Carlos Mitoma, originario de Guadalajara, tiene 21 años. En abril pasado conoció a un hombre en redes sociales que le ofreció trabajo en Canadá. Pactó una entrevista, pero al llegar le quitaron el celular y lo incomunicaron. Su familia ignoraba su paradero hasta hace unos días.Lo poco que sabemos es por testimonios de su madre a medios. Carlos acabó trabajando en una zona serrana de Jalisco. Lo mantenían cautivo en una casa de la colonia Los Tamarindos, en Puerto Vallarta. Blanca Trujillo, vicefiscal de Desaparecidos de Jalisco, informó que Carlos fue localizado por el Ejército y la Policía estatal. Estaba bien de salud; sólo presentaba golpes. Junto a él localizaron a Luis Ángel Olivo, de 24 años, con domicilio en Toluca. En la finca, las autoridades decomisaron equipo táctico, tres celulares y libretas con anotaciones. Trujillo declaró a medios que hay indicios para presumir que ambos jóvenes estaban retenidos contra su voluntad y realizaban trabajos forzados. Sin embargo, no hubo detenidos.En Jalisco, el reclutamiento forzado está en su apogeo, como lo documentó la periodista Marcela Turati en el reportaje “Redes sociales, telaraña perfecta para enganchar a jóvenes con falsas promesas de empleo” publicado en A dónde van los desaparecidos.Una prueba es la cifra que me compartió vía transparencia la Secretaría de Inteligencia y Búsqueda de Personas de Jalisco (folio 142041826024400) en donde reconoció que al 26 de agosto de este año había identificado 252 cuentas en redes sociales activas relacionadas con el reclutamiento de jóvenes por parte del crimen organizado.Quien es enganchado por las redes del crimen tiene cien veces más probabilidades de morir asesinado porque el reclutamiento es el “corazón” del cártel para desechar y reemplazar vidas, como lo ha señalado Elena Azaola, antropóloga especialista en violencia juvenil.Urgen estrategias a la altura de la sofisticación delictiva para advertir a los jóvenes de este riesgo, pero sobre todo es necesario desmantelar las células delictivas que los cooptan. Porque en ese mundo virtual y criminal, entran vivos pero salen muertos. Con algunas afortunadas excepciones, como en el caso de Carlos y Luis Ángel.