Y finalmente sucedió lo que sabíamos que iba a suceder: la muy mencionada reforma electoral fue bateada por el pleno de la Cámara de Diputados.El guion ya lo conocíamos desde hace semanas: la Presidenta y Morena se aferraron a una reforma electoral que sus aliados, el Partido del Trabajo y el Partido Verde, nunca vieron con buenos ojos. Tampoco es que esto sea sorprendente: ninguno de los dos partidos satélites estaba dispuesto a aprobar una reforma que les iba a pegar en la cartera.Justo por eso, el motivo de análisis tendría que enfocarse en otros aspectos. Si les compramos el guion tal como sucedió, lo que vemos es una Presidencia de la República con nula capacidad de negociación en el Legislativo. No sería la primera vez que esto sucede, acuérdese que el año pasado, la Presidenta Claudia Sheinbaum quería que la reforma contra el nepotismo entrara en vigor para el proceso electoral en 2027, pero esto no encontró eco ni en su propio partido y la mandaron hasta el 2030.Si nos atenemos a los hechos, podemos ver eso: una Presidenta sin operadores leales y efectivos. Pero el tema de la reforma electoral, al menos a mí, me hace plantearme la pregunta con la que encabezo esta columna: ¿Morena quiere a sus aliados?Otra capa del análisis sobre este caso me dice que no. ¿Por qué la Presidenta se aferró tanto a una reforma electoral que a todas luces iba a ser rechazada? ¿Por qué fue ella la vocera permanente de un proyecto que necesitaba, sí o sí, a sus aliados para ser aprobado? Una posibilidad que no podemos descartar es que la Presidenta estaba buscando que se quitaran la máscara solitos y que demostraran que sus lealtades están del lado de la conveniencia y no de la llamada Cuarta Transformación.Asómese a la red social X, antes Twitter, y vea las cuentas que están ligadas a Morena y al Gobierno federal: todas salieron en nado sincronizado a señalar al PT y al Verde como traidores. Esto en ningún escenario es casualidad. Claramente hay una instrucción para que todos esos activos digitales se sumen a la misma narrativa.Es una jugada arriesgadísima. Si ponemos el ejemplo en Jalisco, las posiciones que ganó Morena en el pasado proceso electoral estuvieron totalmente ligadas a las alianzas que hizo con Futuro, Hagamos, el PT y el Verde. Dos de esos partidos ya no existen. Con los otros dos ya se está peleando.Lo que sabemos sobre el próximo capítulo de esta historia es que la Presidenta está preparando un Plan B después del rechazo a su reforma.Sinceramente, qué miedo. Ya vimos anteriormente lo que provocan los Planes B y C de Morena. A ver con qué sorpresa nos salen, con o sin aliados.TikTok, IG y X: @romedinapol