El icónico parque Selva Mágica cerró definitivamente sus puertas en Guadalajara, dejando a 175 empleados liquidados. Hoy, la nostalgia invade a los tapatíos al recordar a 'Alicia', una extraña atracción anatómica que escondía un secreto inolvidable. ¿Por qué importa hoy? Porque marca el fin de 38 años de historia.Este martes 1 de septiembre de 2026, la capital de Jalisco se despidió de un verdadero referente del entretenimiento familiar. La empresa operadora The Dolphin Company se declaró en suspensión de pagos debido a problemas financieros internacionales, lo que obligó al cese definitivo de las operaciones del parque ubicado a un costado del Zoológico de Guadalajara. Las autoridades estatales confirmaron que el proceso legal de cierre se supervisó meticulosamente para garantizar los derechos de todo el personal involucrado.Durante la jornada de clausura, se confirmó que los 175 trabajadores afectados fueron liquidados al cien por ciento, recibiendo la asesoría del Centro de Conciliación y Arbitraje. Aunque el terreno donde operaba el parque pertenece al Ayuntamiento local, la administración era completamente privada y concesionada. Este cierre abrupto pone fin a casi cuatro décadas de historia, un periodo en el que miles de familias mexicanas vivieron sus primeras experiencias llenas de adrenalina, dejando un vacío innegable en la oferta turística. En medio de la amarga noticia del cierre definitivo, las redes sociales rápidamente se inundaron de recuerdos nostálgicos sobre una de las instalaciones más peculiares y comentadas que alguna vez albergó el recinto. Esta atracción, que operó hace algunos años, consistía en una mujer rubia y de ojos azules de proporciones gigantescas, recostada plácidamente sobre el terreno del parque. Su propósito principal era invitar a los visitantes a realizar un recorrido inmersivo y peatonal por el interior de la anatomía humana.El viaje anatómico comenzaba de forma inusual al adentrarse por el cabello de la figura para toparse casi de inmediato con una enorme boca llena de dientes, donde destacaban colmillos afilados y algunas piezas con caries simuladas. Los visitantes se divertían enormemente en esta primera etapa, ya que la lengua no era una superficie fija, obligando a los curiosos a mantener el equilibrio. A medida que los exploradores avanzaban, luces cálidas y efectos de sonido simulaban el funcionamiento del cerebro.El sinuoso trayecto continuaba descendiendo por la columna vertebral, atravesando los pulmones y navegando por los intestinos, exigiendo a los visitantes agacharse y maniobrar en zonas de difícil acceso. Por esta misma razón, la experiencia incluía advertencias estrictas en su entrada: el recorrido no era recomendable para personas con problemas cardíacos, dolores crónicos de espalda o mujeres embarazadas. Estos señalamientos sumaban un toque de misterio y precaución a la lección de biología, convirtiendo la caminata en una verdadera aventura física. Lo que hacía verdaderamente inolvidable a esta gigante de fibra de vidrio era el inesperado descubrimiento que aguardaba justo a la mitad del recorrido. Al llegar a la zona correspondiente a la matriz, los exploradores se encontraban de frente con la figura de un bebé girando suavemente en la penumbra, revelando el gran secreto de la atracción: ¡la mujer estaba embarazada! Este tierno pero sorprendente detalle dejaba boquiabiertos tanto a niños como a adultos que no esperaban este giro.Finalmente, tras asimilar la sorpresa del embarazo y pasar por el sistema cardiovascular y nervioso plasmado en las paredes de las piernas, la salida triunfal se encontraba estratégicamente ubicada en los zapatos de la figura. Esta mezcla de educación interactiva, asombro visual y un toque de rareza convirtió a la atracción en una auténtica leyenda urbana. Hoy, con el adiós definitivo del parque y la liquidación de su equipo, historias como esta vivirán para siempre en la memoria colectiva.JM