Lunes, 14 de Septiembre 2026

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Política de seguridad y gobernanza criminal

Por: Diego Petersen

Política de seguridad y gobernanza criminal

Política de seguridad y gobernanza criminal

Al ritmo que descienden los asesinatos en este país muy pronto en la Mañanera van a informar sobre el número de resucitados diarios, bromeábamos en una sobremesa hace unos días. Y no es que no sea plausible el descenso de asesinatos, es sin duda uno de los grandes logros del Gobierno de Claudia Sheinbaum, quizá el único realmente tangible y comprobable. El problema estriba en que hemos puesto en esa cifra la única variable importante sobre la seguridad, lo cual no solo es falso, sino peligrosamente autocomplaciente. 

La más reciente Encuesta Nacional sobre Seguridad Urbana del INEGI, conocida como ENSU, muestra avances en algunos puntos y retrocesos en otros, pero sobre todo, hace evidente el grado de impunidad con el que operan los criminales en este país. Los delitos que se denuncian son menos de uno de cada diez, es decir, tenemos una enorme zona negra difícil de analizar y por tanto de entender cabalmente. Es probable que los delitos que no se denuncian sean los delitos menores. Ningún ciudadano va a perder dos días laborales para denunciar y ratificar la denuncia de un robo de menos de mil pesos que, además tiene la certeza de que no va a recuperarlos jamás. Si bien no es explícito, el sistema judicial está operado de manera que inhiba la denuncia y favorezca tácitamente a quien comete el delito. Los ciudadanos estamos inermes frente a la delincuencia y vivimos en una gobernanza criminal.  

En el número de septiembre de la revista “Letras Libres”, Guillermo Valdés Castellanos hace una muy interesante revisión del concepto de gobernanza criminal y muestra una terrible realidad: ya no se trata solo de una suplantación del Estado por parte del crimen organizado allá donde las instituciones son débiles, principalmente municipios alejados de las capitales y de concentraciones urbanas, sino que, cito, “la gobernanza criminal es más frecuente -dentro de los territorios donde ya existen organizaciones criminales- en lugares con mayor presencia objetiva del Estado y con mejores evaluaciones ciudadanas de las instituciones públicas. Por ello, el orden estatal y el criminal no deben concebirse siempre como sustitutos”.  Forman lo que Valdés llama un “duopolio de la violencia”, relativamente estable, que permite, entre otras cosas, la reducción de homicidios, pues ya no es necesario ese tipo de coacción para el control político y económico del territorio, e incrementa otras formas de violencia, como la desaparición, en sus diferentes modalidades y objetivos. 

No es gratuito, pues, que los desaparecidos no estén en ningún informe de seguridad ni en lo federal ni en lo estatal, pues su sola aceptación implicaría el reconocimiento de esta gobernanza criminal duopólica.

P.D. El artículo completo de Valdés Castellanos puede leerse en https://letraslibres.com/revista/estado-y-crimen-organizado-apuntes-para-entender-su-complejidad/01/09/2026/

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