La crisis derivada del fallido examen de admisión de la UNAM es una vergüenza para la Universidad Nacional y para el país entero, y un riesgo político mayúsculo. Le quedan unas cuantas horas a la Comisión Técnica y al rector Leonardo Lomelí para salir de un problema de esos que parecen no tener solución: lo que decidan tendrá afectaciones a personas concretas y a toda la institución.Aunque estadísticamente es claro que hay un enorme porcentaje de aspirantes que hicieron trampa, resulta muy complicado saber quién hizo lo correcto y quién no. Aun si esa gran cantidad de sabiduría acumulada en la Comisión lograra detectar parámetros claros para identificar a los tramposos, para quitarle el lugar a alguien tendrían que probar que su examen no es válido, lo que generaría un número enorme de demandas.Anular el examen y repetir el procedimiento de cero, viola el derecho de quienes participaron de buena fe, hicieron las cosas como se debe y obtuvieron, a pesar de todo, un lugar. Se podría argumentar que si lograron el ingreso con tanta gente haciendo trampa lo lograrán más fácil en una segunda ocasión si todos juegan limpio.Nadie sabe, sin embargo, cuál es la afectación real a personas específicas que, por la situación que sea, no podrán volver a presentarse. Lo que parece inevitable es que la crisis del examen sea utilizada políticamente. Si Lomelí es ya un rector sumamente débil y acechado por los grupos más radicales de la UNAM, esta situación lo pone literalmente en la cuerda floja. Habrá muchos interesados en generar protestas sea cual sea la decisión que se tome y, lo peor, pase lo que pase los que se manifiesten tendrán razones válidas para hacerlo.El error tiene responsables concretos con nombre y apellido, y no hay manera de que a partir del informe de la Comisión no rueden cabezas. La gran pregunta es si la de Lomelí será una de ellas. Su sobrevivencia como rector depende de que la presidenta Sheinbaum lo sostenga y el único motivo por el que lo haría es porque no le convenga que en este momento se genere un movimiento en la UNAM que genere inestabilidad política, o porque no tenga la fuerza suficiente para asegurar que, de darse un cambio, el nuevo rector será suyo, y no de otros grupos antagónicos dentro de Morena. Dicho de otra manera, la pifia del examen es motivo suficiente para que caiga el rector y la decisión de su continuidad depende más de factores externos que internos.Si el rector Lomelí se mantiene, será un cadáver político y la autonomía de la UNAM quedará severamente comprometida. Y no hay secreto, si se debilita la autonomía de la Universidad Nacional, se debilita la de todas las universidades del país.