¿Has notado unas ruidosas aves verdes en los parques de Guadalajara? Aunque parecen inofensivas, las cotorras argentinas son una especie invasora que está desplazando a las aves locales y podría transmitir enfermedades respiratorias. Descubre por qué este colorido visitante representa una amenaza real para nuestra ciudad hoy.La cotorra argentina (Myiopsitta monachus), también conocida como perico monje, ha dejado de ser un avistamiento raro para convertirse en residente habitual del Área Metropolitana de Guadalajara. Su presencia ya no es un fenómeno aislado en Jalisco, sino una realidad cotidiana.Especialistas del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara han documentado su rápida y preocupante expansión. Hoy, sus enormes nidos comunales adornan árboles en zonas clave como el Parque Metropolitano, el Parque González Gallo, y avenidas como Periférico y López Mateos.¿Cómo llegaron hasta aquí? La historia comenzó a mediados de la década de los 2000. Originalmente, estas aves sudamericanas fueron introducidas a México a través del comercio de mascotas, muchas veces de forma irregular.Luis Alberto Cayo, director de la Unidad de Acopio y Salud Animal Municipal de Tlajomulco, señala que los primeros ejemplares escaparon o fueron liberados intencionalmente. Al encontrar un clima favorable y abundante alimento, se establecieron rápidamente.Al no tener depredadores naturales en la ciudad, su población se disparó sin control. Sus nidos, construidos con ramas entrelazadas, son tan grandes que pueden albergar a decenas de individuos al mismo tiempo.El éxito de esta especie invasora tiene un costo altísimo para la biodiversidad local. Su comportamiento gregario y altamente territorial les permite acaparar fuentes de alimento y los mejores espacios de anidación.Esto ha provocado el desplazamiento directo de especies endémicas y nativas. Aves locales como el perico corona lila, las palomas y los zanates están perdiendo la batalla por la supervivencia frente a los invasores sudamericanos.Además, su dieta flexible les permite consumir semillas, frutos y brotes tiernos, lo que en ocasiones termina secando los árboles urbanos. Su capacidad para reproducirse con varias nidadas al año hace que detener su avance sea un reto mayúsculo para los biólogos.Más allá del evidente daño ecológico, el perico monje representa un riesgo sanitario que pocos ciudadanos conocen. Investigadores han advertido que estas aves pueden ser portadoras de diversas bacterias peligrosas.Entre las más preocupantes se encuentra la Chlamydia psittaci, una bacteria causante de la psitacosis. Esta enfermedad zoonótica puede transmitirse a los humanos mediante el contacto o la inhalación de partículas, provocando cuadros graves de neumonía.Las autoridades ambientales recomiendan a la población no alimentar a estas aves en los parques públicos. Facilitarles comida de manera artificial solo acelera su tasa de reproducción y empeora el desequilibrio ecológico en la región.Finalmente, si tienes una cotorra argentina como mascota, la regla de oro es nunca liberarla en la naturaleza. El control de esta especie requiere la colaboración activa de todos los ciudadanos para proteger el frágil equilibrio de nuestro entorno tapatío.Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor*** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA