Viernes, 21 de Agosto 2026
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¿Afecta a México? Esto sabemos sobre el reacomodo de placas tectónicas tras sismo en Perú

El reciente movimiento telúrico en Ayacucho despertó dudas sobre un posible impacto en territorio mexicano; especialistas aclaran la dinámica de estos fenómenos

Por: Fabián Flores

La interacción de cinco placas tectónicas convierte a México en una zona de alta sismicidad durante todo el año. EFE / ARCHIVO

La interacción de cinco placas tectónicas convierte a México en una zona de alta sismicidad durante todo el año. EFE / ARCHIVO

El sismo de magnitud 7.2 registrado el pasado 20 de agosto en Perú reavivó una duda en redes sociales: ¿un temblor sudamericano afecta a México? La respuesta de la ciencia es un rotundo no. Las placas tectónicas de ambos países operan a miles de kilómetros de distancia, sin conexión física directa que transfiera energía acumulada.

Sistemas independientes en el Cinturón de Fuego

El Instituto Geofísico del Perú (IGP) reportó que el epicentro ocurrió en Coracora, Ayacucho, a 108 kilómetros de profundidad. Este evento sacudió regiones como Lima, Arequipa, Ica, Apurímac y Cusco durante casi un minuto, sin dejar víctimas mortales ni generar alertas de tsunami en el litoral sudamericano.

La corteza terrestre funciona como un enorme rompecabezas compuesto por 16 bloques rígidos. Estas masas flotan sobre el manto superior y se desplazan en distintas direcciones, impulsadas por el calor interno del planeta, generando una fricción constante en sus límites tectónicos.

El territorio peruano resiente la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana. Este choque ocurre por subducción, un proceso donde la placa oceánica, al ser más densa, se hunde bajo el continente a una velocidad de seis a diez centímetros por año.

Por su parte, la sismicidad mexicana depende del contacto entre cinco bloques distintos. Destacan las placas oceánicas de Cocos y Rivera, las cuales chocan contra la Placa Norteamericana a lo largo de la Fosa Mesoamericana, desde Puerto Vallarta hasta Tapachula.

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El mito de la conexión continental

Aunque las placas de Nazca y Cocos nacieron de la fragmentación de la antigua Placa Farallón hace aproximadamente 23 millones de años, hoy son circuitos separados. Su frontera compartida en la Dorsal de Galápagos es una zona de separación, no de colisión.

Un evento profundo en la interfaz sudamericana carece de mecanismos físicos para alterar las fallas mexicanas. Los sistemas poseen fuentes de energía, geometrías y dinámicas propias, operando de forma aislada sin transferir tensión acumulada de un extremo al otro.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) documenta que los sismos más grandes del país ocurren en la costa del Pacífico. Esta franja concentra la mayor superficie de ruptura entre bloques, lo que explica la alta magnitud de los episodios sísmicos nacionales durante el siglo pasado.

La realidad sísmica mexicana

La Secretaría de Educación Pública (SEP) clasifica a México en cuatro zonas sísmicas. La región severa incluye la costa de Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, donde los movimientos telúricos son el pan de cada día para sus habitantes.

Eventos históricos en 1985, 2017 y 2021 crearon el mito de una "temporada de temblores" en septiembre. Sin embargo, los especialistas confirman que esto es una casualidad geográfica, ajena a los fenómenos ocurridos en Sudamérica o a cualquier época específica del año.

Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor.

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