Jueves, 13 de Agosto 2026

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Obesidad mórbida de la conciencia

Por: Diego Petersen

Obesidad mórbida de la conciencia

Obesidad mórbida de la conciencia

Me encanta la metáfora de Jaime López de las “lonjas en la conciencia”. La he citado en más de una ocasión en este espacio. Me parece que es una imagen poética que describe como pocas esa actitud del que todo se le resbala, de alguien a quien le importa un bledo las consecuencias de sus actos.

Andrés Manuel López Beltrán dijo en una entrevista para un medio digital afín a la 4T, “El Ganso informativo” se llama, que su padre está muy bien de salud y que ambos tienen la conciencia tranquila, que es, para él, lo más importante. El mismo día se publica en El Universal que la famosa Megafarmacia, que tenía proyectado vivir 15 años, está abandonada, no opera y significa nada menos que 4 mil millones de pesos tirados a la basura, más lo que se acumule mientras la Presidenta Sheinbaum no acepte que fue un fracaso y decida cerrarla definitivamente. Esta misma semana, la secretaría de la Defensa, constructora y operadora del Tren Maya, informó que hará una evaluación para encontrar las debilidades y amenazas de la mega obra que le endilgó el ex presidente López Obrador, y que no solo está perdiendo un dineral, sino que, oh sorpresa, reconocen que tiene una alta dependencia de proveedores externos, que falta personal especializado, que el Tren tiene una percepción pública adversa y que existen riesgos operativos y climáticos que amenazan la seguridad.

Ambas cosas se habrían evitado si, como ordena la ley, hubieran hecho los estudios necesarios antes de lanzarse a poner en práctica las ocurrencias cotidianas de un presidente con ínfulas de eso que Enrique Krauze bautizó como “Mesías Tropical” (confieso que yo fui de los que estuvieron en contra de ese mote. Hoy, viendo el resultado, me parece bastante preciso).

¿Cómo puede tener la conciencia tranquila alguien que tiró a la basura miles de millones de pesos en una Megafarmacia que todos los expertos advirtieron que no iba a funcionar y aun así dilapidó recursos que urgían a cientos de miles de mexicanos necesitados de atención médica y medicamentos? ¿De verdad se puede dormir cuando se gastaron más de medio billón de pesos en una obra ferroviaria que esperaba 74 mil pasajeros diarios (de acuerdo con las cifras prometidas por Fonatur, que se encargó del proyecto) y tiene solo tres mil 500 en promedio con un celebrado pico de siete mil 500 en un día?

Las lonjas en la conciencia de Jaime López se quedan enanas frente a lo que parece ser una obesidad mórbida de la conciencia de los políticos de hoy. Cuando el tren comience a caerse a pedazos por falta de recursos para mantenimiento (otra sorpresa, nadie previó que la selva reclama su espacio y el agua de los cenotes corroe las estructuras) y el abasto de medicinas no logre ser ni siquiera igual de malo que en la época neoliberal, habrá sin duda muchos funcionarios honestos desvelados y preocupados, pero no quien tomó las decisiones; ese dormirá siempre en paz, arrullado por el canto de los aduladores.

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