La Presidencia reculó en varios puntos de la iniciativa sobre el derecho de las audiencias, que más que protegerlas, buscaba controlar lo que pensaban mediante la supervisión de los medios de comunicación y la arrogación de determinar qué es verdad y qué mentira. Las críticas a la deriva autoritaria de la 4T en México y el mundo están ajustando la iniciativa para que se eliminen sus tentaciones y, en efecto, se siga protegiendo a las audiencias como desde hace casi 15 años. Sin embargo, el ejemplo cunde. El último lance se vio con el alineamiento del INE, colonizado por el obradorato, cuyas amenazas no pueden pasar desapercibidas.Hace 10 días el Consejo General del INE aprobó un nuevo plan de monitoreo de medios para las elecciones del próximo año que llamó “Mecanismos discursivos indirectos de descalificación de personas precandidatas o candidatas”, que se inscribe en la idea original de la iniciativa sobre la ley del derecho de las audiencias, y que está volando sin obstáculo ante el ruido ensordecedor de otros temas coyunturales no menos graves.El Consejo General del INE votó por unanimidad una variable que busca sancionar expresiones de periodistas o conductores que impliquen la descalificación, menosprecio o cuestionamiento indirecto, como es el uso de la ironía, sarcasmo, minimización, críticas o infantilización, a personas precandidatas o candidatas mediante mecanismos discursivos indirectos. Quiere tomar medidas cuando considere que se reduce su relevancia, capacidad o logros, restando importancia a su figura política o a sus propuestas, o le atribuyan inexperiencia o capacidad para comprender el cargo por el cual compiten.Este mecanismo mete el cuerpo en los medios de comunicación, y establece la necesidad de tener personas que cuando den la información no parpadeen, no levanten las cejas, no desvíen los ojos, no muevan los hombros, no respiren casi, porque pueden ser sancionadas. Si alguien tiene un tic, no tendrá espacio frente a una cámara o ante un micrófono, porque podría ser sancionado. Si está nerviosa la persona que da la información, corre el riesgo de que los comisarios del INE lo juzguen.El INE pretende homogeneizar la información electoral, exigiendo que todas las personas precandidatas y candidatas reciban una cobertura donde medios y periodistas tienen que asumir que compiten como si tuvieran la misma estructura genética, hubieran crecido en el mismo entorno, tuvieran la misma educación y preparación profesional. Quieren que haya robots en la contienda electoral, y que robots sean quienes cubran sus campañas.Bajo esos criterios rígidos, todos los informativos electrónicos en el mundo serían sancionados. Ni siquiera la solemne BBC británica, el emblema mundial de un medio público, y su característico tono sobrio y medido, puede evitar traslucir emociones de sus periodistas. Sus parámetros buscan evitar un drama exagerado al dar la información, o un lenguaje cargado de emociones, como en los noticieros de Fox News. Levantaditas de cejas, como las de Jacobo Zabludovsky, serán penadas. Énfasis con la voz, como modulaba Bárbara Walters, una de las grandes conductoras que tuvo la cadena ABC en Estados Unidos, tampoco serán permitidos. Miradas fijas después de dar una información serán un pecado político. Las cabezas frías y las voces gélidas es lo que esperan de la cobertura electoral el próximo año.Será prohibido hacer diferencia de experiencia y trayectorias, por lo que, hipotéticamente hablando, habría que tratar por igual en una campaña a Porfirio Muñoz Ledo, uno de los grandes legisladores y polemistas que ha dado México, y a Gerardo Fernández Noroña, el porro más simpático que ha dado el sistema político. La uniformización de personas precandidatas y candidatas produce desigualdad inversa. ¿Podrían ser cubiertas de la misma forma la senadora Andrea Chávez y la alcaldesa de Acapulco, Abelina López? ¿Guadalupe Eguiluz de Guerrero y Maru Campos de Chihuahua? ¿Sería posible tratar de la misma forma a Lenia Batres que a Yasmín Esquivel en una contienda electoral?Cada una tiene una personalidad propia, una experiencia e historia que cargan en su equipaje político, así como una serie de alianzas de múltiples tipos que no las hace iguales. El problema no sería entre quienes compitan, sino en quienes las cubren, por lo que bajo el disfraz de evitar descalificaciones, se busca apretar a medios y periodistas mediante una regla tan rígida, como absurdamente controladora, que se suma a otras iniciativas de la 4T —porque el INE está controlado por la 4T, ¿o alguien lo duda?—, que pretenden ajustar cuentas con los medios independientes o críticos, para alinearlos con el oficialismo para fortalecer sus evidentes intentonas para mantenerse en el poder, a toda costa y mediante el uso maniqueo de las leyes.Esta variable, una de las 12 que aprobó el INE, va en la lógica inicial de la iniciativa presidencial sobre el derecho de las audiencias, que se está modificando. Se empata igualmente con la reforma al artículo 41 constitucional, que añadió una cuarta causal de nulidad electoral, la injerencia electoral comprobada de personas, empresas, organizaciones o gobiernos que influyan en los resultados, y que requiere una legislación secundaria para poder aplicarse.Un ejemplo práctico sería si Andrés López Beltrán perdiera la elección en su distrito de Tabasco para una diputación federal, podría argumentar que la cobertura de los medios sobre la cancelación de su visa para entrar a Estados Unidos fue una injerencia extranjera replicada por los medios —¿recuerdan las listas negras de generadores de contenidos y replicadores que presentó la consejera jurídica de la Presidencia la semana pasada?— que afectó el resultado. En los últimos comportamientos de voto del INE y el Tribunal Electoral a favor del centralismo del régimen, tendríamos a Andy como diputado para rato. Tendríamos medios maniatados por leyes y una sociedad, por consecuencia, mediatizada.Durante las campañas tendrían que cancelarse las investigaciones periodísticas, aun cuando fueran sobre candidatas vinculadas al crimen organizado, como hay varias precandidatas que lo son hoy en día, y en caso de avanzar, tendrían que ser leídas en los medios electrónicos sin énfasis, ni gestos, sin tonalidades. Todo plano. Que se diluya lo malo. Que aburra. Que inhiba. Que no parezca nada relevante.Estos nuevos modelos comunicacionales están creando comisarios políticos como el Ministerio de la Verdad que dibujó George Orwell en el estalinismo, en las instituciones del obradorato para que hagan una ingeniería de la realidad que borre las verdades objetivas y redefina coberturas y tratamientos editoriales, corroborando su transformación en trogloditas políticos.rrivapalacio2024@gmail.comX: @rivapa_oficial