Jueves, 16 de Abril 2026

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INE: rumbo al cielo o al infierno

Por: Salvador Camarena

INE: rumbo al cielo o al infierno

INE: rumbo al cielo o al infierno

En su nuevo libro, el periodista Ernesto Núñez Albarrán recuerda una frase que le dijo un funcionario del Instituto Nacional Electoral en 2021.

-Cómo ves las cosas, Jesús, cuestionó Núñez, por ese tiempo colaborador del consejero presidente Lorenzo Córdova.

Jesús Galindo, adscrito a la Secretaría Ejecutiva del instituto y ex colaborador de José Woldenberg, “me tomó del brazo, hizo una mueca y soltó una frase que resumía todo: “-El INE no se inventó para llevarnos al cielo. Se creó para alejarnos del infierno-, respondió, antes de que las luces se apagaran y la sala de Consejo quedara en penumbras”.

En aquella coyuntura, el INE era un actor que podía organizar la elección “más grande de la historia” cada tanto, pero que también, no sin el protagonismo de algunos de sus consejeros, se asumía como mucho más que un árbitro.

Cinco años después, en el INE no solo ya no están esos que, sin escatimar protagonismo, defendían un sistema electoral que era combatido desde el gobierno con abuso de recursos oficiales y oficiosos (demandas y procesos administrativos, etcétera), ni otros tres consejeros que, con técnica jurídica y procedimental, hasta este mes, cuando cumplieron su periodo, resistieron la burda concentración de atribuciones y abierta obsecuencia ante el gobierno de la presidenta Guadalupe Taddei.

Hoy hay un INE Promorena and Cia. que no solo nos aleja del cielo, sino que, por la farsa -hay que llamar a las cosas por su nombre y lo que hace Monreal en San Lázaro en el proceso de renovación de tres consejeros es la cooptación final del INE-, nos conduce al infierno.

Más allá del libro de Núñez -crónica de crónicas esenciales para repasar y repensar la pugna que durante ocho años se ha dado entre los defensores de aquello de “el INE no se toca” y los colonizadores guindas-, Morena luce decidido a revivir los demonios del fraude.

El IFE/INE nunca fue angelical ni los procesos que organizó y dirimió estuvieron libres de pecados. Mas tal sistema, bastante humano, probó que todos podían ganar, y todos perder, y que la mejora continua, como propósito de enmienda, si se quiere, pagaba bien.

Llegar ahí, al método de las elecciones de 2018 y al de 2024, se dio gracias a reclamos de los perdedores (la izquierda en 1988/2006, para empezar), y a que a la sociedad en su conjunto le hartó el riesgo de que la simulación de los fraudes priistas nos llevara a peores infiernos.

De consumarse la farsa de nombrar consejeros que más que expertos son apparatchiks nostálgicos de los tiempos en que Bartlett podía decretar la caída del sistema o asumir los fraudes patrióticos, retornará el averno.

El venezolano Ricardo Hausmann publicaba en Project Syndicate a finales de febrero lo que realmente urgía en su país para empezar a salir del infierno madurista.

“¿Qué necesita arreglar? El Consejo Nacional Electoral, que ha estado bajo control del régimen durante mucho tiempo y presidió las elecciones fraudulentas de 2024, es el punto de partida obvio. Restaurar la credibilidad requiere nombrar un nuevo Consejo mediante un proceso transparente que involucre a juristas y a la sociedad civil, garantice la participación de todas las principales fuerzas políticas y establezca sólidas salvaguardas contra la manipulación partidista. 

Nombrar árbitros que el titular no pueda controlar envía una señal clara de que el juego no será amañado”.

O sea, ni más ni menos que construir un IFE/INE, como hizo México cuando dijo basta al infierno de los fraudes del PRI.

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