En memoria de Rodolfo Caloca, excepcional caricaturista y mejor amigo.La Universidad Nacional Autónoma de México es la institución educativa más importante del país. La máxima casa de estudios ha tenido bajo su responsabilidad política y cultural la formación de los cuadros dirigentes de la nación desde el último siglo. Sin embargo, hoy la UNAM se encuentra bajo el escrutinio de la opinión pública. La razón es la presunción de que el examen de admisión para cerca de 58 mil aspirantes fue hackeado, filtrado o violentado. Lo hemos dicho hasta la saciedad: la única vía para lograr una movilidad social razonable es la educación. En una prueba que determina el ingreso de los jóvenes para cursar una carrera y definir sus oportunidades futuras, debe haber piso parejo. Si por lo que usted quiera o guste, la Universidad no cumplió con la estricta vigilancia de este proceso, estamos frente a una gravísima falla. En el caso de que haya funcionarios desleales que traicionan la confianza institucional, debe aplicarse un castigo ejemplar. Ahora bien, el asunto no concluye ahí. ¿Qué pasará con los jóvenes que aplicaron honestamente sus conocimientos y resultaron aprobados? Junto al tema estrictamente jurídico de un derecho adquirido, prevalece uno ético; no es correcto que paguen justos por pecadores.Por cierto, hace unas semanas surgió en la India un escándalo como el consignado. El detonante principal fue el enorme malestar social con el sistema educativo, las filtraciones de los exámenes y sospechas de corrupción, lo que dio origen a un movimiento de jóvenes de la generación Z que asumió el nombre de “Cucarachas”, con el que los calificó el presidente del Tribunal Supremo de ese país. Un fenómeno similar se está dando en Marruecos, en el que los jóvenes han salido a las calles para exigir más universidades. En la India, el episodio desembocó en una crisis política y en la dimisión del secretario de Educación. Seguramente, aquí eso es imposible, pues al secretario lo protege el financiamiento de las campañas de Morena con recursos de origen “muy explicable” (el huachicol).Vaya problema. Como lo resuelvan, debe sentarse un precedente. Ya de por sí, desde que López Obrador sostuvo, contra viento y marea, a la ministra plagiaria, Yasmín Esquivel Mossa, el fantasma del descrédito persigue a la UNAM. Ahora amenaza con llegar a la presidencia de la Suprema Corte de Justicia otra de sus protegidas: la “ministra del pueblo”, Lenia Batres Guadarrama, egresada de la Universidad Humanitas. Si alguien sabe en dónde está, por favor, compártanoslo. Es evidente que no hay punto de comparación entre esa universidad y la Universidad Nacional Autónoma de México. Nubes de tormenta amenazan en nuestro horizonte. Incidentes como el de los exámenes revelan una grave descomposición del sistema político que está sostenido por los alfileres de los apoyos a la economía de los más pobres. La señora presidente debe decidir entre su lealtad a López Obrador y su lealtad a las instituciones educativas; entre aferrarse a revivir un pasado que es solo eso, pasado, o mirar hacia el horizonte para construir el futuro.