Pese a la crisis sin precedentes por la que atraviesa el Sistema Intermunicipal de Agua y Alcantarillado (SIAPA) y que le estalló a Pablo Lemus luego de años y años de deterioro institucional y el pésimo manejo que se le dio en el pasado sexenio de Enrique Alfaro, el gobernador decidió ir sólo en la designación de Ismael Jáuregui como sustituto de Antonio Juárez, al frente del organismo operador del agua de la Zona Metropolitana de Guadalajara.Optó por un funcionario de todas sus confianzas, que se desempeñaba hasta ayer como director de obras públicas de Zapopan, y al que expertos en el tema del agua ven vinculado al grupo que durante años ha manejado la burocracia en esta materia y que siempre han privilegiado la construcción de obra pública por encima del desarrollo de una gestión del agua más integral y sustentable.Estaba ahí la opción de haber convocado a una gran mesa, como la que sugerían universidades y académicos, para acordar entre todos el perfil más adecuado para tratar de sacar al SIAPA de las distintas bancarrotas que padece, como la institucional y la hídrica, por señalar sólo las más graves.Lo deseable sería que el nuevo director asuma una actitud distinta a la de su antecesor y escuche las distintas voces para construir el plan de reingeniería integral que Juárez prometió y nunca entregó.Asumir una actitud de cerrazón ante la escalada de la presión social por el agua sucia y pestilente que están recibiendo miles de hogares en la Metrópoli tapatía, sólo pondría al nuevo director también en una situación insostenible, que le incrementaría el costo y el desgaste político a su jefe el gobernador que decidió apostar por él sin tener un currículum que lo distinga por su experiencia en la dirección de un organismo como el SIAPA. Como mencionaba arriba, Jáuregui recibe un SIAPA con una “bancarrota institucional” que tiene que ver con el saqueo de recursos para fines político-electorales de gobiernos priistas, panistas y los emecistas en turno. Como lo señalé hace un par de semanas, ya fuera para financiar campañas políticas o para emplear a sus clientelas políticas (como el caso vigente e impune de Ely Castro, que heredará Jáuregui) hasta que sus finanzas quebraron, también por las altas nóminas, cartera vencida y deudas en pago de proveedores, muchos de los cuales fueron contratados sin licitación alguna y bajo la lógica del amiguismo, que empeoró la de por sí ya deficiente infraestructura hídrica de la metrópoli. La otra es la “bancarrota hídrica”, por el consumo creciente de agua en el campo y la metrópoli, y la mala gestión del SIAPA que ha provocado el agotamiento de muchas reservas de agua dulce, por su sobreexplotación que impide su regeneración natural en la región.Si se asomó un poco a las redes, Jáuregui, que seguramente por lealtad política no le pudo decir no a Lemus, supo desde los primeros minutos en su nuevo cargo, que el SIAPA está y estará en el ojo del huracán por tiempo indefinido.