Lunes, 25 de Mayo 2026

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El beisbol mexicano ya cambió… muchos todavía no se dan cuenta

Por: Salvador Cosío Gaona

El beisbol mexicano ya cambió… muchos todavía no se dan cuenta

El beisbol mexicano ya cambió… muchos todavía no se dan cuenta

Durante muchos años el beisbol mexicano fue visto desde algunos sectores como un deporte regional o secundario, limitado a ciertas plazas tradicionales mientras el futbol monopolizaba buena parte de la atención mediática nacional. Sin embargo, la realidad actual es completamente distinta. El beisbol mexicano cambió. Creció. Modernizó estadios. Transformó públicos. Internacionalizó su consumo. Renovó su espectáculo. Y aun así, todavía existen muchos que no terminan de entender el tamaño real de esa transformación.

Hoy el nuevo aficionado consume el juego de manera muy distinta. Sigue highlights desde el celular, revisa estadísticas avanzadas, observa ligas internacionales, sigue diariamente a peloteros mexicanos en Grandes Ligas y construye una relación mucho más global con el deporte. El aficionado moderno ya no solamente sigue equipos; también sigue historias, trayectorias y protagonistas específicos. Puede emocionarse recordando a Fernando Valenzuela mientras observa diariamente a Shohei Ohtani; seguir a Dodgers por tradición familiar y al mismo tiempo observar a Padres, Giants o Yankees dependiendo del momento deportivo.

Y junto con el aficionado también cambió el estadio.

Hoy el parque de pelota ya no funciona únicamente como escenario deportivo. Se convirtió en experiencia social, convivencia familiar y espectáculo integral. El nuevo consumidor deportivo quiere comodidad, ambiente, entretenimiento y una experiencia completa alrededor del juego. Y varias organizaciones mexicanas comenzaron finalmente a entenderlo.

La “Charromanía” en Jalisco representa uno de los ejemplos más visibles de esa evolución. Guadalajara fue considerada durante décadas territorio prácticamente exclusivo del futbol. Sin embargo Charros logró construir identidad, afición y espectáculo dentro de una de las plazas futboleras más intensas del país. Algo parecido ocurre con Diablos Rojos en Ciudad de México, cuya fuerza actual convive incluso con la histórica presencia emocional que todavía conserva Tigres capitalinos pese a haber emigrado hace años a Cancún. Lo mismo sucede con la relación casi religiosa entre Sultanes de Monterrey y su afición, o con plazas profundamente beisboleras como Hermosillo, Culiacán y Mazatlán, donde el beisbol sigue formando parte de la identidad cotidiana de sus comunidades.

El estadio mexicano también comenzó lentamente a modernizarse porque el aficionado cambió. Hoy conviven en las mismas tribunas el veterano que todavía recuerda alineaciones históricas completas y el joven que revisa métricas desde el celular mientras comparte videos del ambiente del juego en redes sociales. El beisbol moderno ya no se consume pasivamente: se comparte, se analiza y se vive simultáneamente dentro y fuera del estadio.

Sin embargo, todavía existen sectores y muchos medios tradicionales que siguen observando al beisbol mexicano como un espectáculo menor o estrictamente regional. 

Y sería injusto no reconocer también que algunos medios impresos tradicionales sí entendieron antes que otros hacia dónde evolucionaba el fenómeno, abriendo espacios importantes de análisis y cobertura alrededor del rey de los deportes. Del mismo modo, diversos medios digitales modernos, plataformas independientes, podcasts especializados y nuevos creadores de contenido comenzaron a conectar mucho mejor con el nuevo aficionado beisbolero. Ahí radica parte de la diferencia: unos siguen viendo al beisbol como contenido marginal; otros ya entendieron hacia dónde comenzaron a moverse las audiencias.

También merece reconocerse el trabajo de organizaciones profesionales, directivos institucionales, algunas empresas, asociaciones, ligas amateurs y agrupaciones organizadas de aficionados que durante años mantuvieron viva la cultura beisbolera incluso cuando muchos seguían considerándola un fenómeno secundario.

Pero justamente ahí aparece también una de las grandes diferencias frente a países que hoy dominan mucho mejor el desarrollo moderno del béisbol: allá existe una visión integral capaz de coordinar esfuerzos y convertir el crecimiento aislado en verdadero proyecto nacional.

México todavía no termina de llegar a ese punto.

Y quizá ese sea precisamente el siguiente gran desafío del beisbol mexicano: entender que el juego ya cambió, que el aficionado ya cambió y que el espectáculo ya cambió.

El beisbol mexicano ya cambió.

Muchos todavía no se dan cuenta.

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