Con afecto para Enrique Bermúdez de la SernaAl minuto 22 del primer tiempo, en el encuentro entre las Selecciones de México y Ecuador, Julián Quiñones se corre por la banda izquierda, gira a la derecha y hace un potente disparo que va a parar en las redes del equipo ecuatoriano. El Azteca explota y con él, millones de aficionados desahogan, en un grito, la esperanza del triunfo.Minutos después, Raúl Jiménez cierra la cuenta y la Selección logra su pase a los octavos de final. Ayer por la tarde nos enfrentamos a la selección inglesa. Hoy ya conocemos el resultado de ese partido. Confío en que, por el nivel de competencia mostrado por nuestros jugadores, hayamos dado cuenta de los súbditos de su majestad Carlos III. Nótese que hablo en plural porque “nosotros” jugamos, luchamos, peleamos, ganamos, pero también perdemos, sufrimos y lloramos. Somos el jugador número 12.La logística para que en tres países y 16 ciudades se lleve a cabo el campeonato es colosal; nunca, a lo largo de la historia, una secuencia de eventos había tenido una participación tan nutrida, una duración tan prolongada y un entramado organizacional tan complejo. Para formarnos una idea, la audiencia estimada comprende las dos terceras partes de los habitantes del planeta: seis mil millones de personas. Tan solo en la ciudad de México, hemos sido testigos de la mayor concentración de la historia. Un millón 400 mil aficionados colmaron Paseo de la Reforma y las principales plazas y avenidas. Hace 40 años, del 31 de mayo al 29 de junio de 1986, en cumplimiento de los compromisos contraídos con la FIFA, fuimos -por segunda ocasión- sede del Campeonato Mundial de Futbol, en su XIII edición. Guadalajara fue subsede. Yo tenía el honor de ser presidente municipal. Nuestro país atravesaba momentos sumamente difíciles. Habíamos sufrido un grave cataclismo, el terremoto que en 1985 devastó parte de la Ciudad de México, causando daños terribles, tanto en pérdidas humanas como materiales. Junto a esa tragedia enfrentábamos la mayor crisis económica de la historia: la inflación anual alcanzó la cifra récord del 150%. En esos, no tan lejanos años, los mexicanos dimos ejemplo de solidaridad. Frente a la desgracia, reaccionamos con responsabilidad y empatía. La espontaneidad de la respuesta popular se conserva en nuestra memoria como un ejemplo de lo que podemos hacer cuando la discordia no se anida en nuestros corazones. Por cierto, es hora de ayudar al pueblo venezolano que vive horas aciagas después del demoledor terremoto del 24 de junio. El éxito no es un accidente; obedece a la suma de esfuerzos, inteligencias y recursos. Gianni Infantino ha resultado ser un verdadero genio. Su capacidad de interlocución ha hecho posible que países confrontados por la guerra o la intolerancia disuelvan, en un campo de fútbol -aunque de manera efímera-, sus diferencias. Al final del campeonato habrá muchos temas que analizar y lecciones que aprender. Mientras tanto, resulta alentador y mueve al optimismo la sola idea de que los seres humanos podemos vivir en paz.