Viernes, 27 de Marzo 2026

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Parque Revolución, un año después

Por: Jonathan Lomelí

Parque Revolución, un año después

Parque Revolución, un año después

En mis años universitarios amaba sentarme en una banca del Parque Revolución a leer. Era un oasis “rojo” en medio de dos avenidas infernales.

Casi cualquier tapatío o tapatía tiene algún buen recuerdo de ese parque construido en 1934 por los hermanos Juan José y Luis Barragán.

Allí estuvo la Penitenciaría de Escobedo (1845-1934) y antes, en el siglo XVII, fue el huerto del Convento Carmelita (hoy Ex Convento del Carmen).

La historia es fascinante, pero volvamos al presente.

El parque requiere todo el esfuerzo de ciudadanía y gobierno para terminar su recuperación no solo física, sino también política y social.

Sí, la remodelación del Parque Revolución costó 28 mdp y tardó un año a pesar de que el calendario de obras marcaba sólo seis meses, según el proyecto ejecutivo que obtuve vía transparencia.

Sí, esa demora confirmó las sospechas de que se trató de un desplazamiento de más de mil 200 comerciantes irregulares (según sus cifras) para blanquear la ciudad de cara al Mundial de Fútbol en junio.

De otra manera cómo se explica la parálisis de la obra que se aceleró a partir de que las feministas descubrieron el poco avance al derribar una malla el 8M.

Sí, había venta de droga y comercio irregular. No obstante, Guadalajara permitió esas actividades desde 2020 durante tres administraciones; jamás reguló, retiró u ofreció alternativas a quienes buscaban el sustento cada sábado. Y siempre toleró la venta de estupefacientes.

Era razonable que las y los comerciantes hayan reclamado un derecho tras una prolongada omisión de la autoridad.

Sí, eliminaron las pérgolas y colocaron unos basamentos extraños con escalinatas que conducen inútilmente a unas majahuas, un gesto que privilegió lo estético sobre lo funcional, quizás el “pecado original” de un arquitecto.  

Debatible, claro, pero ni las pérgolas ni la nueva propuesta forman parte del proyecto original del parque; el resto respeta casi de forma íntegra la idea de los Barragán.

Sí, también hay molestia porque aparentemente se hizo poco con mucho dinero; al ser una obra patrimonial, el parque no puede sufrir grandes modificaciones.

De cualquier forma comparto en mis redes (@jnlomeli) el documento con el catálogo de costos unitarios que obtuve por transparencia. Aunque ese es otro debate.

Toca ahora que el ayuntamiento dé la cara a las y los comerciantes porque la ofensa de la demora y la operación indigna para desplazarlos y resguardar el parque con toletes puede encender nuevamente la disputa por ese espacio público que es de todas y todos.

El Parque Revolución debe ser un punto de encuentro y “alejado del rumor de la discordia”. Eso comienza por saldar el diferendo sobre su uso los sábados, pues las y los comerciantes piden volver regulados y con orden.

La alcaldesa tapatía y sus funcionarios deben mostrar capacidad para llegar a un acuerdo sostenido en el diálogo y no en una patrulla en cada esquina.

Este espacio recuperado -estaba en el abandono, hay que reconocerlo- es de todas y todos.

Hay que cuidarlo, usarlo y disfrutarlo para demostrar que en esos 22 mil 500 metros cuadrados que mide el Parque Revolución cabemos todos, todas y todes.

jonathan.lomeli@informador.com.mx

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