Lunes, 25 de Mayo 2026

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Desafíos

Por: Eugenio Ruiz Orozco

Desafíos

Desafíos

Los países coexisten en un mundo que funciona en razón de múltiples intereses, ya sean económicos, religiosos, políticos, ideológicos e incluso delincuenciales soportados en estructuras permanentes: las instituciones. En México, las más respetadas son la Iglesia Católica, el Ejército, la UNAM y la prensa. 

Para millones de mexicanos, la Iglesia representa no solo una tradición milenaria que ofrece a sus fieles el camino de moralidad que regula su conducta, sino la esperanza de vida más allá de la muerte. El Ejército es el garante del orden constitucional, la soberanía y la paz dentro del territorio nacional. La UNAM, como todas las universidades en el mundo, es el motor que impulsa la movilidad social y el progreso de las naciones mediante la calificación profesional. Por su parte, la prensa y quienes ejercen el periodismo son la conciencia pública de la sociedad. 

Respecto de la Iglesia, que atraviesa la crisis derivada de su adaptación a una sociedad cuyos valores se han modificado, enfrenta un desafío extraordinario. Hoy no solo se trata de creer, sino de porqué creer en su rectoría espiritual. La UNAM -como todas las universidades públicas- ha sido acosada, desde hace muchos años, por quienes aspiran a su control como fuente de poder político y presupuestal. Su desafío es mantenerse al margen de intereses que van más allá de su misión. La prensa escrita, que ha decrecido como fuente de opinión ante la proliferación de los medios electrónicos, es objeto de una profunda transformación por la participación de intereses frecuentemente desconocidos. Su reto es mantener las libertades de pensamiento y expresión frente a poderes fácticos impresionantes. 

He dejado, intencionalmente, hasta este punto el tema de las fuerzas armadas. La penetración de la delincuencia en la estructura y mandos del Ejército y la Marina es uno de los más graves problemas que enfrenta México. Me explico: los militares tienen presencia en todo el territorio, poseen infraestructura propia, colegios e instituciones educativas de alto nivel, hospitales, transporte aéreo, marítimo y terrestre, capacidad de fuego y una filosofía en la que los valores fundamentales son el honor, la lealtad y la patria. Sólo el Ejército puede dar un golpe de Estado.

Cuando miembros de las fuerzas armadas se involucran con organizaciones criminales traicionan su formación y al pueblo del que forman parte. El Ejército y la Iglesia son las únicas instituciones con reglas propias, sentido de cuerpo y mandos verticales. El señalamiento contra uno de sus miembros afecta el prestigio de todos; de ahí lo relevante de que el general en retiro, Gerardo Mérida Sánchez, se haya entregado a las autoridades norteamericanas (seguramente con autorización de sus superiores) como respuesta a la exigencia del Gobierno estadounidense de combatir la corrupción de los cuadros castrenses y a los narcopolíticos. “O lo hacen ustedes, o lo hacemos nosotros”, sentenció el oráculo en Washington.

El desarrollo de una sociedad puede medirse por el estado que guardan estas instituciones. Regresar a los soldados a los cuarteles y a sus funciones originarias es el mayor desafío del Estado mexicano.

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