Miércoles, 15 de Julio 2026

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La IA, ¿nos está mercantilizando?

Por: Karely zárate

La IA, ¿nos está mercantilizando?

La IA, ¿nos está mercantilizando?

Las inteligencias artificiales han llegado para quedarse, así como el internet lo hizo en su tiempo, sería ingenuo pensar que desaparecerán en un corto plazo. Cada vez más personas recurren a ChatGPT o Gemini, por nombrar las principales. Lo que comenzó como una curiosidad tecnológica se ha convertido, para muchos, en una necesidad impulsada por la propia dinámica del mundo digital. 

Jóvenes y adultos nos vimos forzados a ser parte de las consultas y conversaciones con la IA, algunos han creado hábitos más estrechos e íntimos en sus chats y otros la utilizan para consultas de información o herramientas específicas. Sin embargo, si te pidiera que terminando de leer estas líneas fueras a examinar tus últimos chats con tu inteligencia artificial, probablemente notes un patrón de conversación que ya has establecido, ya sea de consulta informativa, herramienta emocional o asistente estratégico. Toda esa información no queda en el aire. Contribuye a crear un perfil preciso con nuestros intereses, deseos y disgustos. Ahí comienza la mercantilización de quiénes somos, nuestras conversaciones, preferencias y emociones dejan de ser nuestras para adquirir un valor económico.

Un artículo reciente publicado en “SingularityHub” advierte que algunos modelos de IA han comenzado a convertir la información que extraen de los chats en un producto en venta, es decir, dentro de las conversaciones pueden incorporar recomendaciones comerciales cada vez más sofisticadas que influyen en nuestras decisiones de consumo y así la preocupación ya no se limita a la privacidad. Esta problemática ha escalado a lo público, un ejemplo reciente fue durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos donde se analizaron respuestas generadas por distintos chatbots para evaluar sesgos o formas de persuasión en temas políticos. Aunque eso no significa que la IA determine por sí sola el voto de las personas, sí demuestra la influencia en la construcción de opiniones.

La confianza que hemos desarrollado entre humano y máquina ha permitido capitalizar nuestros deseos e influir en la formación de opiniones. Tal cual lo ha hecho internet y casi todo a su paso, el capitalismo va conquistando cada aspecto de nuestras relaciones para convertirnos en un objeto capaz de ser vendido y un sujeto que debe consumir vorazmente. La información que compartimos deja de pertenecernos por completo y comienza a adquirir un valor comercial. Ya no solo sirve para ofrecernos productos, también para perfilar nuestras posturas políticas y sociales. 

Los avances de los chats con inteligencia artificial han ido mejorando para brindar experiencias personalizadas a cada individuo, pero nada de ello es gratis. Todo cuesta, aunque el precio no siempre sea evidente. Es imposible dejar de utilizar estas herramientas debido al impacto que ha ejercido en nuestra cotidianidad, pero sí es necesario cuestionar la interacción que tenemos con ellas y preguntarnos: ¿quiénes las manejan?, ¿a quién benefician? E incluso, ¿hasta qué punto influyen en mi toma de decisiones?

karely.zv08@gmail.com

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