Como he insistido aquí, desde luego que todo este ánimo festivo jamás vivido así en Guadalajara que describí ayer, no desaparecerá nuestros problemas como comunidad. Nos toparemos nuevamente con nuestra grave crisis de inseguridad. No cambiará la realidad nacional.Pero insisto que sí ha cambiado la conversación a una que nos ha unido. Y eso, aunque parezca menor, tiene un enorme significado.El gol de la victoria del jueves lo marcó Luis Romo, vaya gran coincidencia, el futbolista de las Chivas que anotó en el estadio donde juega, que mando construir el finado empresario Jorge Vergara y que ahora dirige su hijo Amaury Vergara, con quien dialogué horas antes del partido del Tri, del sueño que tenía su padre de que el Estadio Omnilife que inauguró en 2010 fuera algún día mundialista. (La conversación la pueden escuchar en mi canal de YouTube que encuentran como soyjaimebarrera).Con el triunfo el Tri aseguró el liderato de grupo y prácticamente garantizó su camino a la siguiente ronda. Pero lo más interesante ocurrió fuera del estadio. En las calles y restaurantes. En las redes sociales y en los grupos de WhatsApp. Durante horas, Guadalajara habló de futbol. Y México también.Las tendencias dejaron de girar alrededor de la violencia. Las conversaciones dejaron de centrarse en el miedo. La discusión pública se llenó de alineaciones, jugadas, errores arbitrales y posibilidades mundialistas.Eso no ocurre con frecuencia. Y nos recuerda algo fundamental: las sociedades también necesitan momentos de alegría compartida. Necesitan relatos comunes y espacios donde millones de personas hablen de algo que no sea una tragedia.Es en este sentido donde creo que el Mundial adquiere una dimensión mucho más profunda. Porque el futbol no elimina los problemas. Pero sí puede suspenderlos momentáneamente en el imaginario colectivo, construir comunidad y generar identidad.El Tri está produciendo una sensación de pertenencia que pocas cosas logran. Mientras la política, la violencia y ahora las redes sociales dividen y enfrentan, el futbol reúne, no siempre, no de forma perfecta pero lo hace. Por eso los gobiernos buscan ser sedes de estos eventos y apropiarse de los triunfos deportivos. Por eso las ciudades se transforman cuando son sedes mundialistas. Por eso una victoria puede cambiar el ánimo colectivo de millones de personas como nos ha ocurrido en los últimos 12 días, en los que Guadalajara y México hemos dejado de hablar sólo de miedo y de tragedias, para hablar de la ilusión de que la Selección Mexicana haga su mejor papel en los mundiales.En una ciudad y un país acostumbrado a las malas noticias, habrá que disfrutar, aunque efímero, este momento en el que el futbol nos está recordando que seguimos necesitando motivos para celebrar juntos, como seguramente sucederá todas esta semana con el juego de hoy aquí de Colombia vs Congo, mañana con el tercer juego del Tri y aquí el viernes España contra Uruguay, con la presencia del rey Felipe, y también porque un día antes cantará como lo hizo Maná, otro orgullo jalisciense, Alejandro “El Potrillo” Fernández y también el tenor español nacionalizado mexicano, Plácido Domingo. Que siga, pues, la fiebre mundialista.