Lo que sigue es versión de lo expuesto en un panel convocado por el Instituto Electoral de Jalisco, en la FIL 2025: “Deliberación y verdad en el espacio público”, enmarcadas en conceptos de Jürgen Habermas, alrededor de lo que él llamó, hace más de sesenta años, “la esfera pública”, y que actualizó en 2022 con el ensayo “Un nuevo cambio estructural de la esfera pública y la política deliberativa” (en español apareció hace unos meses). Tomo de ese libro: “dos requisitos del proceso democrático, la deliberación y la inclusión de todos los ciudadanos”, “Y es esta exigencia de libre deliberación la que explica el papel central de la esfera pública política.”Habermas pone una nota en la afirmación previa, cita a Seeliger y Sevignani, quienes “detallan ese papel desde el punto de vista de la transparencia de los asuntos públicos, la orientación general de los ciudadanos y la justificación de temas y contribuciones.” Deliberación e inclusión, el alemán explica y acota: “La inclusión corresponde a la exigencia democrática de participación igualitaria de todos los interesados en la toma de decisiones políticas, mientras que el filtro de la deliberación es tomar en cuenta las expectativas de soluciones cognitivamente correctas y viables a los problemas y justifica la presunción de resultados racionalmente aceptables.” Respecto a lo que por estos meses en Guadalajara supone la reorganización del Sistema Intermunicipal de Agua, ¿hemos sabido de soluciones cognitivamente correctas y viables? Lo deliberado, ¿ha sido en la esfera pública y ha justificado la presunción de resultados racionalmente aceptables? Por esta experiencia, y otras similares, contrapongo lo racionalmente aceptable a lo políticamente negociado.En cuanto a la verdad, Habermas, sin mencionarla, invita a mirarla inclinada hacia el abismo: “No es la acumulación generalizada de fake news lo que resulta significativo para una deformación generalizada de la percepción de la esfera pública política, sino el hecho de que, desde la perspectiva de los implicados, las noticias falsas ya ni siquiera pueden identificarse como tales.”Entonces, deliberemos, pero no por el imperativo de la demagogia: dispuestos al diálogo y con el diálogo como fin en sí mismo; más bien atenidos a fines comunes y mediante razonamientos cognitivamente aceptables y con la verdad por delante, porque a partir de noticias falsas las únicas personas con las que deliberaremos serán aquellas con las que compartamos “verdades”, consecuencia de informaciones fraudulentas, cuya virtud es que le vienen bien a nuestras opiniones y prejuicios, con lo que ocurre algo que señala Habermas, lo interpreto: nos desenvolvemos no en una esfera pública, sino en una miríada de esferas semipúblicas, o sea, semiprivadas, con efectos nocivos para lo común.Esto podría no ser sino un rasgo de la comunicación de masas, o más bien, merced a la intercesión de las redes sociales digitales (en el libro Habermas llama a este fenómeno: “«plataformización» de la esfera pública y una mercantilización de la conciencia pública”), pasamos de la comunicación de masas a la comunicación de masa en masa, pero no únicamente esto: cuando quien pretende deliberar lo hace desde la falsedad y detenta algún poder, sus fines y los de sus asociados se tornan autoritariamente los de todos; el poderoso o poderosa determina a quién es importante tomar en cuenta, y asimismo establece la validez de los datos en los que se basa para imponer, por ejemplo, modificaciones constitucionales, o peor: para determinar quién goza de libertades y derechos, y quién no.De las fake news a la república fake, asimismo, al contrario: si la noción república es tergiversada, no esperemos que las noticias oficiales que dan cuenta de ella sean honestas. Sentencia Jürgen: “En un «mundo» difícilmente imaginable de fake news que ya no pudieran identificarse como tales, es decir, que ya no pudieran distinguirse de la información verdadera, ningún niño podría crecer sin desarrollar síntomas clínicos”.Una muestra, la reforma al Poder Judicial. La deliberación corrió por entre el grupo en el poder, o sea, no fue cognitivamente correcta, sí políticamente interesada; los miembros del Poder Judicial no fueron convocados a reflexionar en voz alta, tampoco los profesionales del derecho, o si los invitaron fue para simular. El régimen no tenía interés en que dentro de su esfera pública política se presentaran soluciones apegadas al conocimiento, por dos razones: el fin real no fue explícito y los resultados, consecuencia de la reforma, no podían presumirse racionalmente aceptables; no había forma de que la elección popular de personas juzgadoras, sin que importaran sus saberes, su experiencia y su prestigio, se enlazara con la intención declarada: mejorar la justicia. Tampoco lucía como remedio a la corrupción. Lo que constatamos es que lo verdaderamente deseado se cumplió: la captura del Poder Judicial por el partido político dominante. El remedo de deliberación que el gobierno impulsó se nutrió de fake news que él mismo y sus asociados esparcieron, por ejemplo, sobre las y los ministros y jueces, expuestos como origen del mal y la corrupción. Noticias mentirosas que fertilizaron los prejuicios de la opinión pública mayoritaria. Cada cual, su esfera pública política.“Por tanto —previene Habermas—, mantener una estructura mediática que asegure que la esfera pública siga siendo inclusiva y que la formación de la opinión pública y la voluntad política conserve su carácter deliberativo no es una mera cuestión de preferencia política, sino un imperativo constitucional.” Necesidad de filtros que eviten el flujo desbordado de noticias falsas y urgencia de que las plataformas digitales puedan ser responsabilizadas por lo que difunden en perjuicio de la sociedad al inhibir la construcción de la voluntad política informada y deliberante. Salvo que el pensamiento simple, como fórmula de autoayuda, hacemos esto y sucederá aquello, no es realista: la complejidad social, el imperio de la economía que privilegia el lucro, el miedo que genera quien detenta el poder y la proliferación del crimen organizado inhiben que la estructura mediática sea un factor que transparente la esfera pública política como trato comunicativo democrático.agustino20@gmail.com