convierte en una pieza excepcional para estudiar el crecimiento y desarrollo de estos grandes felinos.Entre los huesos recuperados destaca el hioides, una pequeña estructura relacionada con el aparato fonador. Su presencia resulta especialmente relevante para los investigadores porque, de acuerdo con Alvar Manjón, especialista de la Universidad del País Vasco (EHU) que desarrolla su tesis doctoral sobre estos animales, aporta evidencia de que el león de las cavernas también podía rugir.El hioides es una estructura ósea situada en la región de la garganta que participa en el funcionamiento de la lengua y en los mecanismos relacionados con la producción de sonidos. Aunque su tamaño es reducido, su anatomía puede ofrecer información importante sobre las capacidades vocales de distintas especies.En el caso de Arno, este elemento permite respaldar la interpretación de que el león de las cavernas compartía una característica con algunos de los grandes felinos actuales, como los leones, leopardos y jaguares, capaces de emitir rugidos.No obstante, los fósiles no permiten recuperar el sonido exacto que producía el animal. Lo que aporta el estudio anatómico es información sobre las estructuras que intervenían en su vocalización, una pista más para comprender cómo era esta especie que desapareció hace miles de años.El interés científico del ejemplar no termina ahí, ya que su esqueleto ofrece una oportunidad poco común para estudiar las proporciones corporales y los cambios anatómicos de un león de las cavernas durante una etapa juvenil, un periodo del que existen menos registros completos que de los individuos adultos.De acuerdo con los análisis difundidos por la EHU, los restos pertenecen a Panthera spelaea spelaea, una subespecie característica del Pleistoceno Superior. El estudio de los caninos apunta a que Arno era macho, mientras que el desarrollo y la fusión de sus huesos permitieron calcular que tenía entre dos y tres años.El hallazgo ocurrió en marzo de 2023, cuando integrantes del grupo de espeleología Burumendi, procedente de Mutriku, exploraban una nueva galería de la cavidad Ormola Bide Ondoko Leizea, en el macizo de Arno, dentro del municipio de Mendaro.Durante el recorrido encontraron restos óseos, algunos de ellos todavía conservaban su conexión anatómica. Tras comunicar el descubrimiento a las autoridades y a los especialistas de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y la Universidad del País Vasco, comenzó un proceso de documentación, excavación y recuperación.La extracción se desarrolló entre diciembre de 2023 y marzo de 2024, bajo la dirección del paleontólogo Asier Gómez Olivencia. La operación representó un desafío debido a las condiciones de la cueva, los restos estaban dispersos en una superficie irregular de poco más de dos metros de largo por uno de ancho, dentro de una galería estrecha y accidentada.Para evitar daños durante el traslado, los espeleólogos instalaron un sistema especial de cuerdas que permitió retirar los fósiles sin que golpearan las paredes de la cavidad. En las labores llegaron a participar equipos de entre diez y quince personas.Una vez recuperados, los restos fueron trasladados a Gordailua, el Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa, en Irun. Allí se llevaron a cabo trabajos especializados de conservación y restauración, pues algunos huesos se encontraban completos, mientras que otros presentaban fracturas, deformaciones o acumulaciones minerales producidas durante miles de años.Las intervenciones siguieron criterios de mínima alteración, respeto a los materiales originales y reversibilidad, con el propósito de estabilizar los fósiles sin comprometer futuras investigaciones. El proyecto cuenta principalmente con financiación de la Diputación Foral de Gipuzkoa y la participación de la EHU y Aranzadi.Los leones de las cavernas habitaron amplias regiones de Eurasia durante cerca de un millón de años y ocuparon un lugar destacado entre los grandes depredadores de los ecosistemas del Pleistoceno. Su presencia también quedó registrada en pinturas y grabados rupestres realizados por los seres humanos prehistóricos.A pesar de su nombre, estos animales no vivían habitualmente dentro de las cuevas, la presencia de sus restos en cavidades puede explicarse por diferentes circunstancias, como caídas accidentales en simas, el arrastre de huesos por otros carnívoros o incursiones relacionadas con la búsqueda de alimento.Su dieta incluía grandes herbívoros, como ciervos, bisontes y gamos, aunque podían adaptarse a las presas disponibles en cada ecosistema. También se han planteado escenarios en los que estos felinos intentaban cazar crías de osos cavernarios en sus refugios, una actividad que podía terminar en enfrentamientos con ejemplares adultos.La especie desapareció hace aproximadamente entre 14 mil y 12 mil años. Las causas de su extinción todavía son objeto de investigación y podrían relacionarse con distintos factores, entre ellos los cambios ambientales, la reducción de algunas presas, la competencia con otros depredadores y la presión ejercida por los seres humanos.La investigación del esqueleto continúa abierta. Entre los siguientes pasos se encuentran la comparación de sus características con otros registros fósiles europeos y el análisis de muestras de ADN, un trabajo que se desarrollará en colaboración con un equipo de la Universidad de Viena.Estos estudios podrían aportar información adicional sobre la relación de Arno con otras poblaciones de leones de las cavernas, así como sobre la diversidad genética de una especie que habitó distintos territorios durante un periodo prolongado.El ejemplar también permitirá ampliar el conocimiento sobre el desarrollo de estos animales, al ofrecer un conjunto de huesos de un individuo joven con un grado de integridad excepcional para la península ibérica.Por ahora, Arno permanece en Gordailua, donde sus restos pueden ser estudiados y conservados. Más de 31 mil años después de su muerte, el joven felino vuelve a despertar el interés científico, sus huesos ofrecen nuevas pistas para reconstruir cómo vivía y qué características lo convirtieron en uno de los grandes depredadores de la prehistoria. Con información de EFETG