Han pasado ya tres meses desde la guerra de Israel y Estados Unidos en contra de Irán y lo que se pensaba era un ataque fulminante con éxito inmediato para la coalición atacante se ha convertido, hasta el momento, una inesperada derrota militar para potencia hegemónica del moderno sistema mundial. Su inesperado estancamiento en Irán pone cada vez más al descubierto que su proclamado poderío quizá no sea tal y que su hegemonía viene disminuyendo.Una parte se explica por la inesperada respuesta militar que ha demostrado Irán y la arriesgada jugada de bloquear el estrecho de Ormuz que ha estrangulado el abastecimiento de petróleo, gas natural y fertilizantes a buena parte del mundo.El estancamiento en Irán también ha demostrado las deficiencias del poderío militar estadounidense. El diario New York Times ha dicho que la guerra contra el país persa “ha puesto al descubierto profundas deficiencias en la base industrial militar y los sistemas de adquisición de armas de Estados Unidos”. Y pone el siguiente ejemplo: “La fabricación de misiles interceptores Patriot puede tardar hasta 36 meses y costar 4 millones de dólares. En la guerra contra Irán, el ejército estadounidense ha disparado más de 1,200 de ellos. Algunos se utilizaron para derribar drones Shahed, cuyo precio asciende a 35,000 dólares, y que Irán puede producir a un ritmo de al menos 200 unidades al mes” (New York Times, 19 mayo 2026).Es decir, el armamento de Estados Unidos es extremadamente costoso y tardado de producir en tanto el de Irán cuesta 30 veces menos y se produce 30 veces más rápido. Por eso el gobierno de Estados Unidos que preside el presidente que había prometido que no emprendería guerras en el extranjero, se encuentra estancado en Irán sin lograr los objetivos que se había prometido (sustituir al régimen de los Ayatolas, desmantelar el programa nuclear y destruir el sistema de misiles de esa nación) y por lo tanto se ve impedido de forzar a un acuerdo de paz a Irán. Pero mientras más se debilita Estados Unidos en Medio Oriente y frente a las potencias emergentes, China y Rusia, el gobierno del llamado Tio Sam más se envalentona y más peligroso se vuelve para el Hemisferio Occidental al que ha proclamado que es su “patio trasero”, de acuerdo a la nueva Doctrina de Seguridad Nacional emitida por el gobierno de Trump el pasado mes de noviembre. De ahí los acuerdos e intervenciones político-electorales con los que ha forjado ya una alianza con países como Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Costa Rica y Honduras y de ahí los riesgos para los países que tienen o tenían gobiernos progresistas: Venezuela, Brasil, Colombia, Cuba y México.Ya sabemos lo que pasó en Venezuela: una fugaz y quirúrgica intervención el pasado 3 de enero se saldó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa y la sustitución por el gobierno de Delcy Rodríguez quien de facto se ha convertido en un gobierno títere al servicio de los intereses de Estados Unidos.Ahora la amenaza se ciernen sobre Cuba, país de orientación socialista más por las amenazas de país del norte que por elección propia y al que Estados Unidos ha decidido ahorcar prohibiendo que pueda abastecerse de petróleo y otros suministros esenciales produciendo el desabasto de producción de energía eléctrica y otros productos esenciales y causando un enorme costo y dolor para la población cubana. Ahora mismo se corre el riesgo de una intervención directa en los próximos días. Según declaró ayer la gobernadora de Puerto Rico (estado bajo protectorado estadounidense), Jenniffer González, la intervención se llevará a cabo la siguiente semana. La gobernadora Jenniffer González, de derecha y partidaria del presidente de Estado Unidos, Donald Trump, afirmó que el ejército estadounidense “planea un ataque contra Cuba la próxima semana”, según declaró a medios puertorriqueños.La gobernadora también presumió los planes belicistas de Estados Unidos en la región y cómo “utilizó” a Puerto Rico para lanzar la invasión contra Venezuela el pasado 3 de enero. "Teníamos una guerra hasta los otros días con Venezuela y vamos a tener una con Cuba la próxima semana", declaró. Es en este contexto de intervencionismo en América Latina que debemos mirar las tensiones que el gobierno de Trump ha intensificado en contra de México con el pretexto de combatir los cárteles de la droga. Es cierto que hay crimen organizado en México, tan cierto que varios servidores públicos y políticos profesionales están coludidos o son pagados por el crimen organizado, pero eso no le da derecho a Estados Unidos de intervenir en México o cualquier otro país. El intervencionismo estadounidense ha dejado de ser un peligro latente para convertirse en un riesgo inminente. Algo se tiene qué hacer en conjunto en América Latina para evitar que siga prosperando ese riesgo.rubenmartinmartin@gmail.com