De la nada, como por arte de magia, el Ejército Mexicano incautó el martes pasado una refinería. Sí, una refinería hecha y derecha, bueno, legalmente chueca, pero montada con todas las de la ley. No se trata de un depósito de gasolina robada, ni siquiera de una refinería hechiza como aquella que apareció en Oaxaca hace unos meses, sino una fábrica capaz de terminar y almacenar hidrocarburos que contaba con 18 tanques horizontales, tres tanques verticales, tractocamiones y pipas. Curiosamente, no hubo detenidos.A primera vista suena como un gran golpe. Pensándole un poquito más parece una enorme burla. Valgan algunas preguntas que se antojan para una Mañanera que fuese una verdadera rendición de cuentas.Si el aseguramiento fue el martes 21 ¿por qué la Fiscalía General de la República informó hasta el viernes 24 de este que es, sin duda, el mayor hallazgo en la batalla contra el huachicol? ¿Por qué no hay detenidos? Uno puede entender que, aunque con la 4T, se acabó la corrupción, alguien, seguramente un conservador infiltrado en el segundo piso en la Fiscalía o el Ejército, pasó el pitazo de que iban por ellos, sin embargo, seis días después no han podido detener a nadie ¿De verdad son así de ineficientes, o veladamente seguimos en “los abrazos y no balazos”?Unas instalaciones de ese tamaño a 40 kilómetros de la capital de Tamaulipas, un Estado fronterizo con un tráfico terrestre y aéreo enorme, ¿no las vio nadie? ¿Realmente el alcalde, el gobernador, los jefes de policía y las fuerzas federales, llámese Guardia Nacional o Ejército, no sabían de su existencia? ¿Ningún sobrevuelo reportó que de la nada aparecieron unas instalaciones de proceso y almacenamiento de hidrocarburos que nadie presumió en la Mañanera?Suponemos que ya la FGR investigó dónde se hicieron y sobre todo quién los mandó hacer. No son muchas las empresas que pueden construir tanques de ese tamaño en México. Se requiere un proceso bastante especializado de pailería (que suena a pillería, pero en realidad es el proceso para dar forma a la lámina), soldadura y recubrimientos. La mayoría, o casi todos, los que pueden hacerlo son proveedores de Pemex ¿ya les preguntaron? Si no se hicieron en México y se importaron vía marítima, de Texas, por ejemplo, que está ahí a un ladito, también hemos de suponer que los honorables miembros de la Marina, hoy a cargo de las aduanas deben tener los datos de quién y cuándo los importó. No descartemos que todo sea culpa del ex presidente Calderón, aunque, con todo respeto, será complicado de sostener.Una planta de huachicol de este tamaño significa, en la práctica, la privatización, vía el crimen organizado, de procesos que, al menos en teoría, son indispensables para nuestra soberanía energética. ¿Cuál será la respuesta del Estado mexicano ante semejante atentado?Me encantaría escuchar en la Mañanera las respuestas a algunas de estas preguntas, pero me temo que no será así, pues los lunes hablamos de las campañas de vida saludable. Salud, pues.