Terminó el Mundial y, como en la canción La Fiesta de Serrat, “la pobre vuelve al portal/ la rica vuelve al rosal/ y el avaro a las divisas”. Hay otras versiones del propio autor menos publicables de esta estrofa, pero el sentido es el mismo: la fiesta nos hace olvidar por un rato las diferencias y cuando se acaba todo vuelve a eso que llamamos normalidad y que en la mayoría de las ocasiones nada tiene de normal.Terminó la fiesta mundialista y la ciudad, los políticos y los ciudadanos regresamos a nuestros problemas cotidianos, a esos que ya estaban antes del Mundial y que por un rato parecimos olvidar: la catástrofe de la calidad del agua, el aumento de desaparecidos (particularmente los jóvenes), la insuficiencia presupuestal, la crisis forense, etcétera, siguen ahí. Aunque se quiera matizarlos, olvidarlos o eufemizarlos, la terca realidad se encargará de recordárnoslos a todos.Sin negar los problemas, las preguntas son pertinentes: ¿es la misma ciudad antes y después del Mundial?, ¿ganamos algo? ¿Cuál es el saldo?Lo más evidente es lo que ganamos en infraestructura. No fue mucho, pero la Línea de BRT al aeropuerto es sin duda un logro. Estaba en planes desde hace años, en algún momento se pensó que podría ser una línea de tren y terminó en un BRT que se concluyó en el límite y que a partir de hoy tiene que corregirse, pero ahí está. Las mejoras del aeropuerto también estaban en el plan de expansión. Lo que no se puede negar es que el Mundial aceleró y puso un horizonte a los planes del Grupo Aeroportuario de Pacífico (GAP). La remodelación de las plazas, con todas sus polémicas (particularmente el retiro de los murales de Plaza de la revolución y la poca agraciada reubicación de las Tres Gracias en Avenida México) le dejan a la ciudad una mejor infraestructura de parques y plazas.Sin embargo, el verdadero activo que nos dejó el Mundial fue la toma del espacio público, particularmente por los jóvenes. Los Fan Fest, el oficial y los extraoficiales, fueron un éxito porque permitieron que los jóvenes, una generación marcada por la COVID y el miedo tomaran las calles y las hicieran suyas: el centro de Guadalajara, el corredor peatonal de Zapopan, las plazas del oriente de la ciudad volvieron a ser el punto de encuentro de una generación y eso vale más que todos los ladrillos y metros cúbicos de concreto. El reto de las autoridades y ciudadanos ahora es continuar con el espíritu de apropiación de la ciudad que se logró durante el Mundial, mantener no solo el espíritu festivo sino la certeza de que la calle y la ciudad son nuestras.