Conocí a Juan Rulfo gracias a que Juan Francisco González era jefe de Bellas Artes y era muy amigo suyo, trataba de armar un taller que posteriormente se cristalizó con Elías Nandino.Mi admiración por Rulfo provocaba que tratara yo, entre muchas otras cosas, de aprender lo más posible, ya que era un genio. No sé si ya estaba aquí Rulfo o Juan Francisco lo trajo, pero vivía en una casa cerca del Club Atlas, a donde lo llevé varias veces. Era una época difícil, dado que había grupos de marxistas —de Karl, no de Groucho— y una vez le reclamaron, como si fuera una deficiencia, que trabajara para el “Diario Oficial”, ignorando que el “Diario Oficial” publica leyes y edictos.Al final no se hizo el taller, no sé por qué, pero sí platicamos con él durante un buen tiempo y un día nos dijo a Jorge Jiménez Aguirre —que era un extraordinario poeta, demasiado exigente con sus textos de los que, desgraciadamente, quedaron muy pocos— y a mí que a una revista que pensábamos hacer, le pusiéramos “Papeles al sol”, ya que íbamos a darlos a conocer. También me contó que su obra no había sido reconocida de inmediato, como yo suponía, ya que prácticamente regaló su primera edición años antes de que se hiciera famoso e incluso hubo quienes consideraron que “Pedro Páramo” era una mala novela.Posteriormente, Juan Francisco consiguió que Nandino, que era un poeta reconocido también, formara el taller, en el que muchos hicimos nuestras primeras armas e incluso publicaron un libro de Ricardo Yáñez en cuya contraportada se anunciaba un libro mío que nunca se publicó. En ese taller participamos Carlos Próspero, Jorge Jiménez Aguirre, Amalia Guerra, Jorge Souza y otros muchos, y fue muy productivo durante el tiempo que duró. Y Nandino logró que nos publicaran en “El Nacional”, que era un periódico que tenía una página literaria interesante. Se publicaron, además, dos ediciones de “Papeles al sol”; la primera, supuestamente dirigida por Jorge Jiménez, quien se peleó con Elías Nandino e hizo que se destruyeran la mayoría de ejemplares. Después, apareció otra vez la revista, pero ya dirigida por Carlos Prospero.Yo creo que Juan Francisco González fue una persona que realmente promovió las letras e incluso organizó unas lecturas en el interior del Estado, para lo que nos pagaba 300 pesos por cada una que, en los costos de aquel tiempo, nos alcanzaban para el transporte, la comida y nos sobraran 100 o 150 pesos, que nos caían como oro en paño. Desde luego, como todos los que hacen obras interesantes, nosotros que “éramos genios”, tuvimos problemas con él por nuestra necedad que ahora, con el paso del tiempo, me arrepiento de ello. Incluso él me invitó después a presentar “La ciudad antigua”, de Fustel de Coulanges. Cuando empecé a escribir, yo decía que escribía para mí, que no quería publicar, con lo que me alegro de no haber publicado muchísima literatura muy mala; sin embargo, he tenido ya la desvergüenza de publicar ahora muchos textos escritos en aquel tiempo.@enrigue_zuloaga