Sábado, 13 de Junio 2026

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La FIFA y nuestra otra democracia

Por: Erika Loyo Beristán

La FIFA y nuestra otra democracia

La FIFA y nuestra otra democracia

Un día antes del inicio del Mundial, México se sentía en caos. Las manifestaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y sus amenazas de interrumpir la inauguración de la Copa Mundial, generaban ansiedad y miedo. Un día antes de la inauguración, los opinólogos profesionales del país, decían que México no se sentía con espíritu mundialista o de fiesta, incluso, había especulaciones con respecto a llenar los estadios por los altos costos de los boletos.

El jueves por la mañana, algo pasó, la gente salió a las calles vestida de verde, blanco y rojo. Unos iban hacia los estadios y otros iban hacia las plazas públicas donde se ubicaban los llamados “fan fest” de la FIFA. Las personas abarrotaron las calles no por un motivo político, sino porque además de una inauguración de un Mundial de Futbol, jugaba la selección mexicana, esa que es la única capaz de unirnos sin distingo de partidos o ideología.

Para sorpresa de todos, la alegría mundialista emergió al amanecer del jueves porque en esos momentos, todas y todos nos jactamos de ser llamados afición, no solo una hinchada.

Hubo alegría, hay fiesta. Los estadios han lucido llenos sin importar cuánto criticamos los costos de los boletos y la elitización del fútbol. La FIFA intentó mermar esa visión del mundial de futbol como un lujo y convirtió a los espacios públicos en las áreas más democráticas para ver en una enorme pantalla los partidos, pero, sobre todo, para estar juntos. Al mismo tiempo, conservó su jugoso negocio sacando a las personas a las calles para convertirnos en iguales, más de 90 mil personas en el Zócalo de la Ciudad de México, cerca de 40 mil en Guadalajara, pero la que nunca manejó fue la cifra de 120 mil personas festejando en el Ángel de la Independencia el triunfo de la selección.

Los “fan fest” son una disposición de la FIFA a los gobiernos y también están encerrados por enormes vallas de acero, así que la población también decidió ir contra sus reglas y abarrotar las calles aledañas al Zócalo o el centro de Guadalajara y ver el partido en un puesto de periódicos o de tacos. Pareciera que la población necesitaba un motivo para tomar las calles sin un sentido político o sin sentir el dolor de las madres buscadoras, parecía que necesitábamos un día de alegría dentro de nuestra oscura realidad cotidiana.

La FIFA jamás sabrá qué significa ser una organización democrática. Puso decenas de reglas, los productos oficiales y la transmisión de los partidos, solo los venden ellos igual que los precios de las cervezas o la comida. Los restaurantes que pueden transmitir los partidos deben comprar permisos que solo venden ellos, y ahora, los influencers podrían ser multados si no tienen licencias de derechos audiovisuales que solo otorga la FIFA. La cancha nunca fue pareja y, aun así, comienza el mundial no entre las vallas, sino entre las calles.

México ganó su primer partido y la gente abarrotó las calles. La sorpresa de los extranjeros y visitantes de todo el mundo ha sido inexplicable. ¿Cómo un país pasa de bloquear sus calles por protestas sociales, a tomarlas por la alegría del triunfo en el futbol? La magia no la hizo Morena por negociar fallidamente con la CNTE, la magia, como siempre, la hizo la Selección Nacional y el color de la afición. El arte no fue el de las calles llenas de ajolotes, sino de las personas vestidas con trajes típicos y sus rostros de catrinas, con sus camisetas bailando el “Payaso de rodeo” o “La Chona”. Lo único verdaderamente democrático en este país es el día que juega la Selección en un mundial, porque son días que la gente quiere guardar en su memoria.

La FIFA desemparejó la cancha y logró lo que sabíamos que iba a pasar en un país como México. Con sus políticas de lujo, lo único que hizo fue provocar una oleada de estafas y extorsiones por la venta de sus impagables boletos.

La Profeco detectó al menos 258 páginas de redes sociales no autorizadas que estafan a la afición con boletos para el Mundial y detectó que el boleto más caro para la inauguración podía tener un costo de 1.3 millones de pesos. La discusión sobre lo que ha pasado en el futbol en el mundo entero que pasó de ser un deporte popular a convertirse en un artículo de lujo, la deberán dar las personas que son expertas en el tema.

Lo que cada cuatro años se demuestra, es que la democracia en México no está en manos de los partidos políticos, sino en 26 jugadores que nos convierten a todos en iguales y desde donde las reglas de las calles, las pone la afición con su momentánea alegría. El desfile de la FIFA es el de los privilegios, el de la afición es la resignificación de lo popular. La FIFA, perdió la oportunidad de dejar más partidos en manos de la afición mexicana, digna de convertir la risa y la alegría en experiencias de vida.

erika.loyo@udg.mx

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