Viernes, 21 de Agosto 2026

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Elogios de media luna

Por: Raymundo Riva Palacio

Elogios de media luna

Elogios de media luna

Omar García Harfuch regresará de Buenos Aires, donde asistió a una cumbre sobre las drogas convocada por la DEA, con una estrella en la frente y una diana en la espalda. Al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana le fue bien, pero el aterrizaje en México no le será tan favorable luego del elogio superlativo que recibió del jefe de la DEA, Terry Cole, por su compromiso en el combate al crimen organizado.

La Presidenta Claudia Sheinbaum, que tiene en García Harfuch a su colaborador más confiable, visibilizó esa diada al miércoles en la mañanera quejándose del “doble discurso” de Cole, de reconocimiento al trabajo del secretario pero sin dejar de vincular a Morena con los cárteles de las drogas.

Fue la segunda vez en menos de 15 días que Cole hizo un reconocimiento público de García Harfuch, al confirmarlo como un funcionario mexicano confiable en la lucha que comparten, subrayando de esa manera las sospechas que tienen con un creciente abanico de políticos de Morena que están siendo investigados en Washington. Este trato diferenciado con él tendría que ser un buen mensaje para la Presidenta, cuyos enlaces con Washington se han debilitado, al tener todavía un puente sólido de comunicación con el Gobierno de Donald Trump, pero no tiene ese efecto natural. No lo puede ser del todo, porque refleja la contradicción en Palacio: si García Harfuch está haciendo bien su trabajo y no hay procesos abiertos contra morenistas sospechosos de vínculos criminales, ¿a quién le recae la responsabilidad?

García Harfuch, el secretario del gabinete mejor evaluado en la opinión pública, ha sido fuente de envidias y catalizador de rencores. Las palabras de Cole debieron haber tenido un efecto adverso en el secretario de la Defensa, el general Ricardo Trevilla, que tiene una guerra sorda en el gabinete contra su colega, a quien no deja de intrigar. También en el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, que de acuerdo con funcionarios mexicanos, ha ido perdiendo acceso en Washington, y que durante más de siete años se sintió el dueño de las llaves que abren Washington.

Al mismo tiempo, García Harfuch enfrenta una oposición que no puede controlar la Presidenta, la del ala radical de la 4T, que ha tenido una oposición activa y abierta desde que se le cruzaron en 2024 para impedir que se quedara con la candidatura a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, que deseaba Sheinbaum como plataforma para la candidatura presidencial para 2030, como lo fue con ella y con Andrés Manuel López Obrador. Las palabras de Cole son combustible para sus críticas, expresadas por voceros del ala radical en las últimas semanas señalando que ha sido muy condescendiente con los estadounidenses.

Las palabras de Cole, para este sector de radicales que responde a los odios de López Obrador contra la DEA y contra García Harfuch, que siempre se le ha atorado, tienen también otro significado en el campo de la política realista, y pueden verse como una advertencia, quizás involuntaria, a los radicales: los enemigos de él son nuestros enemigos. Cuidan al secretario porque en el combate al crimen organizado también está cortando apoyos y rompiendo alianzas oscuras con figuras de Morena que han hecho del dinero ilegal la fuente de su poder. La embestida que se ha dado en las últimas semanas contra el Cártel Nueva Generación es parte de esa confluencia de intereses que riega la narcopolítica, al estar vinculadas figuras importantes de la 4T, con esa organización que en la actualidad es considerada la mayor amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.

Cole no es alguien a quien los enemigos de García Harfuch deben dejar de oír. Probablemente es el funcionario de mayor rango en la Administración Trump que mejor conoce a México, y tiene un diferendo profundo con López Obrador. Cole fue director regional interino de la DEA para México, Canadá y América Central, cuando una investigación de esa agencia llevó a la detención del general Salvador Cienfuegos, ex secretario de la Defensa en Los Ángeles, por su presunta vinculación con el cártel de los hermanos Beltrán Leyva.

Presiones y amenazas del entonces presidente López Obrador, utilizando a la migración —el gran tema electoral de ese momento en Estados Unidos— como arma política, forzaron al primer gobierno de Donald Trump a permitir su regreso a México y congelar las acusaciones en Brooklyn, a cambio de que lo investigaran en este país y lo procesaran. En 72 horas, la Fiscalía General lo exoneró, causando una enorme molestia en el gobierno estadounidense, particularmente en la DEA.

Molestos en sus oficinas en la Ciudad de México, Cole y un grupo de agentes de la DEA, elaboraron la primera lista de 35 nombres de políticos vinculados con los cárteles de las drogas, pero en Washington no hicieron nada. Las consideraciones políticas en ese momento así convenían a Trump. Cole, que renunció a la DEA en frustración por la inacción de su Gobierno, declaró en ese entonces al portal trumpista Breitbart News: “Los cárteles mexicanos trabajan mano a mano con funcionarios corruptos mexicanos en todos los niveles. Si el contribuyente promedio tuviera un conocimiento básico de cómo esos grupos trabajan coordinados, se enfermarían”. Cinco años después, las condiciones cambiaron diametralmente y Trump lo nombró jefe de la DEA.

Las palabras de Cole fueron un certificado de confianza de su Gobierno para García Harfuch, extensivo por definición a la Presidenta Sheinbaum, confirmando que está jugando el papel de interlocutor principal como lo fue Luis Videgaray en el Gobierno de Enrique Peña Nieto y Ebrard en el de López Obrador. Ninguno de ellos, sin embargo, enfrentó condiciones como las que existen actualmente en la relación bilateral, ni un gabinete homogéneo de halcones.

No hay quejas contra García Harfuch en Washington, con quien han trabajado en asuntos vitales para los estadounidenses. La falta de acciones en contra de políticos de Morena presuntamente vinculados con el crimen organizado no pasa por la correa del secretario, sino de la Presidenta. Este es el gran punto de conflicto actualmente en la relación bilateral, pero no tiene un fondo de seguridad sino político, lo que no deja bajo resguardo a García Harfuch, sino lo coloca en una situación todavía más delicada, porque coincide que a quienes quiere Estados Unidos que se procese son parte del grupo radical que le quiere cortar las alas.

rrivapalacio2024@gmail.com

X: @rivapa_oficial

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